PUYO, PASTAZA, ECUADOR. La Amazonía tiene nueve fronteras políticas, pero sus ríos, bosques, pueblos y conflictos no reconocen esas divisiones. Desde el 16 de agosto, Puyo, capital de la provincia ecuatoriana de Pastaza, se convierte en punto de encuentro de pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, campesinas y ribereñas, organizaciones sociales, mujeres, juventudes, comunicadores, académicos y redes regionales que participan del XII Foro Social Panamazónico (FOSPA).

Bajo la consigna “Amazonía, un solo territorio”, el encuentro se desarrolla hasta el 21 de agosto y busca construir una agenda común para la defensa de la vida, los territorios, los derechos colectivos y los Derechos de la Naturaleza frente a un escenario marcado por la deforestación, la expansión de la frontera agropecuaria, la minería, la explotación de hidrocarburos, las grandes obras de infraestructura, los incendios, la contaminación de los ríos y la crisis climática.

El FOSPA no se plantea como una conferencia internacional convencional. Su metodología parte de los territorios y de las organizaciones que los habitan y defienden. Las actividades comenzaron con visitas de campo los días 16 y 17 de agosto, mientras en Puyo se desarrollan espacios autónomos de pueblos indígenas y de mujeres amazónicas. Entre el 18 y el 20 se concentran las actividades centrales de las cuatro casas temáticas, los grupos de trabajo, encuentros autogestionados y debates. El 21 de agosto está prevista la presentación de resultados y la Marcha del XII FOSPA, como expresión pública de unidad de los pueblos panamazónicos.

El programa oficial puede consultarse en el Programa General del XII FOSPA Ecuador 2026.

Una región que atraviesa nueve países y territorios

Cuando se habla de Amazonía no se está hablando solamente de Brasil ni de una superficie homogénea de selva. La Amazonía es una enorme región ecológica, hidrográfica, cultural y política que se extiende por Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y Guayana Francesa.

Guayana Francesa no es un Estado independiente: es un territorio francés de ultramar. Por eso, institucionalmente, la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) está integrada por ocho Estados (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela), mientras que el proceso del FOSPA habla de los nueve países y territorios de la cuenca amazónica al incluir a Guayana Francesa.

Las dimensiones también varían según la definición utilizada. La OTCA señala que la cuenca hidrográfica amazónica abarca alrededor de 6,1 millones de kilómetros cuadrados, mientras otras delimitaciones más amplias de la Amazonía llegan a aproximadamente 7,85 millones de kilómetros cuadrados. Esa diferencia responde a que no existe una única delimitación para conceptos como cuenca hidrográfica, región ecológica o Amazonía política.

En una delimitación de la cuenca utilizada por la OTCA, Brasil concentra aproximadamente el 63,4% del territorio amazónico, Bolivia el 10,5%, Perú el 8,3%, Venezuela el 5,3%, Colombia el 5,1%, Guyana el 2,7%, Surinam el 1,8%, Ecuador el 1,6% y Guayana Francesa el 1,2%.

Pero la importancia de la región no se explica solamente por su extensión. La cuenca amazónica concentra una enorme red hidrográfica, almacena grandes cantidades de carbono, regula ciclos de humedad y lluvias y sostiene una extraordinaria diversidad biológica y cultural. La OTCA estima que la cuenca reúne unos 33 millones de habitantes y representa aproximadamente el 40% del territorio sudamericano según una de sus delimitaciones de referencia.

Un territorio atravesado por múltiples crisis

La consigna “Amazonía, un solo territorio” adquiere una dimensión política cuando se observa la magnitud de las presiones que atraviesan simultáneamente a la región.

Uno de los principales problemas continúa siendo la pérdida de bosques. El proyecto MAAP estima que durante 2025 se deforestaron aproximadamente 736.484 hectáreas en toda la Amazonía. El 94,6% de esa pérdida estuvo asociado a la agricultura, mientras que un 5,3% correspondió a materias primas duras, principalmente minería de oro, y un 0,1% a carreteras e infraestructura. Brasil concentró el 55,2% de esa deforestación, seguido por Perú, Bolivia y Colombia.

