Cocinar con carbón, aguantar sin agua; mujeres y adultos mayores son los más golpeados por la orden ejecutiva de Trump.

Mujeres cubanas cocinando la cena a oscuras con carbón. Las imágenes de estas escenas se han vuelto representativas del momento especialmente duro que atraviesa el país, pero también resaltan el ingenio y la capacidad de resiliencia. “Tenemos apagones que superan las 24 horas. A veces nos ponen 3 horas de corriente, y no da tiempo para que se enfríen las cosas en el refrigerador. Hay que cocinar lo que vas a comer en el día, porque se te echa a perder. ¿Y cómo haces eso cuando trabajas y tienes que ir a la ciudad, a ocho kilómetros, a comprar lo que necesitas?”, sostiene Caridad Curbelo Crespo. Con Estados Unidos impidiendo que otros países le vendan petróleo a Cuba, no hay combustible para que el transporte recorra esos ocho kilómetros.

Ahora todo se ha complicado más con las últimas sanciones de Trump, afirma Curbelo. Se refiere a la orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 29 de enero de 2026, donde declara una “emergencia nacional” respecto a Cuba y establece un sistema de aranceles a los productos de aquellos países que suministren, directa o indirectamente, petróleo a la nación caribeña. 

Dos semanas después, Cuba enfrenta una escasez crítica de combustible. A principios de febrero, el Financial Post afirmó que al país solo le quedaba petróleo para 15 o 20 días. Como resultado, la gasolina está racionada y la mayoría de los servicios de transporte han sido suspendidos, lo que a su vez afecta la distribución de alimentos y otros productos. Los pacientes no pueden llegar a los hospitales por falta de transporte. Cuba genera actualmente unos 1000 megavatios, o el 38% de su electricidad diurna, con paneles solares, pero para el resto necesita petróleo para la generación eléctrica. La falta de energía provoca apagones prolongados y diarios, que afectan gravemente la cocción de alimentos, la refrigeración y la producción de comida. Las bombas de agua y las comunicaciones están severamente afectadas; y se han reducido las jornadas escolares y laborales.

Dos semanas después, Cuba enfrenta una escasez crítica de combustible.

El objetivo declarado es presionar al gobierno cubano. El efecto real, como documentan los testimonios de quienes habitan la isla, es el castigo colectivo a una población ya agotada por seis décadas de sanciones.

Curbelo tiene 80 años y vive con su hermano en el kilómetro 8 de la carretera a Viñales, Pinar del Río en el extremo occidental del país. Ambos están jubilados, pero continúan trabajando. “Los dos hemos querido mantenernos activos y nuestra salud nos lo ha permitido”, explica Curbelo. “Además, necesitamos ese dinero para llegar a fin de mes, porque la pensión no es suficiente para vivir, menos con esta crisis”, agrega.

Ella trabaja en las oficinas de una Cooperativa de Créditos y Servicios —una forma de organización de la producción agropecuaria en Cuba— a varios kilómetros de su casa. Su hermano es custodio en una cooperativa de plantas medicinales. Cuando habla de las dificultades, no separa lo económico de lo doméstico: son la misma cosa, asegura.

“Las mujeres lo sentimos el doble, porque además de trabajar en la calle, también tenemos que preocuparnos de las labores de la casa. Yo, por ejemplo, soy quien me encargo de todo: cocinar, lavar, limpiar, incluso las compras. En mi casa siempre fue así, y ahora de viejos, las cosas no cambiaron”.

Los apagones, dice Curbelo, han venido a complicar más todo. Habitualmente cocinaba con electricidad, porque el gas licuado es normado: “A veces solo puedo comprar una balita de gas en el año”. Por eso han tenido que volver al carbón.

“Es más trabajoso, pero no es nuevo para mí. Mi mamá siempre tuvo su hornilla de carbón. El tema es que el saco de carbón ahora es muy caro: 1.500 pesos es la oferta más económica”.

