Mientras gran parte del debate público argentino se concentra en la coyuntura económica, una disputa estratégica de escala global avanza sobre uno de los territorios más importantes de América del Sur: la Cuenca del Plata.

 

Para el investigador Luciano Orellano, el río Paraná no es simplemente una vía navegable ni un corredor comercial. Es uno de los escenarios centrales donde se define quién controlará los recursos esenciales del siglo XXI: el agua dulce, los alimentos y la logística del comercio internacional. La Cuenca del Plata constituye una de las regiones productivas más relevantes del planeta. Allí se concentra una parte significativa de la producción agroindustrial sudamericana y una red fluvial que conecta extensos territorios de Argentina, Paraguay, Brasil, Bolivia y Uruguay. Su importancia es tal que Orellano la compara con el Estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula gran parte del petróleo mundial. La diferencia es que, en este caso, el recurso estratégico no es la energía sino la alimentación. En el denominado nodo portuario Rosario-Santa Fe, conocido como Rosafé, se exportan millones de toneladas de aceites, harinas y granos que abastecen mercados de Europa y Asia. Según esta mirada, controlar esta infraestructura significa influir sobre una parte decisiva de la seguridad alimentaria global. La relevancia geopolítica de la región no se limita a los alimentos. América del Sur concentra algunas de las mayores reservas de agua dulce del mundo, además de recursos estratégicos como litio, hidrocarburos y biodiversidad. En un contexto internacional marcado por la competencia entre grandes potencias, estos bienes adquieren un valor creciente. Orellano sostiene que el eje Paraná-Paraguay funciona como una verdadera puerta de entrada al corazón del continente. Históricamente, quien controló las vías fluviales tuvo capacidad para proyectar poder económico y político sobre vastos territorios interiores. Por eso considera que la discusión sobre la soberanía de los ríos es mucho más que un debate técnico: involucra la capacidad de los países de decidir sobre su propio destino. Uno de los puntos más controvertidos de su análisis es la situación de los puertos y de la logística exportadora. Según denuncia, gran parte de la infraestructura estratégica se encuentra bajo control de corporaciones multinacionales vinculadas principalmente a capitales estadounidenses y europeos. Esta realidad, afirma, limita la capacidad de los Estados para administrar el comercio exterior y capturar plenamente los beneficios generados por sus recursos naturales. En este marco aparece el concepto de “Triángulo del Saqueo”, una categoría utilizada por Orellano para describir un sistema regional de circulación y comercialización de granos. El esquema tendría tres vértices principales: Paraguay como base logística de la navegación fluvial, Montevideo como centro de triangulación comercial y financiera, y las grandes multinacionales agroexportadoras como administradoras de la cadena de valor. Según esta interpretación, miles de barcazas que recorren la hidrovía operan bajo banderas de conveniencia y responden a intereses corporativos extranjeros. Esto permitiría que buena parte de la renta generada por la producción sudamericana termine fuera de los países donde se originan los recursos. La ausencia de una marina mercante nacional fuerte y la dependencia de operadores privados extranjeros constituyen, para Orellano, uno de los principales déficits estratégicos de Argentina. A su juicio, la soberanía no se limita a la posesión formal del territorio, sino que implica la capacidad efectiva de gestionar puertos, rutas comerciales, transporte y recursos naturales. Frente a este escenario, el investigador plantea la necesidad de recuperar instrumentos de control estatal y fortalecer mecanismos de integración regional. Considera que ningún país sudamericano podrá defender por sí solo sus intereses en un mundo atravesado por crecientes disputas geopolíticas. La discusión sobre el Paraná trasciende así el ámbito local. Lo que está en juego no es únicamente una vía navegable ni un corredor exportador. Se trata de definir quién administra el agua dulce, quién controla el flujo de alimentos y quién captura el valor generado por algunos de los recursos más estratégicos del planeta. En tiempos de transición hacia un nuevo orden mundial, la Cuenca del Plata emerge como uno de los territorios donde se decidirá una parte significativa del futuro económico y político de América del Sur.

Deja un comentario