Fernando Rospigliosi Capurro describió los planes de sectores de las Fuerzas Armadas para hacerse del control del país mediante el Plan Verde, una especie de hoja de ruta que permitiría imponer una “democracia dirigida” por unos 20 años. Hoy, Keiko Fujimori implementa el neofujimorismo con Rospigliosi como operador político. 

El plan surgió como una hoja de ruta de los sectores militares para enfrentar la crisis económica, la hiperinflación y el conflicto armado interno de fines del primer gobierno de Alan García Pérez que amenaza con desbordar el régimen político.

Los documentos se hicieron públicos en julio de 1993 mediante una serie de articulos publicada por la revista Oiga, dirigida por Francisco Igartúa, y que se tituló: Historia de una traición o el Plan Verde.

Según la revista, el material llegó por filtraciones vinculadas a oficiales que se oponían al rumbo del gobierno después del autogolpe de 1992. Uno de las vías de filtración fue el general Víctor Obando Salas quien había participado en el intento de contragolpe de 1992 junto con Jaime Salinas Sedó y José Pastor Vives.

Existen numerosas referencias al Plan Verde en diversas fuentes periodísticas y académicas que pueden consultarse desde la Wikipedia que ofrece información documentada. La revista Oiga hablaba de tres tomos principales:

Tomo I: “Impulsar al Perú al siglo XXI”: contenía diagnóstico económico y político del país; propuesta de reorganización estatal; economía liberal aplicada desde conducción militar y referencias muy controvertidas sobre control poblacional y esterilización. 

Tomo II: “Apreciación de Inteligencia”: analizaba escenarios políticos; hacía una evaluación electoral de 1990; formulaba hipótesis de intervención institucional y esbozaba esquemas de transición desde la idea inicial de golpe abierto hacia fórmulas más limitadas institucionalmente.

Tomo III: “Consejo Estratégico del Estado”: contenía un esquema de gobierno cívico-militar y la conducción estratégica desde estructuras no visibles públicamente.

En primer lugar, proponía la reestructuración autoritaria del Estado y construir una especie de “democracia dirigida” con fuerte tutela militar y concentrar decisiones estratégicas en un núcleo reducido de poder.

En segundo lugar, aplicar reformas económicas rápidas orientadas al libre mercado, la apertura económica, alentar privatizaciones y estricta disciplina fiscal.

En tercer lugar, los documentos describían mecanismos de vigilancia, inteligencia y control sobre medios de comunicación y actores considerados opositores como parte del control político y comunicacional.

En cuarto lugar, se esbozaban políticas demográficas y seguridad que contenían ideas de control poblacional dirigidas hacia poblaciones consideradas “marginales” o “excedentarias”.

Vladimiro Montesinos, a pesar de no formar parte del grupo que creó el Plan Verde, asumió la responsabilidad de mantenerlo vigente frente a la adversidad, actualizándolo y adaptándolo a los intereses de su círculo presidencial-militar. Se encargó de extender la conspiración más allá de lo que sus conspiradores originales habían previsto. 

Parte de las ideas del Plan Verde terminó reflejándose en el autogolpe del 5 de abril de 1992 y en el nuevo arreglo institucional posterior.

El informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) afirma al respecto:

“Vladimiro Montesinos, aunque no había formado parte del grupo creador del Plan Político-Militar [Plan Verde], se hizo cargo de mantener vivo el plan a través de estas complicaciones, actualizándolo y adecuándolo a los intereses de su camarilla presidencial-militar. En otras palabras, llevó la conspiración más allá de lo que se habían imaginado los conspiradores. Finalmente, el operativo previsto en el Plan PolíticoMilitar y su programa de gobierno, actualizados para la nueva coyuntura, fueron puestos en práctica en el golpe de Estado de Fujimori el 5 de abril de 1992” (Informe final de la CVR, p. 83).

Cuando era un investigador independiente Fernando Rospigliosi escribió un documento de trabajo y luego un libre de más de 300 páginas dedicado a analizar las relaciones entre las fuerzas armadas y el fujimorismo.

El libro: “Montesinos y las Fuerzas Armadas: Cómo controló durante una década las instituciones militares” fue publicado por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en el año 2000.

En él analiza cómo Vladimiro Montesinos y el régimen de Alberto Fujimori avasallaron y controlaron el aparato militar peruano a través de los servicios de inteligencia, transformando su estructura para consolidar un poder autoritario.

El libro examina el curso de colisión previo, las dinámicas del golpe del 5 de abril de 1992, la estrategia antisubversiva y eventos cruciales como la operación Chavín de Huántar.

En su libro Rospigliosi admite que existió una planificación militar previa a la llegada de Alberto Fujimori para reorganizar el Estado bajo conducción militar.

El diseño contemplaba una “democracia dirigida” o gobierno con fuerte tutela militar y orientación económica liberal. Posteriormente se habría producido una convergencia entre parte del alto mando, Vladimiro Montesinos y el gobierno de Fujimori.

