“Tenemos que fortalecer las bases del movimiento indígena, fortalecer a los indígenas que están en el Parlamento, a los indígenas que están en los gobiernos, a los indígenas que están en las embajadas, hacer que nuestra presencia no cause la mirada extraña, que no nos vean como extraños”. Con esas palabras Sônia Guajajara asume la presidencia del Consejo Directivo del Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas de América Latina y el Caribe (FILAC), en mayo de 2024. Con la idea de dejar de ser una excepción.

Sônia habla y su voz encarna la lucha contra una forma concreta de exclusión, la que expulsa a los pueblos indígenas de la tierra, de la política, de la historia oficial y también de los lugares donde se decide. Pero para Guajajara lo imposible es aceptar que la realidad no se puede transformar. Por eso llegó a convertirse en la primera ministra de Pueblos Indígenas de Brasil, cargo que asumió en enero de 2023, con una misión enorme. Proteger las tierras, las culturas y la continuidad de los pueblos indígenas.

La inquietud de una niña que no quería ser anónima

Nació como Sônia Bone en la Tierra Indígena Araribóia, en Maranhão, Brasil, en el seno del pueblo Guajajara/Tentehar. Nació en 1974, hija de padres analfabetos, y a los 15 años salió por primera vez de su comunidad para estudiar en Minas Gerais con ayuda de la Funai. Después volvió a Maranhão, se formó en Letras y Enfermería e hizo un posgrado en Educación Especial.

El dato importa porque su trayectoria no empezó en los organismos internacionales ni en los ministerios. Empezó en una comunidad indígena atravesada por una disputa histórica: la tierra, la selva, la violencia contra los pueblos originarios y la invisibilización de sus vidas.

El “modo Maíra” es una forma de nombrar la resistencia política y cultural del pueblo Tentehar-Guajajara. Según la investigación de Dhiogo Rezende Gomes, se trata de una manera de actuar frente al avance de los no indígenas, llamados karaiw. Maíra aparece en los relatos de origen como el demiurgo fundador del pueblo Tentehar, junto a sus hijos gemelos Maíra’yr y Mucura’yr.

Desde esa base cosmológica, el “modo Maíra” es una estrategia histórica de supervivencia. Es resistir sin quedar inmóvil, acercarse cuando es necesario, retroceder cuando conviene, negociar límites y defender el territorio frente a la colonización, los invasores, las rutas, el Estado y los proyectos de “desarrollo”. Y eso fue lo que Sônia hizo.

Guajajara dijo que su militancia había nacido temprano, casi como una inquietud escolar. Le molestaba que los libros hablaran de los pueblos indígenas como si fueran parte del pasado. Le molestaba esa postal congelada de 1500 que borraba a los pueblos vivos, con territorios amenazados, derechos incumplidos y comunidades en resistencia. Su pelea había comenzado contra el anonimato.

“Todo el tiempo quería encontrar un rumbo, una forma de llevar esta historia y esta vida de los pueblos indígenas al conocimiento de la sociedad”, dijo en una entrevista. ¿Quién tenía derecho a narrar Brasil?

Un camino marcado por la militancia

Su militancia empezó en los movimientos de base y escaló hacia espacios nacionales e internacionales. Ocupó responsabilidades en la Coordinación de Organizaciones y Articulaciones de los Pueblos Indígenas de Maranhão, en la Coordinación de Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña y en la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil, donde fue coordinadora ejecutiva.

También llevó denuncias al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a conferencias climáticas y al Parlamento Europeo. Desde 2009 intervino en cumbres mundiales del clima, donde insistió en que la crisis ambiental no puede discutirse sin los pueblos indígenas ni contra ellos. Su agenda combinó derechos territoriales, defensa de la Amazonía, crítica al agronegocio, denuncia de la minería y rechazo a un modelo de desarrollo basado en la destrucción.

Sonia Guajajara y Lula da Silva Sonia Guajajara en Facebook

En 2010 entregó el irónico premio Motosierra de Oro a Kátia Abreu, entonces ministra de Agricultura, en protesta contra las modificaciones al Código Forestal, lo hizo auspiciada por Greenpeace durante la COP16. En 2012 coordinó el Acampamento Terra Livre en la Cumbre de los Pueblos, en contrapunto a la Río+20. Al año siguiente estuvo al frente de la Semana de los Pueblos Indígenas y de la ocupación del plenario de la Cámara y del Palacio del Planalto.

