«El gobierno defendió la eliminación del subsidio argumentando la necesidad de reducir el déficit fiscal, enfrentar la caída de las reservas internacionales y “sincerar” la economía. Sin embargo, amplios sectores sociales interpretan la medida como el inicio de un giro neoliberal, con fuerte impacto regresivo y ruptura del pacto social construido en Bolivia desde 2006, basado en un Estado activo y en el uso de los recursos naturales para sostener políticas sociales.»

 

 

Por: Revista De Frente

Bolivia atraviesa desde diciembre de 2025 una ola de protestas sociales tras la decisión del presidente Rodrigo Paz Pereira de eliminar los subsidios estatales a la gasolina y el diésel, vigentes por más de dos décadas. La medida, formalizada mediante decreto supremo a pocas semanas de iniciado el nuevo gobierno, provocó un alza inmediata y abrupta en los precios de los combustibles, con efectos directos sobre el transporte, los alimentos y el costo de vida.

La respuesta social fue inmediata. Transportistas, sindicatos, mineros y organizaciones sociales convocaron paros, bloqueos de rutas y movilizaciones en ciudades clave como La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. La Central Obrera Boliviana (COB) llamó a una huelga general, exigiendo la abrogación del decreto y denunciando que el ajuste recae directamente sobre los sectores populares y trabajadores.

El gobierno defendió la eliminación del subsidio argumentando la necesidad de reducir el déficit fiscal, enfrentar la caída de las reservas internacionales y “sincerar” la economía. Sin embargo, amplios sectores sociales interpretan la medida como el inicio de un giro neoliberal, con fuerte impacto regresivo y ruptura del pacto social construido en Bolivia desde 2006, basado en un Estado activo y en el uso de los recursos naturales para sostener políticas sociales.

El conflicto remite además a antecedentes históricos sensibles. Intentos previos de “gasolinazo”, como el de 2010, debieron ser revertidos por la presión popular. En ese contexto, las protestas actuales no solo rechazan el alza del combustible, sino que expresan una resistencia más amplia a un modelo de ajuste económico percibido como impuesto desde arriba y alineado con recetas tradicionales de los organismos financieros internacionales.

 

Fuente: revistadefrente.cl

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