El sociólogo y doctor en Estudios Culturales Pablo Ortiz T. comparte algunas interrogantes con la intención de entender lo que ocurre en Bolivia y que es de interés de todas las personas que siguen con preocupación la situación en Bolivia. 

Por Pablo Ortiz T.*

18 de mayo, 2026.- Hola estimadas/os compañeros bolivianos. Espero que Uds. estén bien (al menos en lo personal y familiar). A quienes nos preocupa lo que pasa en nuestra Abya Yala seguimos con interés los acontecimiento de nuestro hermano pueblo de Bolivia y surgen –como es obvio– más dudas y preguntas que otra cosa.

A la distancia y desde lejos, es importante conocer sus reflexiones y reacciones a la coyuntura para lo cual comparto algunas de estas interrogantes, más en el afán de provocar un diálogo y una reflexión. Esperamos su información y aportes.

Primero: La “terapia de shock” del neoliberal Rodrigo Paz cumple seis meses. Inflación del 14%, combustible al triple, subsidios rotos. Nada nuevo. Si la rebelión popular estalló recién entre el 11 y 16 de mayo, la pregunta de entrada es: ¿fue la gasolina o una humillación simbólica? Los estallidos no son automáticos; la chispa suele ser un acto público de desprecio. ¿Detuvieron a un dirigente aymara en Caracollo? Eso, no el pan, puede encender la mecha.

Segunda: ¿Quién confronta a quién? El relato unificado de “mineros, campesinos y estudiantes” contra “el régimen” se fragmenta en los hechos. En Potosí, cooperativistas negocian diésel con el gobierno; en el Chapare, los leales a Evo esperan. ¿Tres pueblos con tres memorias? El “bloque popular” no es un coro; es una asamblea donde unos -los viejos sindicatos mineros cantan “la Internacional” y otros prefieren rezar a la Pachamama.

Tercera: El bloque de poder dominante no es un simple títere de Washington. Incluye banca cruceña, agroindustria y transnacionales del litio. El Comité Cívico pide “diálogo”, no renuncia: saben que un presidente débil negocia mejor. El gobierno de Trump, Marco Rubio y el Comando Sur de EE. UU. observa en silencio depredador, esperando renegociar el litio a la baja. ¿Les importa acaso el nombre del mandatario?

Cuarta: De lo que poco que se entiende, hay al menos cuatro posiciones en las calles: desde la renuncia con constituyente hasta negociación por subsidios. Y los ausentes –clase media urbana– miran con miedo a la “venezuelización”. Ese terror sigue siendo un calmante contrarrevolucionario.

Quinta pregunta (la última por ahora): ¿Esta rebelión fragmentada tiene dirección estratégica o es puro desborde reactivo? Sin programa soberano ni alianza orgánica, la llama se extingue en concesiones o en un nuevo bonapartismo. Cuando griten “Paz, renuncia”, viene una pregunta básica: ¿y después, quién? Porque el enemigo no duerme, pero tampoco la oportunidad de construir poder dual.


*Pablo Ortiz T. es sociólogo y doctor en Estudios Culturales, especializado en estudios de desarrollo, planificación y autogestión territorial-ambiental, así como en el tratamiento de conflictos sociales, con un enfoque de derechos e interculturalidad. Investigador y docente, articula el trabajo académico con la educación popular y el acompañamiento a pueblos indígenas. Coordina el Grupo de Investigación sobre Estado y Desarrollo (GIEDE) en la Universidad Politécnica Salesiana, campus de Quito, y es investigador asociado del Grupo de Trabajo Internacional sobre Asuntos Indígenas (IWGIA). Contacto: portiz@ups.edu.ecpab.ortiz@yandex.com

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