Su figura se formó lejos de los escritorios y en la confrontación directa con los sectores que buscaron avanzar sobre los territorios indígenas; desde ruralistas, madereros y mineras hasta gobiernos y bloques empresariales.

En mayo de 2024 quedó al frente del Consejo Directivo de la XVII Asamblea del FILAC. Con ella, asumieron también Myrna Cunningham, de Nicaragua, como primera vicepresidenta, y Laura Oros, de España, como segunda vicepresidenta.

Alzar la voz hasta lo más alto de la política

Años más tarde dio un salto histórico. Integró, junto a Guilherme Boulos, una fórmula presidencial por el PSOL y se convirtió en la primera mujer indígena en formar parte de una chapa presidencial en Brasil. Para ella, esa candidatura fue la posibilidad de romper una frontera abierta desde la colonización portuguesa y llevar la voz originaria a una disputa nacional por el poder político.

La campaña ocurrió dos años después del impeachment contra Dilma Rousseff, al que Guajajara leyó también como un golpe misógino. Señaló el peso del machismo en la política brasileña y la dificultad de las mujeres para ser tomadas como candidatas con capacidad real de conducción. Denunció que muchas veces los partidos utilizaban a las mujeres solo para completar cuotas, sin darles prioridad, recursos ni estructura.

Pero también marcó una diferencia: su campaña con Boulos funcionó como una co-candidatura, con agenda compartida y autonomía política. Desde allí buscó discutir otra forma de hacer política, vinculada a los movimientos sociales, a la izquierda y a las luchas territoriales.

La llegada de Jair Bolsonaro al poder endureció el escenario. Guajajara enfrentó a un gobierno que defendió la minería y la explotación de madera en tierras indígenas, y que multiplicó los ataques contra los pueblos originarios. Fue hostigada por figuras del bolsonarismo y denunció el carácter genocida de esa política.

Sonia Bone Guajajara referente indígena brasil Sonia Bone Guajajara, referente indígena de Brasil Sonia Bone Guajajara en Facebook

Durante la pandemia, su denuncia fue todavía más directa. Señaló que, mientras las comunidades intentaban protegerse del coronavirus, los invasores seguían trabajando “24 horas” dentro de los territorios. Cuestionó la falta de registro oficial de muertes indígenas y la negativa estatal a reconocer los datos relevados por el movimiento indígena. Para ella, esa omisión no fue un error administrativo: fue parte de una política de invisibilización.

La pandemia mostró los límites de un modelo de consumo y desarrollo que destruye la vida. Planteó que no alcanzaba con que los indígenas y ambientalistas sostuvieran solos esa pelea. Hacía falta una lucha más colectiva, más política y más ecológica, capaz de reconectar a la sociedad con la tierra.

Primera ministra indígena, un logro colectivo

En 2022, Luiz Inácio Lula da Silva la convocó para encabezar el primer Ministerio de Pueblos Indígenas de Brasil. La designación la convirtió en la primera mujer indígena en ser nombrada ministra de Estado en el país. Para una dirigente que venía de denunciar que los pueblos indígenas eran tratados como obstáculos al “progreso”, ocupar un ministerio tuvo un peso histórico evidente.

Pero Guajajara no presentó ese lugar como una llegada individual. Habló de fortalecer a los indígenas en todos los espacios: en las bases del movimiento, en los parlamentos, en los gobiernos, en las embajadas. Dijo que la presencia indígena no debía provocar extrañeza ni ser vista como algo excepcional. Esa fue una de sus obsesiones políticas, que la ocupación de espacios dejara de ser noticia porque se volvía parte de una nueva normalidad.

Sônia estuvo en la aldea y en Naciones Unidas, en el Congreso y en la calle, en una fórmula presidencial y en un ministerio. Recibió premios, fue reconocida por la revista Time como una de las personas más influyentes del mundo y, al mismo tiempo, siguió hablando desde una historia colectiva.

 

Deja un comentario