Por MC

Este 24 de marzo de 2026, al cumplirse 50 años del último golpe cívico-militar en Argentina, organizaciones sociales y comunitarias de toda América Latina se reunieron en Buenos Aires en el marco de la Escuela de Comunicación y Tecnologías Libres para la Defensa del Territorio. La iniciativa combinó formación técnica, reflexión política y acción directa, en un contexto regional atravesado por tensiones en torno a los derechos humanos y el avance de gobiernos de corte neoliberal. La jornada estuvo marcada por una movilización multitudinaria en todo el país, que reafirmó la vigencia de las demandas de memoria, verdad y justicia.

Las movilizaciones multitudinarias se replicaron en todas las provincias argentinas, con una participación masiva que no se registraba desde hace años. Ciudades como Córdoba, Rosario y Tucumán concentraron algunas de las movilizaciones más numerosas, donde miles de personas volvieron a exigir respuestas sobre el paradero de los detenidos desaparecidos y rechazaron discursos negacionistas. En ese marco, la cobertura colectiva impulsada desde la Escuela se integró a un proceso más amplio de articulación regional, donde la comunicación comunitaria se consolidó como una herramienta clave para visibilizar las luchas sociales y fortalecer la memoria activa en América Latina.

Haciendo escuela en la movilización

La Escuela de Comunicación y Tecnologías Libres para la Defensa del Territorio fue un espacio de formación y articulación regional que reunió en Buenos Aires a integrantes de 18 organizaciones de ocho países de América Latina. Durante diez días, la iniciativa funcionó como un ámbito de intercambio colectivo donde se combinaron saberes técnicos, experiencias territoriales y reflexión política, con el objetivo de fortalecer la comunicación comunitaria y la defensa de los derechos humanos en la región. A través de este proceso, la Escuela se consolidó como una plataforma para construir herramientas propias, compartir estrategias y tejer redes entre organizaciones que enfrentan problemáticas comunes en sus territorios.

La Escuela convoco a representantes de 18 organizaciones de ocho países, quienes durante diez días participan en un proceso de formación enfocado en dos grandes ejes: la documentación de violaciones a los derechos humanos y el desarrollo de infraestructuras digitales autónomas. A través de talleres, prácticas colectivas y mentorías, las y los participantes buscan fortalecer capacidades para producir, resguardar y gestionar información de manera segura y comunitaria.

Uno de los aspectos centrales de la experiencia es el uso de tecnologías libres y servidores autónomos, concebidos como “huertas digitales” que permiten a las organizaciones almacenar sus datos fuera de las grandes plataformas corporativas. Este enfoque apunta a disputar el control de la información en un contexto de creciente concentración digital, promoviendo alternativas basadas en la soberanía tecnológica y la gestión colectiva.

Sin embargo, la propuesta de la Escuela trasciende lo técnico. La formación en comunicación se articula con procesos de memoria, narrativas y construcción política. En ese sentido, la participación en la movilización por los 50 años del golpe no es solo una actividad complementaria, sino un componente fundamental del proceso pedagógico.

Las y los participantes cubrieron de manera colectiva la marcha del 24 de marzo, en una práctica que combina registro audiovisual, trabajo colaborativo y reflexión sobre el rol de la comunicación en contextos de conflicto. La movilización, una de las más significativas en la historia reciente del país, representa un espacio de disputa simbólica en torno a la memoria, la verdad y la justicia, consignas que siguen vigentes en Argentina y en toda la región.

Desde la perspectiva de las organizaciones participantes, la memoria no se limita al pasado. “La memoria es lo que pasó, pero también lo que pasa ahora y lo que vamos a construir por el futuro”, afirmó Leila, de Antena Negra TV. En ese sentido, remarcan que las desapariciones forzadas, la represión y la criminalización de la protesta siguen presentes en la región.

Leila, destacó el carácter histórico de la movilización al señalar que “es un momento muy importante para el país” y que forma parte de “una de las luchas más grandes de los últimos tiempos”. En ese marco, remarcó la importancia de “recordar siempre a esos 30.000 compañeros desaparecidos y seguir luchando por ese mundo”, entendiendo que esas luchas “atraviesan a todo el continente” y se conectan con demandas actuales como las territoriales, los feminismos y las identidades de género.

Asimismo, subrayó el sentido activo de la memoria y el rol de la Escuela en ese proceso: “la memoria es lo que pasó, pero también lo que pasa ahora y lo que vamos a construir por el futuro”. En ese sentido, explicó que la participación en la movilización fue también una instancia de aprendizaje colectivo: “hay compañeros de ocho países que traen diferentes formas de habitar la memoria”, lo que permite “seguir tejiendo, articulando… hacer crecer las luchas y fortalecer los territorios” a partir de la construcción de redes y experiencias compartidas.

Laura Salas, de la organización Witness, subrayó la dimensión actual de estas problemáticas: “es un tema de tortura continuada para los familiares y para una sociedad que no sabe qué está sucediendo”. Además, destacó el rol de la comunicación: “usar el video para documentar cuestiones de derechos humanos” como una herramienta central para visibilizar estas realidades.

Desde Ecuador, otro de los participantes vinculó estas luchas con su propio contexto: “la desaparición de personas, la persecución política y la criminalización… se mantienen vigentes”. También remarcó la importancia de la consigna compartida en la región: “memoria, verdad, reparación y justicia”.

En cuanto al trabajo colectivo, Salas enfatizó: “el trabajo colectivo es fundamental… poder seguir entrelazándonos entre los colectivos”. Este intercambio regional permite reconocer que “nos transversalizan” problemáticas comunes y fortalecer estrategias conjuntas.

Finalmente, Leila destacó el sentido político de la experiencia: “seguir tejiendo, articulando… hacer crecer las luchas y fortalecer los territorios”. Así, la Escuela no solo forma en herramientas, sino que también apuesta a construir organización y disputar sentidos en el espacio público.

Un comentario

  1. podrian haber publicado en otros espacios, para que los y las argentinas militantes nos enteremos de esta actividad. todo/as saben los que difundimos actividades de abya ayala, filosofia de la liberacion, descolonialidad. es una pena. estan copiando mecanismos coloniales. podiamos haber sido participes.

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