La crisis energética no es un fenómeno aislado. Es el punto de convergencia de una crisis económica previa —inflación, escasez de divisas, deterioro de infraestructuras— y el impacto de restricciones financieras y comerciales por parte de EE.UU. que encarecen o dificultan la importación de combustibles, pero también de insumos básicos e incluso medicamentos.

Pável Alemán Benítez, profesor e investigador de la Universidad de La Habana y analista de temas internacionales, sitúa la escalada actual en un marco más amplio.

“El recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos contra Cuba es parte de la estrategia de control territorial que tiene el gobierno de Trump sobre el espacio del continente americano”, explica en entrevista para Truthdig. 

“Han visto una ventana de oportunidad a partir del debilitamiento de las instituciones internacionales relacionadas con el derecho internacional. Sobre todo si tomamos en cuenta lo que ha sucedido en Gaza, donde han burlado literalmente a Naciones Unidas. Han intentado replicar ese modelo de actuación en América”.

Con la orden ejecutiva del 29 de enero, apuestan por el quiebre de la sociedad cubana, por una una ruptura de su tejido social a partir del agotamiento de la población con todas las restricciones que implica para la vida cotidiana la carencia de energía, señala Alemán. 

“Hace muy incómoda la vida del ciudadano común. En cualquier país, esto tiende a reflejarse en un aumento de la protesta social, y eso se busca para desestabilizar al gobierno”.

Es el viejo memorando de Mallory de 1960, actualizado para el siglo XXI: provocar “hambre, desesperación y el derrocamiento del Gobierno” mediante la asfixia económica. 

En cuanto a los métodos empleados, el analista señala que “el gobierno de Trump presiona con aranceles a todos los países de la comunidad internacional, pero en particular a aquellos que tienen mayor dependencia del mercado estadounidense. Eso los coloca en una posición privilegiada para imponer condiciones”.

A su juicio, el caso de Cuba obedece a “una vieja añoranza de deshacerse de uno de sus adversarios más longevos, ubicado justo frente a las costas de Estados Unidos. Por decirlo de alguna manera: deshacerse del mal ejemplo de Cuba”.

Sobre el impacto concreto de las sanciones en la economía cubana, Alemán explica que “el bloqueo ha afectado extraordinariamente la capacidad de la economía cubana. Al tener que importar desde mercados más lejanos, se produce un aumento considerable del costo del flete y del seguro marítimo”.

Destaca el efecto disuasorio sobre el comercio internacional: “Hay mucha gente que no está dispuesta a comerciar con Cuba por los riesgos que implican las sanciones. Las instituciones financieras lo saben perfectamente: ha habido bancos de todos los países implicados, incluso europeos, que han recibido multas millonarias. Hace poco un banco francés recibió una notificación por miles de millones de dólares. Lógicamente, después de eso nadie quiere correr el riesgo de participar en una transacción con Cuba. Atemorizan a los actores del comercio internacional”.

“Hace muy incómoda la vida del ciudadano común.”

Al referirse a la centralidad de Venezuela en esta crisis —luego del secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros, el pasado 3 de enero, en un ataque militar perpetrado por Estados Unidos a Caracas y otros puntos de ese país— el investigador apunta que “han comenzado por Venezuela por varias razones”.

Para asegurarse petróleo en caso de una crisis mundial importante, pero también para matar dos pájaros de un tiro: debilitar a un gobierno aliado de Cuba y cortar el suministro energético que durante 25 años llegó desde Caracas en condiciones favorables y que se compensaba a partir del costo de los servicios médicos y otros profesionales cubanos en Venezuela, considera.

“Cuba llegó a importar de Venezuela hasta 110.000 barriles diarios de petróleo, lo que cubría el total de la demanda importada. Esa cifra se fue reduciendo, y con este corte abrupto —la persecución de los buques que trasladaban petróleo desde Venezuela— la situación se complica mucho”.

México fue el segundo mayor proveedor de petróleo a Cuba en 2025. “Otro potencial suministrador, México, tiene presiones internas por la situación de Pemex y presiones externas de Estados Unidos ante la posibilidad de aranceles si exporta petróleo a Cuba. México tiene una interdependencia profunda con Estados Unidos. No sería un problema menor. Esto cuestiona la capacidad de los estados para tomar decisiones soberanas”, subraya.

