Para las mujeres indígenas, la palabra es valiosa. Con esta pueden construir espacios para luchas comunes sin fronteras como la defensa del agua.

Por Equipo de Investigación Colaborativo de Servindi

El Titicaca, es considerado el lago de agua dulce más grande de Sudamérica y el más alto en el mundo ubicado a 3810 msnm. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), estima que cubre una superficie de 8300 km² que se extienden entre Perú y Bolivia.

Pero su majestuosidad no la ha podido salvar de la contaminación. En 2022 la Autoridad Binacional del Lago Titicaca presentó a la Cancillería de Bolivia un inventario precisando la existencia de 113 fuentes de contaminación, 32 de ellas por aguas residuales, 25 de actividades mineras, 6 de residuos mineros y 50 de residuos sólidos urbanos.

Un informe publicado en Convoca.pe indica por ejemplo, que entre los múltiples afluentes del lago hay presencia de metales pesados. Por ejemplo: en el río Coata (fósforo, arsénico, mercurio, plomo zinc y coliformes fecales), Azángaro (aluminio, arsénico, bario, cobalto, cobre, cromo, hierro, mercurio, manganeso, níquel, plomo, selenio y coliformes fecales), Huancané (boro, manganeso y coliformes fecales), Huayara (arsénico, boro y coliformes fecales), Suches (aluminio, hierro, manganeso y coliformes fecales), Callame (boro, calcio, silicio, sodio y coliformes fecales), Ilave (aluminio, arsénico, boro, cadmio, hierro, manganeso y coliformes fecales) e Illpa (aluminio, boro, magnesio, arsénico y coliformes fecales). 

Esta contaminación empujó a las mujeres a reunirse para enfrentar el problema. Así, hace cinco años se creó la Red de Mujeres Lideresas Unidas en Defensa del Agua y del Lago Titicaca que ahora es integrado por 60 mujeres de las trece provincias, entre representantes locales y provinciales del departamento de Puno, lideradas por Soraya Poma Cotrado.

Actualmente y lo que es más visible, según la mirada de Soraya Poma, es la contaminación producida por la minería, la presencia de aceite quemado que utilizan las flotas que van a la Isla de los Uros, la quema de totorales, el mal manejo de residuos sólidos que dejan turistas y que mata a peces y otras especies, así como el vertimiento de aguas residuales tanto en Perú como en Bolivia.

La Red de Mujeres impulsó la formulación de la ordenanza regional que reconoce al lago Titicaca como sujeto de derechos luego de un arduo trabajo de cuatro meses, con la finalidad de generar estrategias de cuidado y restauración de este ecosistema hídrico. Soraya Poma, describe este proceso como un trabajo arduo en el que coincidir entre mujeres y compartir espacios de aprendizaje e intercambio, fue vital.

“No ha sido nada fácil, pero nosotros como Red hemos estado constante», luego de la promulgación de la ordenanza en el diario El Peruano hoy 20 de setiembre. ahora Soraya Poma, recorre distritos cercanos al lago para socializar la esta norma y capacitar a más mujeres.

En entrevista para Servindi el abogado, Julio César Mejía, asesor legal de la Red de Mujeres explica que al reconocer al lago como sujeto de derechos se busca que perdure en el tiempo y se recupere de la contaminación actual, que se asegure los ciclos hidrobiológicos y que sus afluentes se mantengan limpios, esto a través de medidas concretas como plantas de tratamiento de residuo sólidos, el control de vertimiento de aguas servidas y otros controles.

“Nosotros lo que estamos haciendo con la ordenanza es desarrollar el derecho a gozar de un medio ambiente sano y equilibrado, adecuado para la vida. Y, el derecho a la identidad cultural ancestral que tienen los pueblos quechuas y aymaras de la región”, resalta César Mejía.

Luego de la aprobación de la ordenanza en Consejo Regional el 24 de abril, instituciones como el Ministerio de Cultura se opusieron a su promulgación indicando que ésta carecía de eficacia jurídica y generaba conflictos. La Red de Mujeres fortalecida con el apoyo del Centro Bartolomé de las Casas y el Instituto de Defensa Legal (IDL) no desistieron de su lucha.

Aunque el Estado peruano quería obstruir las acciones a nivel regional tampoco realizaba suficientes acciones como para atribuirse logros importantes a favor del lago. El abogado Juan Carlos Ruiz Molleda respondió con un fundamento claro y práctico. De las cuatro plantas de tratamiento de aguas residuales en Puno, solo una estaba en funcionamiento y se carecía desde mucho antes de más plantas similares dado el crecimiento poblacional.

“Nosotros no estamos inventando nada aquí en Perú, estamos desarrollando derechos (…), reconocidos en la Constitución, sino en tratados internacionales como el Convenio 169 de la OIT (…). En el punto técnico, en el tema de competencias ambientales, la ley especifica sobre gobiernos regionales competencias ambientales y que son competencias compartidas, más no exclusivas, del gobierno central”, explicó a detalle César Mejía.

La tarea que las mujeres se pusieron sobre los hombros no fue sencilla. Muchas de estas son madres y tienen más complicaciones a la hora de dar seguimiento a las acciones para la aprobación de la norma. Del mismo modo, muchas se sustentan de la agricultura y la artesanía, por lo que se vieron obligadas a postergar sus actividades con el único propósito común de conseguir derechos para el lago.

