«Los vínculos internacionales de Bathich son elocuentes. Fue representante en Chile del hijo del traficante de armas Adnan Khashoggi, y mantenía relaciones con Monzer Al Kassar, célebre contrabandista sirio vinculado a operaciones del Mossad y de la CIA durante la Guerra Fría. En Chile, su influencia alcanzaba a militares en retiro y a sectores de la derecha empresarial emergente.

Mientras tanto, la familia Ochoa Galvis —socios de Bathich— invertía en propiedades en Lo Barnechea, Rapel y Rengo, mientras la DEA los rastreaba por sus nexos con el cartel de Medellín. Bathich, por su parte, compró terrenos a nombre de sociedades anónimas con acciones al portador, imposibles de rastrear, construyendo una mansión con helipuerto y antenas de transmisión a orillas del lago Rapel.»

Por: Nicolás Romero Reeves

En el vértice donde confluyen la impunidad, el dinero sucio y la herencia pinochetista, aparece un nombre que el poder político chileno ha preferido olvidar: Edgardo Bathich Villarroel. Empresario, financista y hombre de múltiples rostros, Bathich fue —según una investigación de CIPER Chile— el eje de una red que articuló negocios de narcotráfico, tráfico de armas y lavado de activos, con la participación directa de los hijos de Augusto Pinochet y la protección del entorno militar y político de la dictadura.

El reportaje de CIPER, “Los negocios, propiedades y condenas de los traficantes vinculados con los Pinochet Hiriart” (11 de septiembre de 2023), reconstruye una trama que atraviesa la historia oculta de la transición chilena:

“Bathich fue socio del canadiense Firmino Tavares —hoy condenado por lavado de dinero narco— y del colombiano Luis Ochoa Galvis, vinculado al cartel de Medellín. Juntos fundaron la empresa Focus Chile, fachada de operaciones ilícitas en plena dictadura” (CIPER, 2023).

Del general a los traficantes

Focus Chile se presentaba como una importadora de camiones desarmados, pero en realidad funcionaba como un vehículo para mover armas, dinero y drogas. En su contabilidad figuran Marco Antonio Pinochet —quien recibió un préstamo de 20 mil dólares— y Augusto Pinochet Hiriart, beneficiado con otros 6 mil dólares para un viaje de negocios a Libia, país entonces sancionado internacionalmente.

El mismo informe relata que al allanar las oficinas de Focus, el Servicio de Impuestos Internos descubrió una UZI, escopetas, revólveres y retratos dedicados del propio Pinochet y del general Rodolfo Stange, entonces jefe de Carabineros. Los sellos del SII fueron violados, la caja fuerte vaciada y los documentos destruidos por el fuego. Ese mismo día, Bathich y Tavares abandonaron el país.

Detrás de la fachada comercial, la red contaba con la asesoría del bufete Eluchans & Cía., donde operaba Héctor Novoa Vásquez, hermano del histórico dirigente de la UDI, Jovino Novoa. Desde ese estudio jurídico se gestionaron sociedades panameñas y se tramitaron ingresos por 5,7 millones de dólares a través del Banco O’Higgins, dirigido por el propio Novoa.

“Uno de los árbitros designados para resolver las disputas internas entre los socios de Focus fue Ambrosio Rodríguez, abogado personal de Augusto Pinochet” (CIPER, 2023).

Narcotráfico, política y lavado

Los vínculos internacionales de Bathich son elocuentes. Fue representante en Chile del hijo del traficante de armas Adnan Khashoggi, y mantenía relaciones con Monzer Al Kassar, célebre contrabandista sirio vinculado a operaciones del Mossad y de la CIA durante la Guerra Fría. En Chile, su influencia alcanzaba a militares en retiro y a sectores de la derecha empresarial emergente.

Mientras tanto, la familia Ochoa Galvis —socios de Bathich— invertía en propiedades en Lo Barnechea, Rapel y Rengo, mientras la DEA los rastreaba por sus nexos con el cartel de Medellín. Bathich, por su parte, compró terrenos a nombre de sociedades anónimas con acciones al portador, imposibles de rastrear, construyendo una mansión con helipuerto y antenas de transmisión a orillas del lago Rapel.
Allí, su vecino era el exoficial del Ejército Emilio Timmermann, procesado por el asesinato del químico de la DINA Eugenio Berríos, el mismo que desarrolló los compuestos conocidos como “cocaína negra” para operaciones encubiertas del régimen.

El silencio de la transición

Pese a la magnitud de las pruebas, ninguno de los implicados fue procesado por la justicia chilena. Bathich se mantuvo en libertad, consolidando su fortuna y transfiriendo propiedades a nombre de su hija Constanza Bathich en 2018.
El reportaje de CIPER concluye que este caso “demuestra cómo las redes del narcotráfico y del tráfico de armas fueron parte orgánica del poder militar y empresarial que sobrevivió a la dictadura”.

La historia de Bathich es la historia de la Narcoderecha chilena: una elite que fundió los negocios ilícitos con la política, y que se sirvió de las instituciones del Estado para garantizar su impunidad. Detrás del mito de la “transición ejemplar”, persiste un país donde el dinero de la cocaína negra y el poder de los fusiles aún sostienen el mismo orden que Pinochet dejó en herencia.

 

Fuente: revistadefrente.cl

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