El 17 de julio se celebra el Día Mundial de la Justicia Internacional, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la importancia de la justicia global y el papel fundamental de las instituciones que la garantizan. Este día conmemora la adopción del Estatuto de Roma en 1998, el tratado fundacional de la Corte Penal Internacional (CPI).
La historia de la justicia internacional es compleja y se remonta a los albores del siglo XX. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), establecida en 1945 como el principal órgano judicial de las Naciones Unidas, ha sido un pilar en la resolución pacífica de disputas entre estados. Entre sus casos más emblemáticos se encuentran el asunto de la Plataforma Continental (Libia c. Malta) y el caso Nicaragua c. Estados Unidos, donde la CIJ dictaminó sobre el uso de la fuerza y la intervención en asuntos internos de otros estados.
Por otro lado, la Corte Penal Internacional (CPI), inaugurada en 2002, representa un hito crucial en la lucha contra la impunidad por los crímenes más atroces: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y el crimen de agresión. La CPI ha llevado a cabo sentencias históricas, como la condena a Thomas Lubanga Dyilo por el reclutamiento de niños soldados en la República Democrática del Congo, y la de Jean-Pierre Bemba Gombo por crímenes de guerra y lesa humanidad. Estos fallos, aunque a menudo desafiantes, envían un mensaje claro de que no habrá paz para quienes cometen tales atrocidades.
En el contexto actual, la necesidad de respaldar la justicia internacional es más urgente que nunca. Nos enfrentamos a un panorama de crecientes conflictos armados, donde las leyes y normas internacionales son desafiadas constantemente. Las guerras internacionales, con su devastador impacto en la población civil, exigen una rendición de cuentas rigurosa. En este escenario, la situación en Palestina, donde se observan actos que la comunidad internacional y diversos expertos jurídicos califican como genocidio por parte de Israel, resalta la imperiosa necesidad de una intervención judicial imparcial y decidida. La inacción o la politización de la justicia en estos casos solo socavan la credibilidad de las instituciones y perpetúan el sufrimiento.
Asimismo, la «bravuconada» de algunos gobiernos, como el de Estados Unidos, que en ocasiones parece ignorar o incluso desafiar los principios básicos de la convivencia pacífica internacional y los derechos humanos, representa una amenaza directa al orden jurídico global. La unilateralidad y el desprecio por las normas internacionales minan la confianza en el sistema y debilitan los mecanismos diseñados para prevenir conflictos y proteger a las poblaciones vulnerables.
En este Día Mundial de la Justicia Internacional, es fundamental reafirmar nuestro compromiso con un orden mundial basado en el derecho y la justicia. El apoyo a la CIJ y la CPI, así como el respeto irrestricto a sus decisiones, no es solo una cuestión de principios, sino una necesidad pragmática para la construcción de un mundo más justo, pacífico y seguro para todos. La impunidad nunca debe ser una opción.