Radioaprendizajes y Pedagogía de la Escucha | Andrés Sarlengo explica el «genocidio segmentado»
Hay algo profundamente contracultural en defender hoy la radio. En una época dominada por algoritmos, pantallas que nunca se apagan y una comunicación diseñada para capturar segundos de atención, reivindicar el valor de la escucha parece un gesto casi político. Esa es la apuesta de Andrés Sarlengo en *Radioaprendizajes*, un libro nacido de su experiencia en escuelas públicas, la psicología social y una convicción sencilla: antes de enseñar hay que aprender a escuchar.
La entrevista realizada en el canal Mundos Paralelos permite comprender que el libro no es un elogio nostálgico de un viejo medio. La radio aparece como una práctica capaz de reconstruir aquello que la cultura contemporánea parece haber erosionado: la palabra compartida, el tiempo para pensar y el encuentro con el otro. En un mundo saturado de imágenes, la radio obliga a imaginar. Allí donde la pantalla entrega todo resuelto, la voz deja espacio para completar el sentido. Mientras buena parte de la comunicación digital está organizada alrededor del consumo rápido, la radio exige escuchar, interpretar, esperar e incluso convivir con el silencio. Y en esos silencios, sostiene Sarlengo, también ocurre algo educativo. Su propuesta gira alrededor de una idea simple: la pedagogía de la escucha. No se trata únicamente de permitir que un estudiante hable, sino de construir un espacio donde esa palabra tenga valor. Escuchar sin prejuzgar, sin apresurar diagnósticos y sin imponer respuestas. Una escucha «tierna», como él mismo la define, que reconoce al otro como sujeto y no como un problema. Esta perspectiva dialoga con la psicología social de Enrique Pichon-Rivière, especialmente con el concepto de adaptación activa. La educación no debería formar individuos dóciles que simplemente se ajusten al mundo existente, sino personas capaces de comprenderlo críticamente para transformarlo. La convivencia escolar deja entonces de ser un conjunto de normas para convertirse en una construcción colectiva. Pero la reflexión de Sarlengo va mucho más allá del aula. Su crítica apunta a un modelo de sociedad que convierte la tecnología en un fin en sí mismo. No cuestiona las herramientas digitales, sino el lugar que ocupan cuando desplazan la conversación, reemplazan los vínculos y organizan nuestra experiencia cotidiana. Su rechazo al modelo de «una computadora por alumno» responde a esa lógica. La tecnología debería ser un recurso más, nunca el centro del proceso pedagógico. Cuando las plataformas monopolizan la atención, la escuela corre el riesgo de dejar de formar ciudadanos para producir consumidores. En ese contexto aparece uno de los conceptos más provocadores del autor: el «crimen educativo», que hoy se expresa en lo que denomina **»genocidio segmentado» o «por goteo»**. No se trata de un exterminio inmediato, sino de una dinámica social que empuja progresivamente a muchos jóvenes hacia la exclusión, la desesperanza y la autodestrucción mediante la ruptura de los lazos comunitarios y la pérdida de sentido de la experiencia escolar. Sarlengo describe tres respuestas posibles frente a ese escenario: la implosión, cuando el sufrimiento se vuelve contra uno mismo; la explosión, cuando se transforma en violencia hacia los otros; y la construcción de un proyecto vital, única alternativa capaz de ofrecer sentido frente al genocidio segmentado. La radio aparece justamente como una herramienta para hacer posible ese tercer camino. No porque resuelva por sí sola los problemas sociales, sino porque ofrece un espacio donde la experiencia puede convertirse en palabra y la palabra en pensamiento. Hablar frente a un micrófono, entrevistar o simplemente escuchar deja de ser un ejercicio técnico para transformarse en una experiencia de subjetivación. Quizás por eso Radioaprendizajes resulte especialmente actual. En tiempos donde la inteligencia artificial produce textos en segundos y las redes sociales premian la reacción inmediata, defender la escucha parece un acto de resistencia cultural. La radio deja de ser un medio de comunicación para convertirse en una ética de la palabra: recuperar el tiempo para pensar antes de responder, escuchar antes de juzgar y reconstruir comunidad en una sociedad cada vez más fragmentada. Quizás esa sea la enseñanza más importante del libro de Sarlengo: cuando todo invita a hablar más fuerte, la verdadera transformación comienza aprendiendo a escuchar.




![Fuentes: Climática [Foto: REUTERS/Nacho Doce.]](https://abyayalasoberana.org/wp-content/uploads/2026/06/33-comprimido-4.jpg)



