Nuevos datos de la opinión pública global sobre China y Estados Unidos
Fuentes: Rebelión
La mejora de la percepción de la opinión pública internacional sobre China en los últimos años confirma una tendencia profunda en el deterioro del liderazgo estadounidense durante la era Trump, que ha abierto un espacio político y simbólico que China está ocupando gracias a su coherencia estratégica.
Según la Global Survey on Impression and Understanding of China 2025, elaborada por el Global Times Institute a partir de más de 51.000 encuestas en 46 países (1.164 en España), la imagen general de China mejora de forma consistente en prácticamente todas las regiones del mundo. No se trata únicamente de una percepción económica, es también una evaluación política del papel que China desempeña en un contexto internacional marcado por la confrontación y la incertidumbre.
Este cambio nos habla también del impacto duradero de la presidencia de Donald Trump, cuyas políticas militares agresivas, su desprecio por el multilateralismo y su uso sistemático de la coerción económica están alterando profundamente la percepción global de Estados Unidos.
Datos
que apuntan a un cambio estructural
La encuesta
del Global Times Institute aporta algunos datos difíciles de
ignorar. En 2025, el 69 % de los encuestados declara tener una
opinión favorable de China, seis puntos más que el año anterior.
Aún más significativo es que el 39 % afirma tener una opinión más
favorable de China que de Estados Unidos, frente a sólo un 26 % que
se inclina por Washington. Se está produciendo una inversión
simbólica del relato que ha dominado durante décadas.
Además,
el 78 % de los encuestados considera que la “fortaleza nacional
integral” de China es fuerte, con valoraciones especialmente altas
en economía y tecnología (82 % en ambos casos). Este reconocimiento
no se limita al Sur Global y también crece en los países
desarrollados y en los europeos, tradicionalmente más alineados con
la narrativa estadounidense.
Y junto al ascenso de China
el desgaste de Estados Unidos. Casi el 70 % de los encuestados
considera que la política exterior estadounidense reciente (antes de
Venezuela y Groenlandia) tiene un impacto negativo en la comunidad
internacional. Una mayoría la asocia con hegemonía, ruptura de
normas y daño al orden global. En otras palabras, la pérdida de
legitimidad de Estados Unidos es hoy un hecho percibido por la
opinión pública mundial.

China como país de orden en un mundo desordenado
Frente a ese panorama, China aparece en la encuesta, frente a la potencia agresiva norteamericana, como un país que aporta previsibilidad. Más del 70 % de los encuestados espera que China desempeñe un papel mayor en los asuntos internacionales y cerca del 60 % considera deseable un futuro orden mundial multipolar, una idea que encaja directamente con el planteamiento estratégico chino.
Los datos reflejan una valoración pragmática de China que es vista como un país que planifica a largo plazo, que no convierte cada desacuerdo en una amenaza pública y que defiende la continuidad del sistema internacional frente a la lógica del choque permanente.
En este sentido, el apoyo internacional a las contramedidas chinas frente a los aranceles impuestos por Estados Unidos resulta especialmente significativo. Más del 70 % de los encuestados considera legítima la respuesta de Pekín, y más del 60 % critica abiertamente la política arancelaria estadounidense por elevar el coste de vida y dañar el comercio global. La defensa frente a la coerción es percibida como legítima cuando se apoya en reglas y no en ultimátums.
De
potencia emergente a referente de estabilidad
Uno
de los errores más frecuentes en el análisis occidental es
interpretar la mejora de la imagen internacional de China como una
simple consecuencia del declive estadounidense. Los datos sugieren lo
contrario y China ha construido activamente una percepción de
estabilidad en un mundo cada vez más volátil.
Mientras
Washington adopta una diplomacia de la amenaza, Pekín insiste en
conceptos como multilateralismo, respeto a la soberanía, reforma del
sistema internacional y desarrollo compartido. Para amplias capas de
la opinión pública global, especialmente en el Sur Global, este
discurso no suena abstracto y responde a experiencias históricas
concretas de subordinación, opresión y arbitrariedad.
La
creciente aceptación de un mundo multipolar es otro indicador clave.
Multilateralismo que ha dejado de ser una consigna vacía y que
refleja la intuición compartida por la opinión pública mayoritaria
de que la concentración del poder en una sola potencia es peligrosa
cuando esa potencia actúa sin autocontención.
China
ha sabido presentarse como uno de los pilares de ese nuevo
equilibrio, como contrapeso estructural. Su defensa del sistema de
Naciones Unidas, su insistencia en la reforma gradual del
orden internacional y su rechazo explícito a la lógica de bloques
rígidos han calado en una opinión pública cansada de la
confrontación permanente.
Este posicionamiento implica
que China es percibida, lejos del neutralismo o del altruismo, como
un país racional y previsible, frente a la irracionalidad y
agresividad norteamericana.
Otro factor decisivo es el estilo. La diplomacia de Trump es ruidosa, personalista y orientada al impacto inmediato. China, en contraste, opta por una diplomacia más silenciosa, técnica y de largo plazo. Y China aparece asociada a proyectos concretos de infraestructuras, de comercio, de tecnología, de planificación económica.
La encuesta del Global Times Institute confirma que China ya no es percibida únicamente como una potencia emergente, sino como un país central del sistema internacional, capaz de influir, resistir presiones y proyectar continuidad en un entorno global volátil. El aumento de las valoraciones favorables, la confianza en su desarrollo futuro y la comparación directa cada vez más favorable frente a Estados Unidos indican que la imagen de China ha entrado en una nueva fase.
En ese sentido, el progreso de China en la opinión pública internacional no es coyuntural. Refleja un cambio profundo en los criterios con los que las sociedades evalúan el poder global. Y esos criterios -estabilidad, previsibilidad, progreso y bienestar ciudadano- son precisamente los terrenos en los que China ha logrado avanzar con mayor claridad.
Pedro Barragán es economista y asesor de la Fundación Cátedra China. Autor del libro “Por qué China está ganando”
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
Fuente: rebelion.org






