Reflexión teológica-pueblos hermanos en resistencia ante la minería metálica.
La consulta popular realizada en Asunción Mita, Jutiapa, Guatemala, que durante tres años buscó frenar el proyecto de la Mina Cerro Blanco, constituye un signo profético en medio de los desafíos ambientales y sociales de nuestra región.
Por José Roberto Gómez, profesor en Teología miembro de base del Movimiento Político REVERDES.
Este proceso no es únicamente un ejercicio democrático, sino también una experiencia profundamente espiritual que interpela a la conciencia cristiana. La comunidad, en fidelidad a su derecho a decidir sobre su futuro, ha levantado su voz en defensa del agua, de la tierra y de la vida misma, reconociendo que toda la creación es don de Dios y no simple recurso a explotar. La Iglesia católica salvadoreña, con su participación decidida en la lucha contra la minería metálica en El Salvador, ha mostrado que la fe no puede permanecer indiferente ante proyectos que amenazan la vida humana y el equilibrio ecológico. En aquel proceso, el testimonio eclesial fue claro: “No se puede servir a Dios y al dinero” (Mt 6,24), pues cuando la lógica del lucro se impone sobre la dignidad de las personas y el cuidado de la naturaleza, se traiciona el Evangelio de la vida. Esa experiencia ha iluminado también a los pueblos vecinos, mostrando que la esperanza cristiana debe traducirse en compromiso concreto por la justicia socioambiental. Desde una mirada teológica, la consulta en Asunción Mita es expresión de la opción preferencial por los pobres y por la creación. Los más vulnerables —campesinos, mujeres, niños, comunidades indígenas— son quienes más sufren los impactos de la minería. Defender sus derechos es defender el proyecto de Dios, que quiso la tierra como casa común donde todos pudieran vivir en plenitud. El Papa Francisco, en Laudato Si’, nos recuerda que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental”. Así, la consulta se convierte en un signo de comunión fraterna entre pueblos que reconocen que el agua y la vida no tienen fronteras. Hoy, tres años después, podemos afirmar que el Espíritu de Dios sigue animando a las comunidades en su discernimiento y resistencia. La consulta en Asunción Mita no fue un hecho aislado, sino parte de una corriente de gracia que une la memoria de El Salvador con el presente de Guatemala. En ambos pueblos, la Iglesia ha sido llamada a ser “Iglesia en salida”, cercana al clamor de la tierra y al grito de los pobres. Defender la creación es defender el Reino de Dios, que se manifiesta allí donde se protege la vida frente a la amenaza de la muerte.