Sin Agua no hay Café: El I Festival Parroquial del Café en la Montaña
JUTIAPA – El pasado 22 de marzo, en plena conmemoración del Día Mundial del Agua, la Parroquia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, en El Botadero, se convirtió en el epicentro de una transformación social sin precedentes. El I Festival Parroquial del Café no fue solo una feria agrícola; fue un laboratorio de sanación comunitaria y un manifiesto teológico-político que congregó a cerca de 2,000 personas bajo la consigna: “Sin agua no hay café”.

El Café como Espejo: Identidad y Resistencia Cultural
Desde una perspectiva socioantropológica, el festival funcionó como un mecanismo de restitución de la dignidad. Históricamente, las familias indígenas y campesinas de las montañas de Jutiapa han sido el eslabón invisibilizado de la cadena de valor, discriminadas por las urbes que consumen el «fragancioso café» sin reconocer el rostro de quien lo cultiva.
El evento permitió que la comunidad pasara de ser proveedora de materia prima a ser protagonista cultural. A través de:

Gastronomía identitaria: Bebidas, comidas y postres que resignifican el grano.

Dramatización del ciclo vital: Escenificaciones artísticas que narraron el esfuerzo del cultivo.

Expresión intergeneracional: Concursos de pintura, danza y poesía que integraron a los niños en la «ética del cuidado» y la «crianza del café y del Agua».

Este ejercicio de estima propia actúa como un potente antídoto contra la alienación rural, reafirmando que el café no es solo una mercancía, sino una extensión del cuerpo y el territorio.
Teología de la Reconciliación: De la Violencia al Altar
Quizás el hallazgo más disruptivo del festival fue su capacidad para desactivar conflictos intraterritoriales recientes. En años anteriores, la jurisdicción parroquial fue escenario de enfrentamientos violentos entre familias locales y miembros de resistencias comunitarias (CODECA) en torno al conflicto eléctrico.
Sin embargo, mediante una teología política del encuentro, la parroquia ha logrado lo que la política formal no pudo:

Sanación de la memoria: El festival sustituyó el choque ideológico por la celebración de la cotidianidad compartida.
Sacramentalidad de la tierra: La Eucaristía de cierre, presidida por sacerdotes que también son microcafetaleros, legitimó el trabajo del campo como un espacio sagrado.

Buenas Nuevas en grano: La teología aquí no es abstracta; se manifiesta en la paz social y en el reconocimiento del vecino como hermano de surco.
«El café es cultura y es reencuentro, pero sobre todo, es el vehículo que anuncia que la reconciliación es posible cuando se pone la vida y el cuidado de la creación en el centro».

Una Ética para el Presente y el Futuro

El festival concluyó a las 3 de la tarde, dejando una lección clara para la región: la ecología integral es inseparable de la justicia social. Al vincular la protección de los bosques y el agua con la producción cafetalera, la Parroquia de la Medalla Milagrosa ha trazado una ruta de esperanza.
En la montaña de Jutiapa, el aroma a café recién tostado ahora se mezcla con el aire de una paz que comienza a germinar desde la raíz, demostrando que, para que el café florezca, primero debe sanar la tierra y el corazón de quienes la habitan.
Fuente: ollantayitzamna.com



![Fuentes: Rebelión [Foto: La prueba nuclear francesa «Gerboise bleue» en el Sáhara argelino (Imagen tomada del Comisariado para la Energía Atómica y las Energías Renovables)]](https://abyayalasoberana.org/wp-content/uploads/2026/03/11-comprimido-6.jpg)


