Lo ocurrido golpea de muerte la credibilidad del proyecto libertario en Argentina y deja en jaque a la derecha chilena, que se ve forzada a explicar por qué comparte referentes y financistas con un sector político financiado por el narco. La pregunta es inevitable: ¿puede un movimiento que recibe dinero del crimen organizado, y lo lava en la opacidad de las criptomonedas, proclamarse adalid de la lucha en contra del crimen organizado?

Por: Nicolás Romero Reeves

La política argentina y regional acaba de recibir un golpe demoledor. Documentos judiciales de Texas, respaldados por registros del Bank of America, revelaron que el diputado José Luis Espert, uno de los libertarios más cercanos al presidente Javier Milei, recibió 200 mil dólares del empresario aeronáutico Federico Machado, actualmente acusado en Estados Unidos de lavado de dinero y narcotráfico internacional.

La prueba consiste en una planilla contable incautada en la investigación que se sigue contra Machado por el envío de cargamentos de cocaína a través de su flota de aeronaves, donde aparece claramente consignada la transferencia a Espert. La situación escaló aún más cuando el propio diputado, lejos de negar el hecho, difundió un video en el que reconoce haber recibido el pago, aunque intentó justificarlo como “apoyo empresarial” a su actividad política. Su aclaración, plagada de evasivas, ha dejado más dudas que certezas.

En Chile, los sectores que buscan reeditar la ola ultraderechista con pretensiones presidenciales —muchos de ellos aliados del mileísmo— han construido su relato en torno a la “lucha contra el narcotráfico” y la “seguridad ciudadana”. Sin embargo, la realidad demuestra que en su entorno político circula dinero manchado de cocaína.

La conexión no se detiene ahí. Investigaciones paralelas apuntan a que las redes de Machado también se habrían servido de plataformas de criptomonedas para mover y lavar capitales ilícitos, en una operatoria que conecta al narcotráfico con la criptoestafa, fenómeno en expansión en América Latina. Con este entramado, se derrumba la fachada de transparencia que Milei y sus socios intentan levantar, mientras crece la percepción pública de una “Narcoderecha” dispuesta a todo por financiar sus proyectos de poder.

Lo ocurrido golpea de muerte la credibilidad del proyecto libertario en Argentina y deja en jaque a la derecha chilena, que se ve forzada a explicar por qué comparte referentes y financistas con un sector político financiado por el narco. La pregunta es inevitable: ¿puede un movimiento que recibe dinero del crimen organizado, y lo lava en la opacidad de las criptomonedas, proclamarse adalid de la lucha en contra del crimen organizado?

 

Fuente: revistadefrente.cl

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