El problema tampoco termina en las áreas de frontera agrícola. De acuerdo con el mismo monitoreo, casi 132.000 hectáreas de la deforestación registrada en 2025 ocurrieron dentro de áreas protegidas y territorios indígenas, equivalentes al 18% del total estimado. La agricultura representó el 89% de esa pérdida y la minería el 11%.

La minería, especialmente la extracción ilegal de oro, constituye otra de las grandes amenazas. La actividad implica deforestación, alteración de cauces, contaminación y conflictos territoriales. Los mapas de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) muestran que la presión sobre los territorios indígenas no puede analizarse separadamente de la expansión de las actividades extractivas.

A esto se suma la expansión de carreteras, represas, proyectos energéticos, concesiones petroleras y zonas mineras. RAISG ha documentado la superposición de infraestructura y actividades extractivas con territorios indígenas y áreas protegidas. En análisis regionales, las presiones vinculadas a minería, petróleo, hidroeléctricas y vías muestran que una parte importante de los territorios destinados a conservación se encuentra sometida a diferentes niveles de amenaza.

El riesgo de acercarse a un punto de no retorno

La discusión sobre la Amazonía tampoco puede separarse del cambio climático. El bosque amazónico no solamente recibe los impactos del calentamiento global: también cumple una función fundamental en la regulación del clima y del ciclo del agua. La deforestación, los incendios, las sequías y la degradación reducen esa capacidad.

Investigaciones científicas han advertido sobre la existencia de umbrales críticos. Un estudio publicado en Nature encontró que escenarios de deforestación acumulada superiores al 20% pueden generar una aceleración de la mortalidad forestal y reducciones significativas de las lluvias regionales.

Un estudio publicado en 2026 profundizó esta preocupación y estimó que, combinados determinados niveles de calentamiento global con una deforestación de entre 22% y 28%, podrían producirse transiciones generalizadas en distintas zonas de la cuenca, con efectos potencialmente extendidos sobre el bosque.

Por eso, la discusión sobre la Amazonía no es exclusivamente ambiental. Lo que está en disputa es también el agua, la alimentación, la salud, la soberanía territorial, la economía de las comunidades y las posibilidades de vida de las futuras generaciones.

Los incendios constituyen otro de los grandes problemas regionales. Un informe reciente de la OTCA estima que entre 2015 y 2024 se quemaron aproximadamente 83 millones de hectáreas dentro de la región amazónica. Brasil concentró alrededor del 54% de esa superficie quemada, seguido por Bolivia con 36%, Venezuela con 5%, Colombia con 3%, Guyana con 1,3% y Perú con 0,8%.

Los incendios no pueden analizarse únicamente como fenómenos naturales. Una parte importante está relacionada con la expansión de áreas agrícolas y ganaderas, la transformación de bosques y el uso del fuego en territorios sometidos a presión productiva.

Así, deforestación, incendios, infraestructura, minería y expansión agropecuaria forman parte de un mismo entramado de transformación territorial.

Petróleo, gas y la disputa por dejar los combustibles fósiles bajo tierra

Los hidrocarburos ocupan un lugar central en la agenda del XII FOSPA. La Casa de Territorios Libres de Extractivismo para una Amazonía con Derechos busca construir un plan de acción regional para avanzar hacia territorios libres de petróleo, gas y minería, además de fortalecer estrategias jurídicas y políticas para la defensa de la Naturaleza y de quienes protegen los territorios.

El debate tiene especial relevancia en Ecuador. El país es sede del encuentro y, al mismo tiempo, mantiene una disputa emblemática alrededor del Yasuní, donde una consulta popular de 2023 planteó dejar bajo tierra el petróleo del bloque ITT.

El programa del XII FOSPA contempla para el 20 de agosto una caminata y rueda de prensa por los tres años de incumplimiento de la Consulta Popular por el Yasuní, impulsada por la Nacionalidad Waorani del Ecuador (NAWE).

De esta manera, la agenda nacional ecuatoriana se convierte en parte de una discusión panamazónica: quién decide sobre los bienes del territorio, qué significa la autodeterminación y hasta dónde pueden llegar los Estados y las empresas cuando sus proyectos afectan derechos colectivos y ecosistemas.

