«Hay una señal inquietante en el mapa electoral: de norte a sur fueron electos candidatos de extrema derecha que ofrecen represión y muerte como soluciones. Muchos sin preparación democrática ni académica para conducir un país que ya fue laboratorio del neoliberalismo. Durante la campaña en las calles lo vi de frente. Miradas de odio, desprecio hacia la candidata y hacia quienes estábamos con ella. No era la mayoría —los resultados lo prueban—, pero el nivel de violencia simbólica asusta. Como si fuéramos seres ajenos a este país. La propaganda de décadas, desde la dictadura hasta hoy, logró instalar en parte de la población la idea de que quienes pensamos distinto debemos ser excluidos, borrados, eliminados. Esa herencia sin resolver convive con un escenario mundial donde la contradicción capital–trabajo se agudiza en clave belicista.»

Por: Nina Salinas

A la derecha no le alcanzó para ganar en primera vuelta. No bastó la campaña de odio, ni la inversión millonaria en bots, perfiles falsos, carteles, avisaje en Google, YouTube y diarios digitales. No bastó siquiera el espacio regalado por medios afines, incluida la televisión pública, que se apresuró en instalar el rostro de Kast como si los votos ya lo hubieran ungido. Lo más indignante es que, aun cuando Jara obtuvo la primera mayoría, los grandes medios la empujaron fuera del foco. Esa es la prueba del nerviosismo de un ecosistema comunicacional clasista, que se resiste a aceptar algo evidente: la población que históricamente se abstuvo cuando el voto era voluntario no es de derecha.

Hay una señal inquietante en el mapa electoral: de norte a sur fueron electos candidatos de extrema derecha que ofrecen represión y muerte como soluciones. Muchos sin preparación democrática ni académica para conducir un país que ya fue laboratorio del neoliberalismo. Durante la campaña en las calles lo vi de frente. Miradas de odio, desprecio hacia la candidata y hacia quienes estábamos con ella. No era la mayoría —los resultados lo prueban—, pero el nivel de violencia simbólica asusta. Como si fuéramos seres ajenos a este país. La propaganda de décadas, desde la dictadura hasta hoy, logró instalar en parte de la población la idea de que quienes pensamos distinto debemos ser excluidos, borrados, eliminados. Esa herencia sin resolver convive con un escenario mundial donde la contradicción capital–trabajo se agudiza en clave belicista.

El nuevo Parlamento quedó aún más inclinado hacia la derecha. Ese bloque puede transformarse en una “dictadura parlamentaria”, cercana al filo del pensamiento autoritario que encarna Kast. Lo vimos antes: acusaciones constitucionales sin mérito, vetos instrumentales, defensa cerrada del gran empresariado que financia sus campañas. Se abre la puerta a retrocesos significativos. Y, pese a que se repite la cantinela de “los políticos ladrones y los sueldos altos”, la mayoría votó por quienes representan ese mismo discurso, aunque sus prácticas lo contradigan.

El panorama es duro para quienes empujamos cambios indispensables para una vida digna. Pero eso no significa renunciar. La historia demuestra que las ideas que nacen de la justicia social no desaparecen por decreto ni por campaña mediática. La lucha sigue porque otro mundo no solo es necesario: es posible.

Jara presidenta.
Venceremos.

Fuente: revistadefrente.cl

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