“He visto que ha sido un trabajo bastante sacrificado, duro, porque a veces siempre hay estas brechas de género que a veces bloquean la participación de la mujer y peor cuando se trata de mujeres indígenas y que quieren implementar una política”, reflexiona respecto a las brechas de participación de las mujeres el abogado César Mejía.

Por ejemplo, Soraya Poma se dedica a la agricultura y a la artesanía, trabajos de los que obtiene ingresos económicos para sustentar a su familia. Sin embargo, durante los meses de trabajo para la formulación de la ordenanza y la socialización con autoridades regionales, tuvo que dejar postergado la cosecha de sus cultivos.

Otra de las problemáticas más allá de la contaminación que han sobrecargado el trabajo de las mujeres, son los efectos de la crisis climática. Según un informe de Salud con Lupa tres millones de personas dependen del lago Titicaca; sin embargo, desde 2022 esta fuente ha presentado una notoria reducción.

Salud con Lupa precisa que el 55% del total de agua en el lago, proviene de lluvias que caen regularmente entre noviembre y marzo. Sin embargo, en 2022 llovió menos de lo esperado. Asimismo, si bien el lago es alimentado por afluentes como el río Ramis, Coata, Ilave, Huancané, Lampa y Cabanillas también tuvieron una reducción importante debido a que solo alcanzó el 41% y 87% de sus caudales habituales.

Para enfrentar esta sequía las mujeres de las regiones de Puno en Perú y La Paz en Bolivia, especialmente de las comunidades, idean estrategias alternativas de abastecimiento, pero también recurren a prácticas ancestrales como el pago a la laguna, siguiendo las tradiciones que les enseñaron sus abuelos y para mantener un vínculo basado en el agradecimiento.

“Yo hasta de niña recuerdo siempre, cuando mi abuelita me decía: no hay que jugarse con el agua, no hay que burlarse, hay que cuidarla, no hay que acapararse. Entonces nosotros eso seguimos revalorando (…). Nosotros como organización culturalmente, ancestralmente, espiritualmente vamos a continuar con estos rituales”, dice Soraya Cotrado.

Mientras tanto en Bolivia, mujeres de las comunidades de Quimsachata y Apuville en el municipio de Huarina a orillas del lago Titicaca se organizan para asumir el rol de guardianas del agua ante la sequía.

El medio Muy Waso, narra la historia de Sara Quispe una mujer que vive en la comunidad de Quimsachata en Bolivia y camina varias horas para conseguir agua para luego cargar pesados bidones hasta su vivienda. La sequía ha alterado su vida al igual que de muchas mujeres quienes han asumido el rol de cuidar y buscar agua, almacenarla y distribuirla de forma responsable.

“Voy hasta el pueblo de mi esposo y traigo agua en bidones, camino una hora de ida y otra de vuelta. Antes de eso tengo que pastorear mis ovejas y vacas”, cuenta Sara.

Algo parecido sucede en Apuvillque donde Olga Pajsi recorre la orilla del lago con un balde en mano, mientras pastorea sus ovejas y recuerda la angustia de los primeros meses de sequía. La falta de agua no solo impide la preparación de alimentos y la limpieza, también afecta a la agricultura, impidiendo el riego de chacras de papa y limitando la alimentación del ganado.

Para Cristina Quispe, también comunera Quimsachata, la sequía ha alterado la vida de las mujeres de su hogar, pues su hermana debe recorrer entre 20 a 57 kilómetros para conseguir agua y lavar la ropa de sus hijos.

Aunque muchas mujeres indígenas son líderes dentro de sus comunidades y existen posibilidades de participar, la sobrecarga de trabajo es una de las barreras para sumarse a proyectos de adaptación al cambio climático.

«Nos organizamos para almacenar y distribuir el agua. Recibimos agua de la pileta solo dos veces a la semana, los miércoles y sábados, y la guardamos en tachos y ollas. Algunos han comprado tanques para hacerla durar más», explica Olga Pajsi.

La lideresa Soraya Poma, considera que la lucha por la defensa del agua no tiene fronteras y por esto, junto a lideresas de Bolivia, continúan protegiendo el lago Titicaca. Concluye que más allá de todo las une las mismas costumbres, los mismos rituales.

Por eso, durante los congresos donde organizaciones de mujeres de ambos países se congregan, no solo comparten cosas en común como las acciones de monitoreo, vigilancia y control. También debaten sobre sus diferencias y se ponen de acuerdo para encontrar soluciones.

Esta valiosa experiencia del Red de Mujeres ha sido tomada en cuenta para la conformación de la reciente Red de Defensores de los ríos y cuencas del Perú que incluye a defensores y defensoras como Soraya Poma que con sus esfuerzos continúan construyendo espacios para la conservación del agua.


Con información de Convoca.pe, Salud con Lupa y fotos de la Red de Mujeres Unidas por la Defensa del Agua – Lago Titicaca. 

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Este reportaje se desarrolló en el marco del proyecto “Periodismo y protección de la Amazonía”, con el apoyo de DW Akademie y promovido por el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo. El contenido de la publicación es responsabilidad de su autor y no necesariamente refleja las opiniones de DW Akademie.

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