Washington y Nueva York., Los mensajes contradictorios, objetivos cambiantes y ahora advertencias de que la guerra estadunidense contra Irán podría extenderse durante semanas están generando creciente oposición dentro de su propio país –incluso entre sus propias filas– e interrogantes sobre las razones por las cuales el presidente Donald Trump lanzó esa acción bélica, aun después de que sus propios líderes militares habían concluido que no existía una amenaza inminente a Estados Unidos.

El Pentágono anunció este lunes el despliegue de tropas adicionales en la región, mientras legisladores en ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos –el cual no autorizó los ataques que violan la ley– estaban preparando resoluciones para desaprobar la guerra. En tanto, casi seis de cada 10 estadunidenses no aprueban la decisión de Trump de emprender acciones militares, según una encuesta de CNN que confirma varios otros sondeos.

El gobierno estadunidense está haciendo un esfuerzo muy limitado para justificar esta guerra, aun para sus propias bases. El presidente y altos funcionarios del Pentágono no ofrecieron este lunes ninguna evidencia concreta de que Estados Unidos enfrentaba alguna amenaza inmediata de Irán como para justificar actuar en conjunto con Israel para eliminar el liderazgo de esa república islámica.

Como lo hace de manera frecuente, el presidente estadunidense sólo nutrió la confusión de la narrativa oficial sobre esta guerra, argumentando por un lado que estaba abierto a negociar el fin del conflicto si el nuevo liderazgo iraní se comprometía a no desarrollar armas nucleares, mientras poco después llamó a ese pueblo a derrocar a ese mismo liderazgo. Este lunes, el comandante en jefe indicó que la guerra podría continuar por cuatro o cinco semanas más.

El gobierno de Trump no menciona que el gobierno de Irán ya había negociado un acuerdo de no desarrollo de armas nucleares con el gobierno de Barack Obama, y que fue Washington, no Teherán, el que se retiró del acuerdo bajo la presidencia de Trump. Más aún, el viernes pasado –un día antes del ataque masivo estadunidense-israelí– el canciller de Omán, país sede de las negociaciones más recientes entre Estados Unidos e Irán, anunció que Teherán había aceptado un acuerdo que lo sujetaba a un mecanismo internacional de monitoreo para verificar que no estaba desarrollando un arsenal nuclear.

“Había una oferta sobre la mesa mucho más fuerte que la que logró negociar el gobierno de Obama con Irán… Trump tenía la opción de declarar victoria. En lugar de eso, declaró la guerra”, comentó ayer el experto Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft.

El senador demócrata Tim Kaine llamó este lunes a un voto en la cámara alta para poner fin a la guerra. “¿No ha aprendido nada el presidente Trump de décadas de intromisión estadunidense en Irán y guerras sin fin en Medio Oriente?”, preguntó Kaine en un artículo de opinión publicado en The Wall Street Journal e invitó a que “cada senador debería registrar (su opinión) sobre esa acción peligrosa, innecesaria e idiota”.

Por su parte, el senador progresista Bernie Sanders afirmó que esta “guerra Trump-Netanyahu es inconstitucional y viola la ley internacional. Pone en peligro las vidas de tropas estadunidenses y los pueblos a través de la región. Hemos vivido las mentiras de Vietnam e Irak. Basta de guerras sin fin”, y llamó a aplicar la ley que establece que sólo el Congreso puede declarar guerras.

Aun entre los legisladores republicanos hay oposición y, sobre todo, una creciente preocupación sobre la falta de objetivos claros en lo que parece ser una operación militar potencialmente indefinida en tanto metas y tiempos. “Estoy opuesto a esta guerra. Esto no es América primero”, declaró el diputado republicano ultraconservador Thomas Massie. “Trump, Vance, Tulsi y todos nosotros hicimos campaña en contra de guerras en el extranjero y cambios de régimen”, recordó la ex diputada y ahora comentarista derechista Marjorie Taylor Greene, señalando que esta guerra “no baja la inflación ni hace asequible el costo de la vida”.

Este lunes, el secretario de Defensa Pete Hegseth insistió ante reporteros en que “esto no es Irak, esto no es algo sin fin”, pero no logró expresar cuáles son los objetivos específicos y concretos de su guerra. Hegseth, quien tiene un tatuaje de una cruz de las cruzadas católicas, calificó la guerra de “nuestro castigo contra su ayatollah y su culto de muerte”.

Trump, el domingo, se acreditó los misiles que asesinaron al líder iraní. “Yo lo maté antes de que él pudiera matarme”, afirmó en entrevista con ABC News.

Sin embargo, en este país –incluido el gobierno– parece haber poco entendimiento de que Ali Jamenei no era sólo el mandatario de Irán, sino un líder de millones de chiítas en toda la región y, por lo tanto, su asesinato tiene implicaciones más allá de un país.

Trump reitera que está abierto a negociaciones con el nuevo gobierno de Irán, pero Parsi, del Quincy Institute, opina que es poco probable que Irán acepte sentarse a la mesa por algún tiempo. “Es muy claro que los iraníes no parecen tener la voluntad de aceptar un alto al fuego, a pesar de los esfuerzos del gobierno de Trump para lograr eso rápidamente. Parte de la razón es su creencia en que, si esta guerra no concluye de una manera en que también sea costosa para Estados Unidos, sólo será un intermedio temporal”, comentó Parsi a la radio pública.

Si es así, algunos creen que Trump acaba de caer en su propia trampa y ahora no sabe bien dónde está la salida.

El objetivo de Israel, dice Parsi, es destruir el Estado de Irán y tal vez generar caos en la región que podría extenderse hasta Turquía y varios países más de Medio Oriente. Eso dejaría a Israel como el poder supremo de la región. Por ahora, todo indica que Estados Unidos comparte esa visión, pero al aumentar las bajas de la guerra y subir el precio del petróleo, los iraníes podrían creer que estarán en una mejor posición para negociar con Washington.

Los iraníes podrían tener razón. Irán tiene la tercera reserva más grande de petróleo en el mundo, después de Venezuela y Arabia Saudita, y una cuarta parte de todo el petróleo exportado en el mundo pasa por el estrecho de Ormuz, en las costas de Irán. Casi inmediatamente después de que estalló esta guerra se incrementó el precio mundial del petróleo, lo cual probablemente llevará a alzas en el costo de la gasolina y otros combustibles en Estados Unidos, justo después de que Trump festejó en su informe a la nación que él había reducido esas tarifas.

“Por supuesto: es un intento para derrocar el gobierno de Irán”, explicó Jeffrey Sachs, profesor de la Universidad de Columbia y articulista colaborador de La Jornada. “Pero es parte de algo más grande. Estados Unidos está luchando en este momento por la hegemonía global… Esto es parte de una guerra mundial que ya está librando Estados Unidos. Esa guerra llega a Venezuela, va a llegar a Cuba, o ya está en Cuba. Esa guerra ya está en Medio Oriente. Europa ya es una región vasalla de Estados Unidos. Entonces, esto es Estados Unidos intentando, dentro de lo que ya es un mundo multipolar, mantener su hegemonía global”.

 

Fuente: jornada.com.mx

Deja un comentario