CARACAS — El despliegue de tres destructores de la Armada estadounidense en las aguas del Caribe, con la misión declarada de combatir el narcotráfico, ha encendido la alarma en varios gobiernos de Abya Yala.

La medida, ordenada por la Casa Blanca, ha sido percibida por muchos como una escalada de las tensiones con Venezuela y una amenaza a la soberanía regional, lo que ha provocado una ola de condenas diplomáticas.
En una muestra de creciente preocupación, los gobiernos de México y Colombia han sido particularmente enfáticos en su rechazo a las acciones de Washington. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha desmentido las acusaciones de EE. UU. que vinculan al gobierno venezolano con carteles de droga, mientras que el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha advertido que una intervención militar podría convertir a Venezuela en otra Siria. Petro afirmó haber enviado un mensaje a través de un emisario a Donald Trump, alertándole sobre el grave error que representaría un conflicto militar.

Llamados a la paz y la soberanía.

La respuesta de estos países se suma a la de otros líderes regionales, quienes han exigido el cese de lo que consideran una «política imperialista» por parte de EE. UU. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) también ha emitido un comunicado conjunto condenando la iniciativa.

La tensión entre Washington y Caracas se ha incrementado en las últimas semanas. La administración de EE. UU. ha calificado abiertamente al gobierno de Nicolás Maduro como un «cartel narcoterrorista» y ha aumentado la recompensa por su captura. Por su parte, Maduro ha respondido ordenando la movilización de más de 4,5 millones de milicianos para defender la soberanía de su país.

Un contexto de creciente inestabilidad

Este aumento de la tensión se produce poco después de la renovación de la licencia de la petrolera estadounidense Chevron para operar en Venezuela y de un acuerdo de intercambio de prisioneros. Sin embargo, la reciente escalada militar ha opacado estos avances, generando temores de que el conflicto, que hasta ahora se ha mantenido en el ámbito económico y diplomático, pueda derivar en una confrontación militar.
Mientras la comunidad internacional observa con cautela, la situación subraya la profunda división en la región y la urgencia de encontrar una vía diplomática que evite una crisis de mayores proporciones. La mayoría de los gobiernos de Abya Yala, incluyendo a México y Colombia, han insistido en que la única solución viable es la negociación y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.

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