El bombardeo a Caracas y el secuestro de Nicolás Maduro ya no es solo una crisis interna de Venezuela: es el epicentro de una nueva fase de la política de fuerza de la Casa Blanca en América Latina y El Caribe. 

 

En este episodio de Enfoque, la periodista Alejandra Patrone entrevista al investigador mexicano Aníbal García Fernández, Magíster y Licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. «Lo ocurrido en Venezuela el pasado 3 de enero, es una expresión más de la decadencia de Estados Unidos y de esa imposibilidad de dialogar y buscar una solución a su crisis hegemónica», dijo el analista político. «Detrás de la estrategia de lucha contra el narcotráfico y las amenazas a distintos países para acercarlos a sus intereses nacionales, está el interés en la región por la energía, la infraestructura, el petróleo y los minerales estratégicos como el litio y el coltán, entre otros. Y es ahí donde entra Venezuela y aparecen los pretextos», agregó. Lo que ocurre en el país caribeño, no es solo una operación militar. Es una señal al mundo sobre cómo se ejerce hoy el poder. Consultado por la resistencia a este tipo de agresiones, el entrevistado aseguró que «ya no basta con los organismos multilaterales, algunos de ellos desprestigiados como la OEA (Organización de Estados Americanos). Hay que recuperar lo que fue la UNASUR, que se perdió en la primera administración de Donald Trump». «El bloque ya había propuesto una política continental alejada de la geopolítica estadounidense y de su militarización. También se había propuesto establecer una Fuerza de Paz en América Latina y El Caribe», destacó el analista internacional. Aníbal García Fernández, se refirió además, a la respuesta internacional al ataque a Caracas. «Han sido siempre los pueblos latinoamericanos los que le han puesto un hasta aquí al imperialismo en la región. Ya lo hizo Cuba en 1959, Bolivia en 1952, Guatemala en 1954, y México en 1938, e incluso antes», señaló. Sobre el impacto en la seguridad regional, el experto aseguró que «la región está sumamente dividida y eso es parte de la política diplomática que emplea Estados Unidos: dividir y reinar».

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