Informe de RAI alerta sobre la impunidad con la que operan organizaciones en la frontera de Perú y Bolivia
Organizaciones criminales cruzan reservas protegidas para abastecer un negocio millonario con destino internacional.
Servindi, 18 de julio de 2025.- En la frontera entre Perú y Bolivia, taladores ilegales arrasan bosques con impunidad debido a la carente presencia de puntos de control, pasando incluso por la Reserva Amazónica Manuripi, reveló la Red de Investigación Ambiental (RAI).
Al norte del departamento de Pando, en Bolivia, se ha convertido en uno de los principales corredores del tráfico ilegal de madera que cruza la frontera hacia Perú.
Camiones sin placa, operativos nocturnos y documentos falsos alimentan una red que destruye bosques protegidos y moviliza especies en peligro hacia mercados internacionales como China, Estados Unidos o Francia.
La comunidad Holanda, cercana a la Reserva Nacional de Vida Silvestre Amazónica Manuripi, es uno de los puntos donde comienza este recorrido clandestino, precisa el informe de RAI.
Desde allí, grupos organizados ingresan de noche, talan especies valiosas como el cedro, mara, roble, cumarú y almendrillo —algunas prohibidas por la Convención CITES—, y acopian los troncos en zonas llamadas rodeos.
La ausencia de controles policiales, forestales o aduaneros en la frontera facilita que esta madera llegue a campamentos peruanos, donde adquiere una falsa legalidad mediante Guías de Transporte Forestal adulteradas.
En estas redes de corrupción están involucrado también funcionarios corruptos, así lo demuestran casos como Los Hostiles de la Amazonía” (2020) y “Los Villanos del Tahuamanu” (2024), investigados por el Ministerio Público en Madre de Dios en Perú.
En Bolivia, entre 2020 y 2025, solo un caso fue judicializado: cuatro peruanos sorprendidos talando dentro de Manuripi. Dos fueron condenados, pero salieron libres al año siguiente.
En Perú, un operativo en Shiringayoc halló 60 mil pies tablares de cedro, una especie casi extinta en el país. Nadie fue detenido, pero las amenazas para quienes intentar frenar este delito continúan y se incrementan.
Así, el tráfico de madera no solo arrasa los ecosistemas amazónicos, también desnuda la debilidad de los Estados para controlar sus fronteras y proteger sus reservas naturales.