El asesinato de periodistas por parte del régimen de Israel
«El 10 de agosto de 2025, en uno de los ataques más brutales contra la prensa desde que comenzó la guerra, un bombardeo israelí destruyó la tienda de prensa frente al hospital Al-Shifa en la ciudad de Gaza. Allí trabajaban periodistas de Al Jazeera, entre ellos el reconocido corresponsal Anas al-Sharif, quien junto a cuatro colegas perdió la vida mientras documentaba la devastación. Entre las víctimas se encontraba también su sobrino adolescente. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) justificaron el ataque acusando a al-Sharif de ser miembro de Hamás, afirmación rechazada por Al Jazeera, el CPJ y RSF, que denunciaron un asesinato selectivo y crimen de guerra. En Gaza, la cámara y el chaleco identificatorio ya no protegen: marcan el objetivo.»
Por: Nicolás Romero
Desde el inicio de la ofensiva israelí contra Gaza, el 7 de octubre de 2023, el asesinato de periodistas se ha convertido en un fenómeno sistemático. A continuación, algunos de los casos más representativos documentados por el Sindicato de Periodistas Palestinos, Reporteros Sin Fronteras (RSF) y el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ):
Mohammad Al-Tanani – Freelance – Beit Lahia – 9 de octubre de 2023.

Saed Radwan – Quds News Network – Ciudad de Gaza – 27 de octubre de 2023.
Hamza Abu Salmiya – Fotoperiodista independiente – Ciudad de Gaza – 27 de octubre de 2023.
Haneen Mahmoud Baroud – Radio Gaza FM – Ciudad de Gaza – 27 de octubre de 2023.
Samer Abu Daqqa – Al Jazeera – Khan Yunis – 15 de diciembre de 2023.
Adel Zorob – Freelance – Rafah – 19 de diciembre de 2023.
Saed Abu Nabhan – Camerógrafo independiente – Ciudad de Gaza – 10 de enero de 2025.
Ahmad al-Louh – Cámara de Al Jazeera – Ciudad de Gaza – 22 de diciembre de 2024.
Mohammed Jaber al-Qarinawi – Fotoperiodista – Deir al-Balah – 24 de diciembre de 2024.
Mohammed Balousha – Periodista independiente – Beit Lahia – 26 de diciembre de 2024.
Hassan Aslih – Alam24 News – Khan Yunis – 13 de mayo de 2025.
Ismail Abu Hatab – Fotógrafo independiente – Ciudad de Gaza – 30 de junio de 2025.
Anas al-Sharif – Al Jazeera – Ciudad de Gaza – 10 de agosto de 2025.
El 10 de agosto de 2025, en uno de los ataques más brutales contra la prensa desde que comenzó la guerra, un bombardeo israelí destruyó la tienda de prensa frente al hospital Al-Shifa en la ciudad de Gaza. Allí trabajaban periodistas de Al Jazeera, entre ellos el reconocido corresponsal Anas al-Sharif, quien junto a cuatro colegas perdió la vida mientras documentaba la devastación. Entre las víctimas se encontraba también su sobrino adolescente. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) justificaron el ataque acusando a al-Sharif de ser miembro de Hamás, afirmación rechazada por Al Jazeera, el CPJ y RSF, que denunciaron un asesinato selectivo y crimen de guerra. En Gaza, la cámara y el chaleco identificatorio ya no protegen: marcan el objetivo.
Este crimen es parte de una escalada que ha convertido al enclave en un laboratorio de exterminio y control narrativo. Desde octubre de 2023, más de 230 periodistas palestinos han sido asesinados por fuego israelí, muchos claramente identificados como prensa y ejerciendo su labor informativa. El plan es claro: eliminar testigos antes del siguiente acto del drama —la ofensiva total sobre lo que queda del enclave— para impedir que sea visto y documentado. En las últimas semanas, Israel ha intensificado bombardeos sobre zonas ya despobladas, cercado hospitales y reforzado el despliegue de tropas hacia el sur, donde la población desplazada sobrevive entre hambre y epidemias.
Matar periodistas no solo apaga voces: borra la memoria colectiva. La guerra contra Gaza no se libra únicamente con tanques y misiles, también en el terreno informativo. Israel sabe que sin imágenes ni testimonios el horror puede presentarse como “operaciones de seguridad” o “ataques contra terroristas”. El asesinato de Anas al-Sharif y su equipo es una advertencia inequívoca: el escenario del horror está por abrir su acto final, y quienes podrían narrarlo están siendo eliminados. Gaza se enfrenta no solo a una ofensiva militar total, sino también a un apagón informativo que amenaza con convertir la masacre en un crimen sin testigos.