La Amazonía como sujeto de derechos

Uno de los debates políticos y jurídicos más importantes del FOSPA es la propuesta de reconocer a la Naturaleza y a la Amazonía como sujeto de derechos.

Esta perspectiva rompe con la idea de que un bosque, un río o una montaña son únicamente recursos económicos disponibles para la explotación. La propuesta sostiene que los ecosistemas tienen derecho a existir, mantener sus ciclos vitales, regenerarse y no ser contaminados.

El 19 de agosto, Puyo será sede de la tercera sesión regional del Tribunal Internacional por los Derechos de la Naturaleza, que escuchará seis casos relacionados con la extracción de combustibles fósiles en Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Ecuador y Bolivia.

La actividad busca poner en relación los impactos territoriales con las responsabilidades de la industria de combustibles fósiles y del sistema financiero que sostiene sus proyectos, además de impulsar alternativas de transición energética y propuestas de territorios libres de combustibles fósiles.

El rasgo distintivo de esta edición del FOSPA es el protagonismo que se busca otorgar a los pueblos indígenas.

El programa oficial establece un Espacio Autónomo de los Pueblos Indígenas de la Amazonía durante los primeros días del encuentro y una Maloca Indígena como espacio permanente dentro del Foro. También se desarrollarán actividades vinculadas con gobierno propio, autodeterminación, sistemas de justicia, educación, saberes propios y cosmovisiones.

La Casa de la Soberanía y Libre Determinación de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas plantea que la defensa territorial no puede reducirse a la protección ambiental. Para las organizaciones indígenas, el territorio también comprende gobierno propio, identidad, memoria, cultura, sistemas de conocimiento y capacidad de decidir sobre el futuro de sus comunidades.

En la programación aparecen además actividades vinculadas específicamente con la Nacionalidad Shuar de Pastaza, incluyendo la presentación de instrumentos estratégicos para el fortalecimiento de su gobierno propio.

La Federación de la Nacionalidad Shuar de Pastaza (FENASH-P) organizará también la III Feria Agroecológica del Sistema Shuar Aja, donde familias de la nacionalidad ofrecerán productos agroecológicos.

La gastronomía y las expresiones culturales del Foro incorporarán asimismo a pueblos Kichwa, Shuar, Achuar, Waorani, Shiwiar, Sápara y Andwa, mostrando que la Amazonía no es una cultura única sino un entramado de pueblos y naciones con historias, lenguas y formas de organización diversas.

Mujeres, juventudes y pueblos afrodescendientes

La agenda del FOSPA también incorpora las dimensiones de género y generación.

La Casa de la Resistencia de Mujeres y Diversidades abordará temas como participación política, criminalización, militarización, defensa de la Naturaleza, salud integral, derechos sexuales y reproductivos, saberes tradicionales e identidad cultural. La propuesta parte de una lectura política que vincula las violencias contra los cuerpos de las mujeres con las violencias ejercidas sobre los territorios.

El programa contempla además un Campamento Permanente de Juventudes, concebido como un espacio político e intergeneracional para que las nuevas generaciones de organizaciones sociales y pueblos indígenas tengan un papel activo en las decisiones sobre el futuro de la región.

La participación de los pueblos afrodescendientes también forma parte del proceso. En Colombia, el Proceso de Comunidades Negras (PCN) participó del Pre FOSPA realizado en Villagarzón, Putumayo, junto con pueblos indígenas, organizaciones campesinas, sociales y ambientales, y llevó al proceso regional la defensa de los derechos colectivos, el gobierno propio y la autonomía de los Consejos Comunitarios Panamazónicos.

El XII FOSPA no se construyó únicamente desde Ecuador. Durante los meses previos se desarrollaron encuentros preparatorios en diferentes territorios amazónicos.

En Bolivia, por ejemplo, el Pre FOSPA Bolivia 2026, realizado en Riberalta, reunió organizaciones indígenas, campesinas, de mujeres y juventudes de la Amazonía, el Chaco y la Chiquitanía, con acompañamiento del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA). Las propuestas elaboradas allí fueron destinadas al encuentro de Puyo.

Desde Colombia también se realizaron espacios preparatorios. El proceso del Pre FOSPA de Villagarzón, Putumayo, articuló a pueblos negros, indígenas, organizaciones sociales, campesinas y ambientales.

