Pablo Díaz Estévez

Foto: Año 1987, obra diseñada por Ramón Arkel Suárez.

A 100 años de su nacimiento, los representantes del Frente Amplio en el Poder Legislativo no pudieron homenajear a uno de los principales referentes históricos de la izquierda nacional, por falta de disciplina partidaria de sus propios diputados. Mientras, la derecha parlamentaria lo trató de “terrorista” y de haber atentado contra “la democracia”.

La “democracia” en el Uruguay de hoy mal o bien funciona, si entendemos por democracia unas reglas de juego mínimas: elecciones limpias, partidos políticos que compiten, división de poderes, libertad de prensa y principalmente la percepción de las personas de que pueden votar y considerar que lo que votan se refleja en los resultados de la elección. No mucho más que eso le interesa a quienes arman las medidas de las democracias. A The Economist, cuando calcula que Uruguay es una “democracia plena”, no le interesa la distancia que hay entre democracia y ese régimen democrático mínimo, ni los sesgos del régimen para negar derechos de las grandes mayorías.

Porque la democracia también son derechos básicos. Si no me pagan el sueldo, si me obligan a comprar los alimentos al patrón, si me mandan el ejército para reprimirme, o si las “listas negras” promueven la persecución sindical y el desempleo, y por tanto no tengo opción entre malvivir trabajando y someterme. Y si además reclamo por mis derechos laborales básicos, mientras que el poder judicial está al servicio de esa explotación económica y su represión política, o si la gran prensa esconde la otra cara de la realidad nacional, no hay democracia, mucho menos “plena”.

Mucha lucha social hubo que pasar para que el autodiagnóstico del Uruguay como la “Suiza de América” se derrumbara. Esa realidad fue la que conoció a fondo Sendic entre 1950 y 1963 en las arroceras del este del país, en los tambos del centro sur, en las remolacheras y los cañaverales del norte. Incluso ya había experimentado desde su infancia la autoexplotación para sacar de la tierra los medios para vivir. Entonces, como “abogado” rural reconoció algo de lo que había conocido por experiencia propia, pero en miles de asalariados rurales sin derechos.

Y así tanto de procurador como de luchador social pudo evidenciar la falta de democracia, pero no trabajó para ser candidato en las elecciones. Le preocupaba que los derechos consagrados en la Constitución no sean una carta de buenas intenciones, frente a lo cual afirmó en el contexto de los ‘60 que un revólver 38 valía entonces más que la carta magna.

En medio de movilizaciones nacionales por distintos derechos, las marchas por la tierra y la preparación de una ocupación de tierras con autodefensa armada, generaron como respuesta la expropiación efectiva de algunos latifundios a favor del Instituto Nacional de Colonización mediante leyes del gobierno de Pacheco Areco entre fines de los 60 y principios de los ‘70.

Decía Sendic, que la democracia tenía una “cara” y una “careta”, y había que desenmascararla para mostrar su verdadero rostro. Había que evidenciar que la fachada democrática protegía la acumulación de las grandes empresas rurales a costa de la deshumanización de la peonada rural y las empleadas domésticas, que habían sido excluid@s de los avances de varios derechos laborales conquistados para los sectores urbanos (limitación de la jornada laboral, consejos de salarios rurales, etc.), mientras el país amontonado en la metrópolis barría abajo de la alfombra.

Quizás siga vigente el arma de la movilización social pacífica para lograr derechos. Porque hasta el día de hoy la situación de los derechos de los trabajadores rurales y pescadores artesanales evidencia los límites de la “democracia” para atender situaciones básicas de seguridad laboral y social, que Sendic y otros dirigentes sindicales evidenciaron. Esta correlación de fuerzas favorable a los terratenientes no es ajena a países del continente como Colombia, donde muchos de estos derechos básicos de los trabajadores aún no están contemplados y se está proponiendo llevarlos a una consulta popular (democracia directa), como la iniciada por Gustavo Petro tras el bloqueo de las reformas impulsadas desde un gobierno electo (democracia representativa). Así como en la Argentina de Milei, la durísima represión policial está evidenciando que la democracia representativa está yendo en contra de los jubilados a reclamar sus derechos de forma pacífica.

Hoy hace 40 años de la salida de la cárcel de Sendic, donde se destacaron sus elaboraciones de economía política. En ese entonces ya no sería un luchador social “armado”, ni ejercería la abogacía junto a los sindicatos. Su prédica logró evidenciar que aquella “rosca” oligárquica desde el golpe de Estado quedó soldada al capital financiero internacional, a la extranjerización y a la deuda externa.

Su opción para lograr avances democráticos estuvo en lo que se conoce como el “poder popular”, no en el parlamentarismo. Si entregaba por su cuenta en el Palacio Legislativo un proyecto de ley sobre reforma agraria, no era para despertar expectativas del parlamento, sino para movilizar al pueblo, como los cañeros lo había logrado movilizar en otras épocas, y para que el “río de la democracia” de los ‘80 también llegue a los que seguían con los pies en la tierra.

Analizar en 2025, a un Raúl Bebe Sendic de 100 años, luego de 15 años de progresismo en Uruguay y a 15 días de que el sector de José Pepe Mujica controla buena parte del gobierno y el parlamento, tiene sus condimentos.

Primer condimento: el MLN-Tupamaros (creado con en 1965), con quien Sendic tuvo una tensa relación entre 1985 y 1989, hizo una opción parlamentarista. Segundo condimento: el Movimiento de Participación Popular (creado sin Sendic en 1989) se limitó a presentar la iniciativa de homenaje en el Palacio Legislativo y a otra también frustrada votación en la Junta Departamental de Montevideo de llamar a una pequeña plaza “Raúl Sendic».

Tercer condimento: el espacio 609 (el que representa el presidente Yamandú Orsi: más amplio que el MLN y el MPP) y el Frente Amplio, están concentrados en la transición de gobierno. Quizás el grito más fuerte que se escuchó en la asunción presidencial, fue: “Aguante la democracia plena carajo”, expresada por una cantante de música “tropical”, que en ese espíritu antiporteño libertario, bien podría haber gritado …”aguante la democracia y la plena” y nadie se hubiera escandalizado.

Cuarto condimento: José “Pepe” Mujica también se define como “luchador social” pacífico, aunque apostó 100% a la democracia representativa y a las elecciones. Mandando al baúl de los recuerdos la “leyenda tupamara” para que la crítica de las armas impida que la figura de Raúl Sendic explote el arma de la crítica.

Porque la crítica de la democracia “chueca” Raúl la hizo siempre con hechos, con el pueblo en la calle, a la intemperie…Ahí en esa misma placita sin nombre estatal, a pocos metros del Palacio Legislativo, donde en los ´60 acampó con los cañeros. Donde instaló, en los ‘80, la sede central del Movimiento por la tierra y contra la pobreza mientras el MLN creaba su propio Frente Agrario. Y fue allí donde el pasado 16 de marzo se llevó adelante el principal homenaje a los 100 años de un luchador por la democracia, una vez más negado dentro y fuera del Frente Amplio, dentro y fuera del mármol del Palacio de las leyes.

Fuente: Desinformémonos

Deja un comentario