El jueves México envió más de 800 toneladas de ayuda humanitaria en los buques Papaloapan e Isla Holbox. La Presidenta Claudia Sheinbaum dijo que su país puede recibir ayuda humanitaria de otros países para enviar a Cuba. No enviaron petróleo debido a la amenaza de Trump. 

En este escenario, Alemán considera que el gobierno cubano “tiene que tomar decisiones rápidas y asertivas, concentrar los recursos para garantizar los servicios básicos de la población”. Esto implica “aumentar la producción de petróleo nacional para cubrir el déficit. Se reducirá el consumo de energía y quien lo va a sentir más será el habitante común en sus zonas residenciales”, explica.

A todo eso se suma el “nivel de obsolescencia de las plantas termoeléctricas. Muchas han sufrido averías frecuentes por el envejecimiento de sus equipos. Demandarían una reparación capital o la construcción de nuevos bloques de generación, una inversión millonaria. Sería un proceso paulatino con tecnología probablemente de China o Rusia, pero habría que ver en qué condiciones financieras”, reflexiona.

El gobierno cubano ha reconocido la gravedad de la situación. El 5 de febrero, en comparecencia ante la prensa, el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez anunció medidas para enfrentar lo que denominó “bloqueo energético” y denunció la estrategia de asfixia: “¿Qué derecho tiene una nación para evitar que a un país le llegue combustible?”, dijo.

Al día siguiente varias carteras ministeriales anunciaron múltiples medidas: concentración de actividades administrativas de lunes a jueves, reorganización de actividades docentes y el sistema de salud para mantener vitalidad, suspensión de servicios de transporte público y ajuste de los trenes nacionales a una salida cada ocho días, priorizando el combustible para actividades esenciales.

El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, informó que se posponen las ventas de combustible en moneda nacional y se limita la venta en dólares a 20 litros por cliente a través de una plataforma digital, ante la imposibilidad de mantener los mismos niveles de venta.

La afectación alcanza también a la aviación. Según informó un ejecutivo de una aerolínea europea a la AFP, las autoridades cubanas comunicaron a las compañías que operan en el país que el suministro de queroseno quedó suspendido durante un mes a partir del pasado lunes 9 de febrero debido a la crisis energética.

En su intervención, Díaz-Canel Bermúdez reiteró la disposición histórica al diálogo en condiciones de respeto: “Cuba está dispuesta a un diálogo con los Estados Unidos sobre cualquiera de los temas que se quieran debatir .. sin presiones, en una posición de iguales, con respeto a nuestra soberanía y autodeterminación … Las cubanas y los cubanos no odiamos al pueblo norteamericano, reconocemos valores de su historia y su cultura”.

Para Alemán “lo que hay en curso es un ejercicio de dominación, no ya de hegemonía. Estados Unidos tuvo un instrumento clave para generar hegemonía: la USAID, que ejecutaba proyectos de ayuda al desarrollo. Trump terminó con USAID. Eso revela que no están interesados en construir influencia, sino que apuestan al uso del instrumento duro: el militar y el coercitivo con aranceles”.

Vicente Infante Martínez, 73 años, jubilado, vive en el reparto Celso Maragoto de Pinar del Río. Se considera un “privilegiado”.

“Pertenezco a un circuito donde respetan los horarios planificados: 6×6 horas durante el día y 4×4 en la noche. En otras zonas los apagones pueden llegar a ser de hasta más de 24 horas y nunca sabes cuándo te quitarán la corriente”, dice Infante. El 6×6 significa seis horas con luz y seis horas sin luz.

Esa relativa previsibilidad le permite organizarse: cocinar, abastecerse de agua. Pero hay cosas que escapan a su control.

“Ponen agua cada 30 días. Eso me deja sin reservas. No puedo pagar una pipa que me reabastezca: cobran más de 4.000 pesos cubanos, mi jubilación entera. Y ni siquiera llegan a donde vivo por el mal estado de las calles. Vivo solo y esto es una gran complicación, porque no puedo cargar agua desde el acueducto, a unos 500 metros de mi casa. He estado en más de una ocasión sin agua durante semanas”.

