Del Líbano a Qatar hasta Chile, ¿Por qué no debemos confiar la seguridad a EEUU e Israel?
«El escenario que se dibuja es claro: Israel, Inglaterra y Estados Unidos podrían vulnerar los intereses soberanos de Chile para asegurar sus propias posiciones en la región austral. Así como en Medio Oriente operan con impunidad y violencia, en América del Sur no dudarían en aprovechar la dependencia tecnológica y de seguridad de los países para avanzar en sus agendas estratégicas.»
Por: Nicolás Romero Reeves
Chile ha mantenido y profundizado espacios de cooperación en materia de seguridad, inteligencia y orden público con países como Estados Unidos e Israel. Se trata de un camino que, lejos de fortalecer la soberanía, pone en riesgo la estabilidad nacional y expone al país a prácticas que en el ámbito internacional se han revelado como ilegales y peligrosas. Tres elementos recientes permiten comprender por qué esta dependencia constituye un error estratégico para Chile.
El primero ocurrió en Líbano y Siria en septiembre de 2024. Israel, a través del Mossad, distribuyó pagers y walkie-talkies alterados con explosivos, que luego fueron detonados simultáneamente. Fue una operación de inteligencia ofensiva, con infiltración en cadenas de suministro, manipulación técnica de equipos y planificación encubierta. El saldo fue devastador: decenas de muertos, miles de heridos —muchos con mutilaciones y pérdidas irreversibles—, además del impacto psicológico en la población civil y en la propia estructura de Hezbollah. Este hecho demuestra que Israel no es un proveedor de inteligencia defensiva, sino un actor dispuesto a ejecutar operaciones ciberterroristas y clandestinas que violan toda noción de soberanía.

El segundo ejemplo se vivió con el reciente ataque israelí a Catar, un país soberano y no beligerante, donde se encuentra una de las principales bases militares estadounidenses en la región y donde las defensas antiaéreas dependen justamente de Washington. Estados Unidos sabía de la agresión y aun así permitió que ocurriera. Este hecho expuso la fragilidad de las alianzas con EE.UU., mostrando que, llegado el momento, sus compromisos de “protección” se subordinan siempre a sus propios intereses.
Pero el riesgo no es solo externo o lejano. Hoy, Estados Unidos, Israel e Inglaterra tienen intereses en la Patagonia —en territorio argentino y chileno—, con proyección directa hacia la Antártida. Milei ya anunció la isntalación de bases militares en la patagonia, una para EE.UU. y otra para Israel, que evidencian la importancia geoestratégica del Cono Sur. El control de rutas bioceánicas, de recursos naturales como agua dulce (una de las principales reservas globales) y reservas energéticas, y la proyección científica y territorial hacia el continente blanco, hacen de esta zona un objetivo de primer orden para las potencias.
El escenario que se dibuja es claro: Israel, Inglaterra y Estados Unidos podrían vulnerar los intereses soberanos de Chile para asegurar sus propias posiciones en la región austral. Así como en Medio Oriente operan con impunidad y violencia, en América del Sur no dudarían en aprovechar la dependencia tecnológica y de seguridad de los países para avanzar en sus agendas estratégicas.
La respuesta de Chile debe ser categórica: no podemos delegar la seguridad nacional en actores que han demostrado ser poco confiables y agresivos. El país necesita una doctrina de seguridad autónoma, diseñada en función de los intereses nacionales y bajo control democrático. Y si de cooperación hablamos, esta debe construirse con nuestros vecinos de América Latina y el Caribe, apostando a mantener la región como un continente de paz. Solo con alianzas regionales y con soberanía plena en nuestras decisiones de seguridad se puede impedir que Chile se convierta en pieza secundaria de juegos geopolíticos ajenos.
Fuente: revistadefrente.cl







