El debate sobre el voto femenino vuelve a instalarse en Estados Unidos de la mano de un movimiento ultraconservador que impulsa el llamado «voto por hogar» (household voting), una propuesta que cuestiona el principio de «una persona, un voto» y plantea que sea el jefe de familia quien represente electoralmente a todo el hogar.
En esta entrevista de Enfoque, la periodista Alejandra Patrone conversa con la historiadora argentina Valeria Carbone, doctora en Historia y especialista en Estados Unidos, sobre el resurgimiento de los movimientos antisufragistas, el crecimiento de la derecha ultraconservadora y el impacto que estas propuestas podrían tener sobre la democracia y los derechos de las mujeres. «Ya no se trata de ampliar el padrón electoral, sino de volver a restringirlo. Es regresar a planteos de hace más de cien años», afirmó Carbone. «El objetivo no es que las mujeres conservadoras dejen de votar, porque hoy ya pueden hacerlo si así lo desean. Lo que se busca es restringir el derecho electoral de aquellas mujeres que quieren ejercerlo y defienden intereses políticos diferentes», explicó. Para la historiadora, el fenómeno no es nuevo, pero adquiere una dimensión diferente en un contexto de avance de sectores ultraconservadores con fuerte capacidad económica y política para instalar estas narrativas. «Que más de cien años después tengamos que seguir defendiendo el voto femenino es una señal del corrimiento del escenario político hacia posiciones cada vez más conservadoras», sostuvo. Carbone también analiza el papel de Erika Kirk, el crecimiento de la derecha cristiana en Estados Unidos, las nuevas restricciones electorales impulsadas en distintos estados y el debate sobre el futuro de la democracia estadounidense.