El politólogo Diego Ramos se centró en la manipulación de la fe y la retórica teológica por parte de la nueva derecha en Argentina, ejemplificada por el presidente Javier Milei.

Ramos argumenta que esta derecha ha trabajado para demonizar la política [04:31] (presentándola como corrupta e impura) con el objetivo de promover una teología de la resignación [12:57] y el individualismo pietista [14:28] en la sociedad, desviando a las comunidades de la construcción colectiva de derechos y justicia. En su análisis, Ramos vincula el brutal ajuste económico a la narrativa bíblica de la «Caída» y la «Expulsión» [08:11], obligando a la gente a pagar con el «sudor de la frente» por los derechos conquistados. Además, desmitifica la figura de Milei como el «Moisés Argentino» [16:04], identificándolo como el «neoliberalista de Salomón» [22:08], quien impulsa la adoración al Dios del mercado [22:58] en lugar del Dios de la vida, y concluye con un llamado urgente a recuperar la política y la experiencia del conflicto [25:10] como únicos caminos para la transformación social y la lucha por la dignidad.

El sociólogo Ramón Grosfoguel amplió la crítica política a un contexto histórico y global, estableciendo una distinción fundamental entre el Cristianismo (como la espiritualidad liberadora y de amor al prójimo de Jesús) y la Cristiandad (como una teología de dominación de los poderosos que justifica el saqueo, la explotación y la crueldad) [34:39]. Grosfoguel sostiene que el actual genocidio en Gaza es la repetición de un modelo de colonialismo de población practicado por la civilización occidental de la muerte durante más de 500 años. Este modelo, que comenzó históricamente con la conquista de Al-Ándalus [32:54] (expulsando a la fuerza a musulmanes y judíos para quedarse con sus tierras), fue replicado en la colonización de Abya Yala y en la fundación de la República Argentina («Israel exitoso») [50:22]. El mecanismo central de esta Cristiandad es demonizar y racialmente inferiorizar a los pueblos originarios (llamándolos «animales» o «terroristas») [54:40] para legitimar su exterminio y la apropiación de sus territorios y riquezas. Grosfoguel finaliza señalando que la humanidad se encuentra en un momento mesiánico [01:02:18], una crisis terminal del sistema, donde la conciencia global del genocidio (que incluye el uso de la inteligencia artificial como laboratorio de exterminio [01:06:45]) exige una movilización activa para detener la «civilización de muerte» y construir un futuro que ponga en práctica los valores de la vida.

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