Infante señala un problema que las cifras macroeconómicas no capturan: la inflación devora las pensiones, en un país altamente envejecido. Cuba cerró 2024 con el 25.7% de su población envejecida, situándose como uno de los países más envejecidos de América Latina y el Caribe.

“Las personas jubiladas somos de los que más estamos sufriendo esta crisis. Los medicamentos que tengo prescritos por mi hipertensión y una cardiopatía, comprarlos mensualmente en el mercado informal, porque en las farmacias no existen. El costo casi duplica mi jubilación. ¿Cómo compro entonces los alimentos?”

Sus hijos cubren sus gastos. “Soy consciente de que en estos tiempos una persona mayor sin el apoyo de sus familiares no puede cubrir sus necesidades básicas”, dice.

Arletis Arronte Quintana, 30 años, vive en el mismo reparto que Infante. Hasta hace unos meses trabajaba como cajera en un restaurante privado. Nació su bebé y está de licencia de maternidad. La licencia de maternidad en Cuba, ofrece protección integral, incluyendo licencias pre y postnatales, con la reciente extensión de la prestación social hasta los 15 meses de vida del menor.

Las dificultades económicas también afectan más a las mujeres. María del Carmen Zabala Argüelles, doctora en Ciencias Psicológicas y coordinadora del área “Desigualdades sociales y políticas de equidad” en Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO-Cuba, ha documentado cómo el deterioro económico reduce la participación femenina en el empleo formal y expande estrategias informales de supervivencia. También, la socióloga Mayra Espina Prieto ha explicado que las desigualdades estructurales —de género, edad y territorio— no desaparecen en escenarios de crisis: se reconfiguran y, muchas veces, se profundizan.

“Me preocupa nuestra situación económica.”

En la práctica, eso significa para muchas mujeres más horas de trabajo doméstico no remunerado, más carga de cuidados y más estrés físico y emocional cuando faltan servicios básicos. Con frecuencia, son ellas quienes cocinan con carbón o leña, y buscan agua. Cuidar a personas enfermas sin ventiladores o refrigeración adecuada añade riesgo. Las mujeres sostienen esa ecuación diaria.

“Ganaba un buen salario y eso me permitía cubrir sin dificultades las necesidades básicas de mi mamá, mi abuela y mías. Ellas están jubiladas, cobran una pensión, pero no es suficiente en estos tiempos. La casa siempre la he mantenido yo,” dice Arronte.

Cuando termine su licencia, no sabe si volverá. “Tiene unos horarios y una carga de trabajo muy fuerte, que para una madre soltera no es posible mantener. Me preocupa nuestra situación económica. La inflación ha ido en aumento y cada vez el dinero rinde menos. Insumos básicos, las medicinas … se van encareciendo más. Con personas mayores (su mamá y su abuela) y ahora un bebé en casa, eso siempre es un gasto mayor que hay que priorizar”.

Con parte de sus ahorros compró una mini estación eléctrica para poder conectar el refrigerador y los ventiladores. “Cocinar debemos hacerlo con carbón. Yo recuerdo a mi mamá cocinando con carbón durante los años 90. Nunca pensé que yo tendría que vivir lo mismo en esta misma casa”.

Reconoce que no es de las que peor la están pasando. “Pero a todos nos toca esta crisis de alguna manera. Hice muchos sacrificios personales, de mi tiempo, mi salud, mi energía, para tener algunos ahorros, poder viajar, prosperar. Y veo cómo pierden valor por día, cómo se están yendo en garantizar la sobrevivencia. No hay un horizonte claro de mejoría”, comenta.