Un punto especialmente citado es que Rospigliosi describió algunos pasajes atribuidos a los documentos del Plan Verde —sobre control demográfico y esterilización de poblaciones pobres— como ideas “francamente parecidas a las nazis”. 

El caso de las esterilizaciones forzadas

Durante el gobierno de Alberto Fujimori se ejecutó el Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (PNSRPF) en el cual hubo casos sistemáticos de esterilizaciones sin consentimiento libre e informado, especialmente contra mujeres rurales, indígenas y pobres. 

En 2026, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado peruano por el caso de Celia Ramos y sostuvo que no fue un hecho aislado sino parte de una política estatal masiva. 

Coincidentemente, el Plan Verde Rospigliosi) contenían propuestas de control demográfico sobre sectores empobrecidos. En algunas transcripciones atribuidas al plan aparecen referencias explícitas a promover esterilización para grupos considerados un obstáculo para el desarrollo. 

Por eso algunos investigadores sostienen que existe una continuidad ideológica entre esas ideas y las políticas aplicadas años después. 

Investigadoras como Alejandra Ballón han planteado que las esterilizaciones ocurrieron dentro de una lógica estatal de control poblacional que dialoga con los lineamientos atribuidos al Plan Verde. (Fuentes Históricas del Perú)

Obviamente, hay condiciones que han variado entre la época en que se diseñó el Plan Verde y el momento actual; sin embargo hay indicadores que señalan elementos claves de influencia y continuidad. Además, la propia Keiko ha enfatizado que quiere gobernar como su padre destacando el rol de las Fuerzas Armadas.

Por eso no se trataría de “ejecutar el Plan Verde”, sino de darle continuidad al fujimorismo como estilo de poder, que enfatiza el orden y la seguridad como eje central de legitimidad política.

Por eso es de esperar el retorno a un presidencialismo fuerte y muy crítico frente a instituciones consideradas ineficientes. Otro elemento es la defensa del modelo económico heredado de los noventa, consolidado desde la Constitución de 1993.

Más que la preocupación por un “plan secreto”, estamos ante una posible normalización de mecanismos de gobierno más autoritarios y centralizados con base a las fuerzas armadas.

El semanario Hildebrandt en sus Trece, en su última edición del viernes 26 de junio, describe de qué manera Fernando Rospigliosi Capurro, como principal agente del fujimorismo, promovió desde la presidencia del Congreso de la República, un manto de impunidad a favor de militares y policías.

La agenda política de Rospigliosi en los últimos meses ha sido muy nutrida por visitas a recintos militares en los que recibió condecoraciones y satisfacciones por su desempeño a favor del militarismo.

Tanto en el fujimorismo clásico como en el neofujimorismo el argumento central aparece como respuesta a una percepción de desorden nacional.

En 1990 fue la hiperinflación, la violencia armada y el colapso institucional. En 2026 es la inseguridad ciudadana, la extorsión, la fragmentación política y el desgaste del Estado. 

Como se puede apreciar, en ambos discursos aparece una idea similar: el Estado debe recuperar capacidad de control.

Hay continuidad en la defensa del modelo económico abierto y favorable a inversión privada. Alberto Fujimori terminó aplicando liberalización económica y privatizaciones. Keiko defiende la inversión privada, la desregulación, la digitalización estatal y disciplina fiscal.

Keiko ha puesto mucho énfasis en seguridad, incluyendo mayor presencia estatal, tecnología, control territorial y medidas más severas frente al crimen. Esto recuerda parcialmente al lenguaje de autoridad y restauración del orden que caracterizó al fujimorismo original.

La discusión probablemente ya no es si habrá un “Plan Verde 2.0”, sino si el nuevo fujimorismo combinará continuidad económica con un estilo de gobierno más centralizado o más institucional.

Asimismo, cabe preguntarse: ¿Cuál es el rol de Fernando Rospigliosi en la implementación del neofujimorismo? ¿Aspira a desempeñar o ya está desempeñando la función de Vladimiro Montesinos durante el fujimorato?  

¿A la imposibilidad de alcanzar el poder por la vía insurreccional cuando militaba en Vanguardia Revolucionaria habrá encontrado en las Fuerzas Armadas el poder supremo al cual servir de manera obsecuente y sin escrúpulos? 

Más allá de Rospigliosi culminamos el presente texto compartiendo a manera de test algunos indicadores de continuidad entre Plan Verde, fujimorismo clásico y el neofujimorismo.

Indicadores de continuidad entre Plan Verde, fujimorismo clásico y el neofujimorismo

1. ¿Se respeta la independencia judicial?

2. ¿Se fortalecen o debilitan organismos autónomos?

3. ¿Hay presión sobre medios y libertad de expresión?

4. ¿Se amplían controles y vigilancia sin contrapesos?

5. ¿Se gobierna mediante negociación institucional o concentración del Ejecutivo?

6. ¿Cómo se trata a oposición, sociedad civil y pueblos indígenas?

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