El ballotage se llevará a cabo el domingo 25 de octubre.

Por Noelia Carrazana

Flávio Bolsonaro fue el candidato más votado en la primera vuelta, con alrededor del 47% de los votos válidos, mientras que Lula obtuvo cerca del 45%. La diferencia fue de aproximadamente 2,4 millones de votos. Ninguno alcanzó la mayoría absoluta y ambos disputarán el balotaje el próximo 25 de octubre.

Con una elección marcada por la polarización y una diferencia mucho más estrecha de la esperada, Brasil vuelve a quedar frente a una disputa entre el proyecto encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva y el avance de la derecha bolsonarista.

Más de 30 millones de personas no concurrieron a votar y, mientras el escrutinio avanzaba, la posibilidad de un nuevo gobierno ligado al apellido Bolsonaro encendió las alarmas sobre el futuro de la democracia, los derechos sociales y el rumbo político de la región.

La jornada electoral en Brasil terminó este domingo con un escenario mucho más ajustado del que anticipaban algunas encuestas. Los primeros resultados del escrutinio mostraron una disputa cerrada entre el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal e integrante de la familia que se convirtió en uno de los principales símbolos de la nueva derecha brasileña.

Con poco más del 9% de las mesas escrutadas, Flávio Bolsonaro aparecía al frente con alrededor del 50,8% de los votos frente al 40,9% de Lula. Sin embargo, el propio desarrollo del conteo obligaba a tomar estos números con cautela: los primeros datos incorporados correspondían, en buena medida, a regiones del sur y a Brasilia, territorios donde el bolsonarismo mantiene una fuerte presencia electoral.

La elección volvió a mostrar, además, una sociedad profundamente dividida. Mientras Bolsonaro intentaba consolidar el voto de una derecha que convirtió al antipetismo y al rechazo a Lula en una identidad política, el oficialismo buscaba sostener el respaldo obtenido durante los últimos años y defender un proyecto asociado a la recuperación de políticas sociales y al fortalecimiento del papel del Estado.

Uno de los datos que atravesó la jornada fue el nivel de abstención. Con un padrón cercano a los 160 millones de personas habilitadas, alrededor de 32 millones de brasileños no concurrieron a votar, según los primeros datos del Tribunal Superior Electoral.

La cifra no es menor en una elección tan polarizada. La ausencia de millones de electores puede convertirse en un factor determinante en un escenario donde cada punto porcentual resulta decisivo.

La elección, además, tiene una particularidad: para los brasileños residentes en el exterior, el voto presidencial continúa siendo obligatorio. En Argentina, uno de los principales destinos de la migración brasileña, la jornada también estuvo atravesada por la polarización.

En Buenos Aires, Lula obtuvo una ventaja de alrededor de 39 puntos sobre el candidato del Partido Liberal, mientras que Córdoba y Mendoza mostraron un comportamiento electoral diferente, con mayor respaldo al bolsonarismo.

La disputa también llegó a Buenos Aires

La tensión política que atraviesa Brasil tuvo su expresión en la puerta de la Embajada brasileña en Buenos Aires, donde seguidores de Lula y Bolsonaro protagonizaron una discusión durante las últimas horas de la jornada.

En medio del enfrentamiento habría sido detenido un ciudadano brasileño, identificado como Emiliano Fuentes Firmani, cuando intentaba intervenir para evitar que le retiraran la mercadería a un vendedor de remeras de Lula.

Más allá del episodio puntual, la escena expuso algo que excede a una jornada electoral: la profunda radicalización del debate político brasileño y la capacidad de la disputa entre lulismo y bolsonarismo para proyectarse incluso fuera de las fronteras del país.

Neymar y la maquinaria simbólica del bolsonarismo

Durante la jornada también volvió a aparecer una figura que ya había ocupado un lugar destacado en la campaña de Jair Bolsonaro: Neymar.

El futbolista publicó un video en sus redes sociales mostrando el número 22 con sus manos, símbolo utilizado por el Partido Liberal. No es la primera vez que Neymar expresa públicamente su respaldo a la familia Bolsonaro. Durante las elecciones de 2022 había participado activamente de la campaña digital a favor de Jair Bolsonaro.

La participación de figuras populares como el futbolista demuestra la importancia que adquirieron las redes sociales y las celebridades en la construcción de identidades políticas. El bolsonarismo no se limita así a una estructura partidaria: también construyó una comunidad política alrededor de símbolos, liderazgos, discursos y referentes capaces de disputar sentido fuera de los espacios tradicionales.

La posibilidad de que el apellido Bolsonaro vuelva a ocupar el Palacio del Planalto no puede leerse solamente como un cambio de gobierno.

El eventual regreso del bolsonarismo representa la posibilidad de una nueva etapa de avance de una derecha que durante los últimos años cuestionó políticas de derechos humanos, confrontó con movimientos sociales, pueblos indígenas y organizaciones ambientalistas y construyó buena parte de su discurso alrededor de la seguridad, el conservadurismo social y el rechazo a la izquierda.

Brasil es, además, el país más grande de América Latina y una de las principales economías del mundo. Por eso, lo que sucede en sus urnas tiene consecuencias que trascienden sus fronteras.

Un gobierno de signo bolsonarista podría modificar nuevamente la relación entre el Estado y los movimientos sociales, las políticas ambientales y de protección de la Amazonía, las políticas destinadas a los pueblos indígenas, la agenda de derechos humanos y la orientación de Brasil dentro de los organismos regionales.

También podría alterar el equilibrio político sudamericano.

Durante los últimos años, Lula intentó recuperar para Brasil un papel central en la construcción de acuerdos regionales y en una política exterior que buscó ampliar los vínculos con China y otros países del llamado Sur Global. Una nueva administración de derecha podría modificar esas prioridades y acercar nuevamente a Brasil a posiciones más alineadas con Washington.

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