Publicado el 28 de julio de 2025
¿Por qué los peruanos repudian a Dina Boluarte?
El país andino es escenario de una masiva movilización de sectores populares que, desde diversas regiones, confluyen en Lima para exigir la renuncia de la mandataria y la derogación de recientes leyes aprobadas por el Congreso. Estas normativas son percibidas como un grave atentado contra las comunidades campesinas e indígenas, y lo que es más grave, como una concesión de impunidad para los responsables de las masacres perpetradas por las fuerzas del orden.
El rechazo a Boluarte tiene raíces profundas y multifacéticas. Una de las causas más lacerantes es su insensibilidad ante el dolor de las víctimas de las últimas masacres. La indiferencia mostrada frente a la pérdida de vidas y el sufrimiento de las familias ha calado hondo en la conciencia colectiva, generando un sentimiento de indignación que no cesa. A esto se suma su tendencia constante a mentir a la población. La credibilidad de la presidenta ha quedado seriamente erosionada por un patrón recurrente de declaraciones que distan de la verdad, alimentando la desconfianza y el cinismo de los ciudadanos.

Otro factor que ha exacerbado el descontento es la excesiva preocupación de Boluarte por ajustar a los estándares de belleza física utilizando dinero público. En un país con tantas necesidades y urgencias sociales, la percepción de que la mandataria prioriza su imagen personal a costa de los recursos del Estado ha generado un profundo malestar y un cuestionamiento ético sobre sus prioridades.
Finalmente, su deslealtad con el expresidente Pedro Castillo, ahora considerado un preso político, ha sido un golpe devastador para muchos de sus antiguos simpatizantes y para quienes ven en la figura de Castillo una representación de las aspiraciones populares. La rapidez con la que Boluarte pasó de ser su vicepresidenta a asumir el cargo, y la dureza con la que ha respondido a las protestas, son interpretadas como una traición que agudiza el sentimiento de abandono y desilusión.
Dina Boluarte se erige, para muchos, como la materialización más burda de la sirvienta que aspira a ser aceptada por su amo en la casa patronal, castigando y haciendo sufrir a sus congéneres para lograrlo. Es una figura trágica que, al final, es y será rechazada por los suyos, mientras que en su momento, también será castigada por sus patrones. Así terminan, a menudo, las sirvientas políticas acriolladas, atrapadas en un purgatorio entre la lealtad que no tienen y el reconocimiento que nunca obtendrán.
Fuente: ollantayitzamna.com
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