«Sin embargo, esta narrativa no tiene respaldo empírico en los informes técnicos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Según el Informe Mundial de Drogas 2025, la producción de cocaína está concentrada en Colombia, Perú y Bolivia. Ni Venezuela ni Ecuador aparecen como países productores de hoja de coca. Los flujos principales hacia EE. UU. y Europa pasan por el Pacífico oriental (Colombia–Centroamérica–México) y por los puertos de Guayaquil y Brasil, con destino final en Rotterdam, Amberes o Hamburgo.

Es decir, la tesis de un cartel estatal venezolano carece de evidencia documentada en los estudios especializados más serios a nivel internacional.»

Por Nicolás Romero Reeves

El reciente despliegue de tres destructores Aegis de la Armada de Estados Unidos en aguas cercanas a Venezuela marca un punto de inflexión en la estrategia de Washington hacia la región. Con el pretexto de intensificar la “lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado”, la Casa Blanca anunció el uso de “todos los elementos del poder nacional” para enfrentar lo que denomina una “amenaza procedente desde Venezuela”. En paralelo, el presidente ecuatoriano Daniel Noboa —alineado con la política exterior norteamericana— ha declarado al llamado “Cartel de los Soles” como grupo terrorista, reforzando la narrativa securitizadora que intenta instalar la existencia de un “narcoestado” venezolano.

La reacción del presidente Nicolás Maduro fue inmediata: movilizar a millones de milicianos para “defender mares, cielos y tierras” ante lo que calificó como una amenaza extravagante. El presidente colombiano Gustavo Petro, en contraste con su par ecuatoriano, advirtió que una invasión sería “el peor error”, pues podría convertir a Venezuela en una “nueva Siria” y arrastrar a toda la región a un conflicto de grandes proporciones.

El reciclaje de la Doctrina de Seguridad Nacional

Lo que observamos no es nuevo. En el siglo XX, la Doctrina de Seguridad Nacional legitimó dictaduras militares en América Latina bajo la excusa de la lucha contra el comunismo. Hoy, el discurso se ha reciclado: el “enemigo interno” se viste de narcotraficante y terrorista. La securitización del continente tiene como núcleo la idea de que existe un clan criminal al interior del Estado venezolano, responsable de inundar de cocaína a Estados Unidos y Europa.

Sin embargo, esta narrativa no tiene respaldo empírico en los informes técnicos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Según el Informe Mundial de Drogas 2025, la producción de cocaína está concentrada en Colombia, Perú y Bolivia. Ni Venezuela ni Ecuador aparecen como países productores de hoja de coca. Los flujos principales hacia EE. UU. y Europa pasan por el Pacífico oriental (Colombia–Centroamérica–México) y por los puertos de Guayaquil y Brasil, con destino final en Rotterdam, Amberes o Hamburgo.

Es decir, la tesis de un cartel estatal venezolano carece de evidencia documentada en los estudios especializados más serios a nivel internacional.

El llamado “Cartel de los Soles” no aparece en ningún informe de la UNODC ni de la JIFE como estructura criminal organizada. Más bien, ha sido una construcción política y judicial impulsada por el Departamento de Justicia de EE. UU. (DoJ), particularmente desde 2020, cuando acusó a Nicolás Maduro y a varios oficiales de “narco-terrorismo” junto a las FARC.

Expertos como Fernando Casado han señalado que se trata de una fantasía mediática destinada a justificar intervenciones. Incluso Insight Crime, centro de investigación especializado en crimen organizado, reconoce que no existe un cartel jerárquico con cohesión interna, sino más bien redes dispersas de corrupción sin coordinación centralizada. El canciller venezolano Jorge Arreaza fue categórico: el “Clan de los Soles” es una invención mediática diseñada para justificar un cambio de régimen.

La contradicción: presidentes de derecha bajo sospecha narco

Paradójicamente, mientras se demoniza al gobierno bolivariano con acusaciones sin sustento, los presidentes de derecha en la región cargan con denuncias mucho más concretas de connivencia con el narcotráfico:

En Ecuador, investigaciones periodísticas y policiales han vinculado a Noboa Trading, empresa de la familia del presidente, con contenedores de banano contaminados con cocaína que partieron desde Guayaquil hacia Europa entre 2020 y 2022. Aunque Noboa niega responsabilidad directa, el caso está documentado en medios como InSight CrimeRevista Raya y The Grayzone.

En Colombia, el expresidente Álvaro Uribe fue condenado en 2025 por soborno y fraude procesal al manipular testigos en investigaciones sobre sus vínculos con paramilitares y narcotraficantes. Si bien un tribunal superior lo liberó por tecnicismos procesales, el hecho histórico permanece: es el primer expresidente colombiano condenado penalmente.

La ironía es evidente: mientras se acusa a Venezuela sin pruebas sólidas de ser un “narcoestado”, son gobiernos de derecha los que arrastran condenas y escándalos probados de complicidad con el narcotráfico.

La actual ofensiva militar y discursiva contra Venezuela responde menos a una política antidrogas que a una estrategia de control geopolítico. La securitización bajo la bandera de la “lucha contra el crimen” busca reinstalar la injerencia militar estadounidense en Sudamérica, al igual que la Doctrina de Seguridad Nacional lo hizo durante la Guerra Fría.

La demonización de Venezuela mediante el mito del “Clan de los Soles” es parte de esa estrategia. La realidad, respaldada por la ONU, es que la cocaína se produce en Colombia, Perú y Bolivia, se exporta por Ecuador y Brasil, y se consume en Estados Unidos y Europa. La narrativa que acusa a Maduro y a las Fuerzas Armadas Bolivarianas carece de sustento técnico y responde a una lógica de intervención política.

Al final, los hechos muestran que quienes hoy lideran esa campaña securitizadora —los presidentes de derecha aliados a Washington— son los mismos que cargan con las denuncias y condenas más graves por vínculos con el narcotráfico en la región.

 

Fuente: revistadefrente.cl

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