Desde el 28 de febrero de 2026, el mundo permanece en vilo. Ese día, EE. UU. junto con Israel bombardearon diversos blancos en Irán, con lo cual dio inicio un conflicto bélico que ha afectado a todo el orbe.

Pero el pasado 17 de junio se encendió una luz con la firma del Memorando de Entendimiento entre EE. UU. e Irán, que al menos puso un alto a los ataques en esa parte del Oriente Medio y garantiza la apertura del estrecho de Ormuz, cuyo cierre, por parte de Teherán, causó una interrupción en la logística del traslado de los derivados del petróleo y su consecuente encarecimiento. Antes de la guerra, dicho paso marítimo estratégico estaba abierto.

Sin embargo, en los días posteriores a la firma del acuerdo ha quedado evidenciada lo tenue de esa luz. El fin de semana recién pasado, una serie de discordias por ataques en el sur de Líbano entre Israel y el grupo chií de Hizbulá avivaron las llamas y provocaron amenazas mutuas entre EE. UU. e Irán; que hicieron tambalear la frágil paz y de nuevo se habló de la posibilidad del cierre del estrecho de Ormuz.

Los ataques estadounidenses han supuesto un duro golpe militar para la infraestructura iraní; incluso se cobraron la vida del líder supremo iraní, Alí Jamení, y otros mandos políticos y militares.

Sin embargo, no produjo lo que EE. UU. pretendía, que era el cambio de régimen. Y la nación persa —acostumbrada históricamente a resistir— resistió la embestida de la guerra hasta llegar a un acuerdo, que pareciera en principio le es favorable, según diversos análisis que se hicieron antes de que la tregua tambaleara, el fin de semana del 20 y 21 y de junio.

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Aparte de la apertura del estrecho y del alto al fuego en todos los frentes, dentro de los aspectos más importantes que contempla el acuerdo está el que ambos se comprometen a respetar la soberanía e integridad territorial del otro.

También está el compromiso de negociar y alcanzar un acuerdo definitivo en 60 días (aunque el plazo se puede prorrogar de mutuo acuerdo), el levantamiento del bloqueo naval de EE. UU., el financiamiento de USD 300 mil millones para la reconstrucción de Irán (no está claro quién los pondrá) y la reactivación de las exportaciones de crudo iraní, de acuerdo con exenciones que emitirá el Departamento del Tesoro.

De igual forma, el levantamiento de las sanciones en contra de Teherán, el compromiso de este a no adquirir ni desarrollar armas nucleares y el establecimiento de un mecanismo ejecutivo para supervisar la correcta aplicación del acuerdo.

La cadena de noticias CNN publicó de forma íntegra los 14 puntos del Memorando. Republicanos han criticado el acuerdo y coinciden con algunos demócratas en que no encuentran mayores diferencias con el acuerdo que en su momento se firmó durante el gobierno de Barack Obama.

¿QUIÉN GANA?

Aunque los acuerdos finales se producirán después de los 60 días, analistas consultados previo a este fin de semana de hostilidades creen que con el Memorando firmado Irán salió ganando. La Casa Blanca, por supuesto, lo rechaza.

El pasado 18 de junio, el diario The New York Times tituló una nota: “Irán recibe un importante salvavidas económico a cambio de mínimas concesiones en el acuerdo inicial”, en el que cita a analistas que concluyen que el acuerdo pospone las acciones más difíciles que tiene que tomar Irán y le da beneficios económicos importantes. Además, cuestiona que un acuerdo de este tipo pudo haberse negociado perfectamente vía la diplomacia, sin necesidad de recurrir a la guerra.

El descontento incluso llegó a algunos senadores republicanos, quienes calificaron el Memorando como “completamente fuera de sintonía” con los objetivos del presidente, según recogió la agencia de noticias Courthouse News Service.

“El régimen iraní no ha renunciado a su objetivo final de ‘Muerte a América, muerte a Israel’. El régimen invertirá cada céntimo que reciba para avanzar en ese objetivo”, señaló en un comunicado el senador republicano por Misisipi, Roger Wicker, recoge el medio.

