Ártico guarda biodiversidad para el futuro
Fuente de la imagen: FAO.
Conservar semillas fuera del territorio no reemplaza la urgencia de proteger los ecosistemas, las comunidades agrícolas y los sistemas productivos que las hacen posibles.
Por Melissa Rubio*
Pressenza, 6 de mayo.- En una isla remota del Ártico, a más de 1,300 kilómetros del Polo Norte, el Perú ha dado un paso silencioso pero significativo: enviar semillas de sus ajíes nativos a la bóveda global de semillas de Svalbard, en Noruega, uno de los principales sistemas de resguardo de la biodiversidad agrícola del planeta.

Según información oficial del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), el envío se realizó en octubre de 2025 a través del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA). En total, se depositaron 25 muestras de ajíes peruanos, pertenecientes a cuatro especies del género Capsicum: C. chinense, C. frutescens, C. baccatum y C. annuum.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado que el Perú es uno de los centros de origen de este cultivo, con evidencia de su domesticación que se remonta a miles de años.
En ese contexto, la conservación de estas semillas no responde únicamente a un interés científico, sino también a la necesidad de preservar diversidad genética clave para la alimentación futura.
El depósito en Svalbard forma parte de un sistema internacional que busca proteger cultivos frente a escenarios extremos, desde desastres naturales hasta conflictos humanos. Actualmente, esta bóveda alberga más de un millón de muestras de semillas de todo el mundo, funcionando como una copia de seguridad de la agricultura global.
Pero reducir este hecho a un acto técnico sería simplificarlo demasiado.
Las semillas enviadas representan material genético estratégico: variedades que pueden aportar resistencia a plagas, adaptación a cambios climáticos y diversidad para el desarrollo de nuevos cultivos.
También condensan conocimiento acumulado por generaciones de agricultores, especialmente en territorios donde la agricultura sigue siendo una práctica profundamente ligada a la cultura.
El envío a Svalbard también abre una discusión menos visible: quién controla los recursos que sostendrán la alimentación del futuro.
Si bien el sistema internacional establece que los países mantienen derechos sobre sus semillas, el hecho de que estas se resguarden en infraestructuras globales plantea interrogantes sobre gobernanza, acceso y distribución de beneficios.
La propia FAO reconoce que la diversidad genética es una piedra angular de la seguridad alimentaria, pero también subraya la necesidad de garantizar un acceso equitativo a estos recursos.
En ese sentido, conservar semillas fuera del territorio no reemplaza la urgencia de proteger los ecosistemas, las comunidades agrícolas y los sistemas productivos que las hacen posibles.
Detrás de las 25 muestras enviadas no hay únicamente laboratorios o bancos genéticos. Hay agricultores que, durante siglos, han seleccionado, adaptado y conservado variedades de ají en distintos ecosistemas, desde la costa hasta la Amazonía.
El traslado de estas semillas al Ártico puede interpretarse como una forma de resguardo, pero también como un recordatorio de que la biodiversidad no es estática: depende de territorios vivos. Cada semilla contiene historia, adaptación y cultura.
El ingreso de ajíes peruanos a la bóveda de Svalbard marca un avance en términos de conservación científica y posiciona al país dentro de los esfuerzos globales por proteger la biodiversidad agrícola.
Al mismo tiempo, evidencia la fragilidad de los sistemas alimentarios frente al cambio climático y la necesidad de pensar en estrategias que vayan más allá del almacenamiento.
Las semillas pueden resguardarse bajo el hielo. Pero la soberanía alimentaria, y la vida que la sostiene, se construye en el territorio.
Fuentes verificadas:
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*Melissa Rubio Castillo es periodista peruana, con más de diez años de experiencia en comunicación y periodismo de investigación. Ha trabajado temas vinculados a medio ambiente, soberanía alimentaria, territorios indígenas y poder político, con un enfoque crítico y de derechos humanos. Es creadora del espacio digital Naturaleza Hermana, dedicado a visibilizar problemáticas que suelen quedar fuera de la agenda de los grandes medios.
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