Bangladesh: la ira de un pueblo que dijo basta
Recientemente incorporado a las noticias por a afinidad que su pueblo siente con el fútbol argentino, Bangladesh también atraviesa días difíciles, sobre todo su población joven en las calles. Desde el 1 de julio las protestas fueron creciendo. Esta semana decenas de manifestantes fueron asesinados y otros cientos heridos. Las movilizaciones son una respuesta contra la intención de reestablecer un sistema de cuotas para trabajar en el sector público que había sido creado para familiares de veteranos que lucharon en la guerra de independencia de 1971. Por ANRed.
Es diciembre de 2022, Argentina avanza en la Copa del Mundo y decenas de miles de habitantes, festejan en un lejano país, Bangladesh. El hecho nos conmueve y acerca a ese lejano pueblo, de religión mayoritariamente musulmana, y que tiene mejores logros deportivos en el Cricket. Hay algo en el origen esa “historia de amor” que se vincula con las masivas protestas que están teniendo lugar en estos días: su pasado colonial y las heridas que sigue sangrando en el presente.
En 1986, los dos goles de Maradona contra Inglaterra fueron celebrados en ese lejano país. “El Diego” le metió la mano en el bolsillo a su colonizador, al imperio que les dejó un desastre tras la colonización y posterior descolonización con la división de la región de Bengala en 1947, ubicando a la región de Bengala Oriental (hoy Bangladesh) dentro de Pakistán, con condiciones culturales y económicas desfavorables dentro de ese gran territorio. Entre el 26 de marzo y el 16 de diciembre de 1971 se desarrollaron las guerras de liberación que desembocaron en la independencia de este país. Las estimaciones sobre las víctimas de la guerra oscilan entre las 300 000 y 3 millones de personas fallecidas.
De ese saldo se desprende la raíz del conflicto que actualmente tiene nuevos estallidos, profundizado por las duras condiciones laborales, con altas tasas de desempleo, bajos salarios y una enorme precariedad laboral.
El estallido estudiantil
En este país de 170 millones de habitantes, más de 30 no tienen trabajo ni la posibilidad de estudiar. El desempleo afecta principalmente a los jóvenes. En este contexto el mes pasado se intentó reestablecer un sistema de cuotas para trabajar en el sector público que fue desechado tras protestas similares en 2018. Los manifestantes señalan que el sistema de cuotas crea un Bangladesh de dos niveles en el que una élite con conexiones políticas se beneficia por su nacimiento.
«Los luchadores por la libertad se han sacrificado mucho por la nación… por eso esta cuota era algo lógico en el pasado. Pero ha habido al menos dos generaciones después. Hoy en día, la cuota… se convirtió más bien en una forma de discriminación. Se convirtió en una propaganda cultural para crear una fortaleza en el país», afirmó un estudiante llamado Tahmeed Hossain a un medio internacional.
Las protestas empezaron en la Universidad de Daccaa el 1 de julio para luego expandirse a otros campus y ciudades de todo el país en concentraciones callejeras casi diarias que incluyeron bloqueos de vías ferroviarias y calles. Tras una semana de protestas el polémico proyecto pasó a revisión, pero solo por un mes, sin lograr el objetivo de frenar las protestas.
El pasado lunes 15, mientras en Argentina se veían videos de miles de fanáticos de nuestra selección festejando la Copa América, estas protestas se radicalizaban.
La brutal represión como respuesta
Tras el recrudecimiento de las movilizaciones el gobierno desplegó su Batallón de Acción Rápida paramilitar fuertemente cuestionado por organismos internacionales de Derechos Humanos. Además de gases lacrimógenos y granadas de sonido denunciaron represión con armas ilegales.
Tras las primeras muertes la movilización continuó en ascenso también impulsada por declaraciones del propio gobierno cuando la Primera Ministra exacerbó la ira de los manifestantes al llamarles «razakar», término ofensivo utilizado para referirse a quienes supuestamente colaboraron con el Ejército paquistaní durante la guerra de independencia de 1971. La mandataria, Sheik Hasina, es hija de Sheikh Mujibur Rahman, el fundador del Bangladesh moderno, asesinado en 1975. Es parte de esta elite que históricamente fue privilegiada por este beneficio.
Ayer, ya eran 32 los muertos durante 3 días de movilizaciones, que se radicalizaron llegando incluso a incendiar el canal estatal, tras correr a la policía, que reducida en número se refugió en los estudios televisivos que fueron prendidos fuego. Cientos de manifestantes desbordaron a la policía antidisturbios, que les había disparado balas de goma, y persiguieron a los agentes, que se refugiaron en la sede del canal BTV, en Daca, la capital. así lo informó France 24.
Al menos 25 personas, entre ellas un periodista, murieron el jueves, además de las siete víctimas mortales registradas a principios de semana, según un recuento hospitalario recopilado por AFP, y centenares más resultaron heridas.
Sheikh Hasina no se atribuyó la responsabilidad de las muertes, pero los relatos de las autoridades hospitalarias y de los estudiantes sugieren que hubo víctimas que murieron cuando la Policía utilizó las llamadas armas «no letales».
Jornada sangrienta
Tras el recrudecimiento de las protestas, que tuvieron réplicas en países como Canadá o Australia, el gobierno declaró el toque de queda y bloqueó el internet.
Las personas fallecidas ya son mas de 100 y se teme que la cifra aumente tras los informes de enfrentamientos en casi la mitad de los 64 distritos del país.
Esta semana, su Administración ordenó el cierre indefinido de escuelas y universidades, mientras la Policía intentaba controlar lo que parece incontrolable.
El fútbol puede hermanar a los pueblos a pesar de las distancias. También un mismo sentimiento de ira popular ante la opresión de un gobierno que avanza por sobre los derechos y aspiraciones de su clase trabajadora.
Fuente: Anred