Mientras que una de las voces más fuertes del Senado por el mismo partido, Ted Cruz, representante de Texas, señaló que “la historia demuestra que enviar miles de millones de dólares a lunáticos teocráticos que quieren matarnos es una muy mala idea”.

Trump en su despacho

Al respecto, el vicepresidente JD Vance aseguró que EE. UU. ya destruyó todas las capacidades nucleares iraníes y que Teherán deberá demostrar que no están reconstruyendo su programa nuclear para que Washington alivie las sanciones.

Añadió que el acuerdo es “fundamentalmente” diferente al que había firmado Barack Obama en 2015, puesto que los países del Golfo Pérsico “aman” el que se firmó recientemente.

El presidente Donald Trump, por su lado, aseguró que EE. UU. no dará ningún pago de los US$300 mil millones de los que habla el acuerdo y acusó al Partido Demócrata de difundir esa “propaganda”.

“ES MEJOR QUE VOLVER A LA GUERRA”

Jon Hoffman, investigador del Instituto Cato, un importante centro de investigación en Washington, dijo a La Hora que el acuerdo firmado con Irán “es mejor que volver a la guerra”, no obstante afirmar que el mismo refleja con claridad que EE. UU. “fue incapaz de forzar la capitulación (rendición) de Irán mediante la fuerza”.

En opinión de Hoffman, también profesor de la Universidad George Mason en Virginia, tanto EE. UU. como Irán tienen incentivos para cumplir con el acuerdo. Por un lado, Irán, a pesar de haber sobrevivido a la guerra, “se encuentra en una situación económica muy delicada y desea un acuerdo que alivie esta presión”.

Por otro, EE. UU., que está consciente de que fue una “guerra elegida” y los costos crecientes “superaron con creces cualquier beneficio estratégico concebible”.

Sin embargo, dijo, también habrá que tomar en cuenta a Israel, que, a pesar de que no es parte del Memorando, es un actor importante e interesado en todo lo relacionado con este conflicto. “Hay muchos actores que pueden sabotear el acuerdo”, remarcó Hoffman.

“Israel sigue manteniendo sus objetivos maximalistas —innegociables— y desea desesperadamente que Washington reanude la guerra”, expuso. Benjamí Netanyahu, el primer ministro israelí, “hará todo lo que esté en sus manos para hacer fracasar el acuerdo”, adelantó.

EL BENEFICIO DE LA DUDA

En Guatemala, el internacionalista y exvicecanciller, Luis Fernando Andrade, considera relevante que, con este Memorando, EE. UU. y puntualmente el presidente Trump le dan el beneficio de la duda al régimen iraní —algo impensable hasta hace poco—, por lo cual lo firmado puede considerarse como “muy a favor de Irán”.

Todo esto, a juicio del analista, después de que el objetivo inicial de los ataques estadounidenses era “generar un caos, decapitar al régimen” de sus líderes religiosos y militares y propiciar un levantamiento. Pero el acuerdo ahora dice que EE. UU. se compromete a no hacer eso.

“El paquete está planteado para darle una buena fe a Irán, usando una metodología que no está clara en el texto y esa ambigüedad los beneficia”, comenta el exvicecanciller, quien añade que, en contraparte, el lado positivo para EE. UU. será una mejora de la economía y una reducción importante en los precios de los combustibles.

Esto puede causar un impacto en las bases del Partido Republicano que eligieron a Trump, de cara a las elecciones de medio término que se celebrarán en EE. UU. a inicios de noviembre próximo, en donde se renovará el Congreso y a una tercera parte del Senado.

TERRENO VOLÁTIL

Este acuerdo da el mango del sartén a Irán debido a que los tiempos electorales en EE. UU. están a su favor; no obstante, en opinión de algunos analistas, en el tiempo oficial que dure la tregua, cualquier cosa puede alterar el resultado final del acuerdo.

Javier Corona, especialista en geopolítica y máster en relaciones internacionales por la Universidad Rafael Landívar, opina que los 60 días después de firmado el Memorando de Entendimiento serán un territorio “volátil” en el cual “todo podría pasar”.