Según el informe de Cuba presentado en mayo de 2025 ante Naciones Unidas, el bloqueo causó daños por 7.556,1 millones de dólares entre marzo de 2024 y febrero de 2025, un incremento del 49% respecto al período anterior. Acumulados durante más de seis décadas, los daños ascienden a más de 170.000 millones de dólares a precios corrientes, mientras que si se toma en cuenta el comportamiento del dólar frente al valor del oro en el mercado internacional, el bloqueo ha provocado perjuicios cuantificables por 2 billones 103.897 millones de dólares. En el sector de la salud, las pérdidas superaron los 288 millones de dólares en ese mismo período. Hay 364 medicamentos en falta. Más de 94.000 pacientes esperan cirugía, entre ellos casi 10.000 niños.

El Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) reporta que la escasez de quimioterapia obliga a modificar protocolos y reajustar dosis. En oncopediatría, medicamentos como la Lomustina y el Metotrexato han tenido que ser sustituidos por fármacos de segunda y tercera línea, de menor efectividad. La supervivencia en algunos cánceres infantiles se ha reducido del 75% al 60%.

“Tenemos que reinventarnos cada día”, dice la doctora Mariuska Forteza Sáez, jefa del servicio de Oncopediatría del INOR a Granma. La orden ejecutiva significa más incertidumbre por el suministro de insumos médicos y el agotamiento total de los suministros energéticos a los hospitales, fundamentalmente para el mantenimiento de los soportes vitales en terapias intensivas y otros servicios asistenciales.

Estrella Acosta, 63 años, ama de casa y costurera, vive en La Habana Vieja, cerca del Capitolio nacional. La capital tampoco escapa a los apagones. Tiene servicio de gas, lo que es un alivio. Pero el agua la castiga. En su zona, históricamente crítica, el abasto depende de pipas y camiones cisternas. “Ante la falta de combustible, los ciclos se han espaciado”.

Ella sostiene su hogar con su máquina de coser. “Pero ya me cuesta sentarme. El tiempo de electricidad muchas veces solo alcanza para sobrevivir, las tareas básicas”.

Otras trabajadores también se ven afectadas por el endurecimiento del bloqueo. D’Madera Habana, un proyecto especializado en diseño, fabricación y restauración de muebles, cumple dos años este mes. Lo celebraron, según publicaron en sus redes sociales que siguen trabajando. Sin embargo, en enero, perdieron 76 horas laborales por la crisis energética: “una caída del 39,5% de nuestra capacidad productiva y una igual reducción de nuestros ingresos”. 

Los bajos resultados productivos disminuyen los salarios, lo que provoca que la fuerza de trabajo emigre a otros sectores menos dependientes de la energía. Una fluctuación en el capital humano que se presenta como un nuevo obstáculo.

Desde el poblado de Falla, una zona rural del municipio de Chambas, en Ciego de Ávila, a más de 400 kilómetros de La Habana, el proyecto “Mary Fe, amor y vida”, fundado por Maylie Sánchez Jiménez, confecciona y entrega gratuitamente prótesis mamarias textiles a mujeres mastectomizadas. Nació inspirado en la experiencia de cáncer de mama de su madre, que hoy es parte esencial del proyecto.

En su comunidad, los prolongados apagones ahora están reduciendo a veces la electricidad a apenas una o dos horas diarias. “Tiempo que debe distribuirse con precisión entre las producciones que generan ingresos y la confección gratuita de prótesis”, explica Sánchez Jiménez.

Aun así, el taller se mantiene como espacio de empleo y crecimiento para mujeres en situación de vulnerabilidad. 

En el Reino Unido, más de 100 parlamentarios, líderes sindicales, académicos y figuras culturales firmaron un “Llamamiento Urgente por la Paz y la Soberanía”. El exlíder laborista Jeremy Corbyn, el economista Yanis Varoufakis y 25 secretarios generales de sindicatos se sumaron al documento, que exige al gobierno británico y a la UE oponerse “de manera inequívoca a cualquier amenaza o uso de fuerza militar contra Cuba”.

El 12 de febrero, varios titulares de mandato del Consejo de Derechos Humanos de la ONU emitieron una declaración conjunta condenando la orden ejecutiva de Trump como una “grave violación del Derecho internacional”.

Mientras, el día a día dibuja el mapa real del cerco: el de la vida que se organiza día a día, hora a hora, entre apagones, escasez y la voluntad de seguir.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: rebelion.org

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