Democracia peruana: ¿una última oportunidad?
Fuente de la imagen: El Peruano.
“Está fuera de duda, en todo caso, que este domingo la democracia peruana está en juego y que se corre un serio riesgo de prorrogar por cinco años más el periodo de autoritarismo, regresión política, protección sistemática de la corrupción y despojo de derechos que ha sido la tónica de este último lustro”.
Idehpucp, 7 de abril, 2026.- En seis días se realizarán las elecciones generales y lo seguro es que será necesaria una segunda vuelta para elegir quien ocupará la Presidencia a partir de julio. Hoy en día las candidaturas con mayores posibilidades difícilmente superan el 10% de la adhesión del electorado, si bien la alquimia de los “votos válidos” generará la ilusión óptica de un apoyo mayor.
Lo innegable es que quien finalmente vaya a ser electo o electa en segunda vuelta –naturalmente, con un porcentaje de votos mucho mayor– carece hoy mismo de la legitimidad necesaria en una democracia para gobernar al país, por más que su mandato vaya a tener legalidad.

Es importante señalar esto porque cuando se habla de la destrucción de la democracia por parte de la coalición del Congreso y el gobierno hay que poner en esa cuenta, también, la degradación del proceso electoral. O, lo que es lo mismo, el derecho de la ciudadanía a elegir libremente a sus autoridades.
Está claro que a lo largo de estos cinco años la coalición que controla el Congreso ha diseñado un sistema de representación y de elección que le asegure su dominio en el próximo periodo y, por consiguiente, que mantenga protegidos los intereses que ha venido auspiciando consistentemente: desde las garantías de impunidad para actos de corrupción e incluso crímenes de lesa humanidad hasta la imposición de normas que alientan y robustecen negocios turbios o francamente delictivos.
Estas maniobras incluyen la conformación de un Senado –en contra de lo que la ciudadanía había determinado en un referéndum, en el que se rechazó la bicameralidad– premunido de superpoderes. Pero al mismo tiempo que se ha creado ese Senado se ha establecido unas reglas de formación de la representación –el procedimiento para “convertir votos en escaños”– que les asegure el control de esa cámara, así como la de Diputados, a pesar de la exigua proporción de votos que obtendrán.
Más allá de esas reglas específicas, se tiene que reconocer que un proceso en el cual hay treinta y cinco candidatos a la Presidencia y una dispersión no menor de organizaciones compitiendo con listas para el Congreso está muy lejos de constituir una experiencia democrática, por más que se cumplan todos los requisitos de legalidad.
Simplemente, en una situación así no es factible que se produzca una expresión clara de propuestas sobre la agenda de necesidades y demandas de la población ni es viable que tenga lugar un voto informado ni es posible, desde luego, que los mecanismos de fiscalización ciudadana y rendición de cuentas de las organizaciones funcionen en el periodo que se abre.
En una palabra, una situación electoral caótica, plagada de candidatos sin una historia de compromiso con lo público rastreable, y, no menos importante, con decenas de candidatos con cuentas que rendir ante la justicia, está muy lejos de constituir realmente una experiencia democrática.
El panorama actual, casi en vísperas de las elecciones, es de incertidumbre respecto de los dos candidatos que se disputarán la presidencia en una segunda vuelta. Y no se puede ver sin inquietud la oscura posibilidad de que el país se vea obligado a elegir, en una segunda vuelta, entre dos representantes o aliados de la coalición que en estos años ha demolido el Estado de Derecho.
Está fuera de duda, en todo caso, que este domingo la democracia peruana está en juego y que se corre un serio riesgo de prorrogar por cinco años más el periodo de autoritarismo, regresión política, protección sistemática de la corrupción y despojo de derechos que ha sido la tónica de este último lustro. La ciudadanía tiene todavía, a pesar de todo, la posibilidad de darle una nueva oportunidad a su democracia al emitir su voto.
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