EE. UU. ha aumentado su presencia militar en el mundo, opina Corona, pero se ha topado con un Irán que también tiene capacidad de fuerza y que le apuesta a resistir porque, a diferencia de regímenes democráticos e institucionales, no tiene que rendirle cuentas a nadie. Contrario al Gobierno de EE. UU., que debe responder, como se dijo anteriormente, a sus electores, pero también al mundo y a sus aliados.

“Hablar hoy en día de paz es complicado”, resume el especialista, debido a que en estos dos meses puede ocurrir algún incumplimiento por parte de los dos actores que se muestre beligerante y todo puede cambiar.

Un ejemplo es que horas después de que conociera el acuerdo y que Trump asegurara el tránsito marítimo gratuito por el estrecho de Ormuz, libre de peajes, Irán hizo una interpretación del texto del acuerdo y dijo que, si bien no se cobraría ningún peaje, podría cobrar “tarifas por servicios”.

Sin embargo, Corona también ve en Israel a un actor “disruptor” que “puede representar una amenaza para toda la región”, ya que puede sabotear el acuerdo porque no es parte directa de él.

NARRATIVAS

El analista considera que Trump intentará posicionar una narrativa que coloque a EE. UU. como el ganador, en el sentido de afirmar que la presión ejercida sobre Irán obligó a Teherán a llegar a un acuerdo bajo los términos de Washington.

Corona afirma que, aunque políticamente Trump y el Partido Republicano tienen muchos frentes, la guerra en Irán será uno de los factores decisivos en las elecciones de medio término, porque este nuevo conflicto y otro abanico de problemas ha golpeado a la sociedad estadounidense, sobre todo a su economía.

Sin embargo, el especialista considera que Trump tenía enfrente la posibilidad de seguir con el conflicto hasta noviembre o firmar este acuerdo. Le apostó a lo segundo, pero como en toda apuesta, puede ganar o perder.

“La negociación en la geopolítica puede considerarse como una continuación de la guerra. Tanto Irán como Estados Unidos van a buscar aprovechar las líneas grises o ambiguas del acuerdo al que lleguen para maximizar sus beneficios”, apunta Corona.

¿Y QUÉ PASÓ CON EL URANIO ENRIQUECIDO?

Los analistas también coinciden en que el objetivo de EE. UU. de evitar que Irán siga enriqueciendo uranio y genere una bomba nuclear sigue en el mismo lugar que estaba antes de iniciar el enfrentamiento bélico el pasado 28 de febrero.

Andrade expone que es una “incógnita hasta dónde Irán ha enriquecido uranio”, puesto que tiene ciudades subterráneas con capacidad de desarrollarlas. “No se logró avanzar. Irán está protegido en su capacidad militar misilística, hay grandes dudas sobre el uranio y no se sabe si estamos como cuando estábamos previo a la guerra”, enfatizó.

Corona, por otra parte, coincide en que las operaciones para enriquecer uranio pueden desarrollarse de forma clandestina y en muchas partes, no necesariamente se concentran en algún punto que EE. UU. haya atacado, por lo cual no se puede decir que con eso “el mundo ya está a salvo”.

 

NEGOCIACIONES EN PAUSA

Hasta el domingo, día en que se materializaría el acuerdo firmado el 17 de junio, aun hay dudas respecto de lo que sucederá.

Irán decidió interrumpir las conversaciones con Estados Unidos en Suiza tras las nuevas amenazas lanzadas por el presidente estadounidense Donald Trump contra la República Islámica, informó la agencia IRNA.

“La delegación de la República Islámica de Irán abandonó el lugar de las negociaciones” reportó el medio oficial del Gobierno iraní explicando que la decisión responde a las amenazas de Trump en medio de las negociaciones que mantenían las partes este domingo en Bürgenstock (Suiza).

El mandatario estadounidense advirtió hoy a Irán de que si no impide la actuación de su aliado libanés Hizbulá Estados Unidos reanudaría los ataques “con mucha fuerza” contra Irán.

Fuente: lahora.gt

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