La dimensión eclesial amazónica también está presente en el proceso. La Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), la Red Eclesial de Educación Intercultural Bilingüe Amazónica (REIBA), el Programa Universitario Amazónico (PUAM) y el Servicio Jesuita Panamazónico (SJPAM) desarrollaron actividades preparatorias bajo el eje “Agua, Vida y Territorios”.

En Ecuador, el Colectivo de Mujeres Amazónicas tendrá una participación central con su casa, talleres, espacios de sanación y el Encuentro de Mujeres de la Panamazonía. Además, junto con Wambra Radio, participa en la organización del Laboratorio ECUA 2026, un espacio que reúne comunicación, arte, investigación, saberes ancestrales y experiencias territoriales.

Estas organizaciones y redes no constituyen una lista exhaustiva de participantes del XII FOSPA, sino algunas de las estructuras que aparecen identificadas en la documentación pública y en los procesos preparatorios del encuentro.

Cuatro casas para construir una agenda común

El corazón metodológico del XII FOSPA son cuatro casas temáticas, acompañadas por el Campamento Permanente de Juventudes.

La primera es la Casa de Territorios Libres de Extractivismo para una Amazonía con Derechos, que trabaja sobre hidrocarburos, minería y Derechos de la Naturaleza.

La segunda es la Casa de la Soberanía y Libre Determinación de los Pueblos y Nacionalidades Indígenas, centrada en autodeterminación, gobierno propio, educación, saberes y sistemas de justicia.

La tercera es la Casa de Economías para la Vida y la Justicia Climática, que aborda economías alternativas, financiamiento climático, deuda, extractivismo, transiciones justas y economías ilegales vinculadas a violencia y control territorial.

La cuarta es la Casa de la Resistencia de Mujeres y Diversidades, enfocada en las múltiples formas de violencia que afectan a mujeres y diversidades en los territorios amazónicos.

Las cuatro casas tienen un objetivo común: pasar de las discusiones a un Plan de Acción del XII FOSPA.

Uno de los resultados esperados del Foro es la aprobación de un Mandato Político Panamazónico, que articule una posición común de pueblos indígenas, pueblos afrodescendientes, comunidades locales y organizaciones sociales de los nueve países y territorios amazónicos.

También se busca consolidar un Plan de Acción Regional contra el extractivismo, fortalecer las capacidades de gobierno territorial y ampliar las redes panamazónicas para sostener acciones después del encuentro.

La intención es que Puyo no sea solamente el lugar donde se encuentran organizaciones de diferentes países, sino el punto desde donde se coordinen nuevas estrategias regionales frente a problemas que atraviesan las fronteras.

El XII FOSPA ocurre en una región atravesada por una paradoja: mientras la Amazonía es reconocida mundialmente por su importancia para el clima, el agua y la biodiversidad, los territorios que la sostienen continúan sometidos a presiones económicas, extractivas y políticas.

La respuesta de los pueblos reunidos en Puyo no se limita a pedir conservación. Plantea autonomía, autodeterminación, gobierno propio, justicia climática, derechos colectivos, Derechos de la Naturaleza y alternativas económicas construidas desde los territorios.

El mensaje también cuestiona la idea de que la Amazonía pueda ser administrada como una suma de espacios nacionales desconectados.

El río atraviesa fronteras. La contaminación también. Los proyectos extractivos y las carreteras tienen impactos que se extienden más allá de un país. La crisis climática no reconoce límites políticos. Y las redes de los pueblos amazónicos tampoco.

Por eso, el lema del XII FOSPA sintetiza una definición política: “Amazonía, un solo territorio”. En Puyo, los pueblos no solamente se reúnen para hablar sobre el futuro de la selva. Se reúnen para disputar quién tiene derecho a decidir sobre ella, qué modelo económico puede sostener la vida y qué lugar deben ocupar los pueblos que durante generaciones han habitado y protegido estos territorios.

El 21 de agosto, la Marcha del XII FOSPA llevará esas demandas a las calles de Puyo. El desafío será que las propuestas construidas durante estos días puedan convertirse en organización, articulación y acciones concretas en los nueve territorios amazónicos.

Deja un comentario