Así atestigua un teólogo católico su vivencia en el Encuentro Continental de Espiritualidades y Teologías Políticas desde Abya Yala
Diego De Schrijver (Bélgica)

Aquí estoy con ustedes entre otras razones porque conozco desde hace mucho tiempo a don Mauro, fundador de Codeca, que en una oportunidad me dijo que mi compañero de la congregación misionera belga fue su maestro en la solidaridad con el pueblo.
Presentaré un testimonio personal de mi práctica pastoral en la Costa Sur de Escuintla, o sea una experiencia concreta de lo que nos acaba de presentar Ameyallí Anaid de México.
En 1964 (la prehistoria) salí como sacerdote recién ordenado y miembro de la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM), de Bélgica hacia Guatemala, un país con escaso clero católico.
La Congregación fue erigido en 1862 para “convertir a los chinos.” Con el paso del tiempo se ampliaba poco a poco el foco geográfico, incluyendo a Guatemala a partir de 1954.
Los primeros miembros eran misioneros expulsados de la China por el gobierno comunista de Mao Tse Dong.
Mirándolo con perspectivas y entendimientos de ahora considero que había sido preparado para la misión a base de una formación eminentemente fundamentalista, resumiéndolo en una frase: “fuera de la iglesia no hay salvación.”
Efectivamente llegando a Guatemala fuimos destinados al trabajo pastoral en parroquias, la mayor parte de los compañeros misioneros en la Costa Sur de Escuintla, un departamento por aquel entonces completamente abandonado por la arquidiócesis, probablemente por el clima muy caliente. Fue en la época del cardenal Mario Casariego, que se refería en una noticia por la radio al dictador Anastasio Somoza como “mi amigo Tachito.”
Ahí nos esperaban las tareas tradicionales de la administración de los sacramentos.
Desde las casas parroquiales de La Democracia, Santa Lucía Cotzumalguapa y Escuintla Cabcera recorría La Gomera hasta Sipacate (por aquel entonces un pueblito minúsculo cercano al Océano Pacífico.) Santa Lucía Cotzumalguapa estaba rodeada por fincas. Luego Cerro Colorado, Masagua, Obero, Cuyuta hasta Guanagazapa (decíamos en broma: “Juana La Zapa”) y las colonias y barios de la Cabecera departamental.
Entretanto soplaban vientos nuevos en América Latina que llegaban a Guatemala. El generalato de la Congregación en Roma estimuló a los miembros en el continente de abrirse a lo que se llamaba la Teología de la Liberación. Varios de nosotros, no todos, comenzamos a formar equipos de estudio. Nos inclinamos ante la obra de Gustavo Gutiérrez; estudiamos “Los Conceptos Elementales del Materialismo Histórico» de la analista chilena Marta Harnecker para entender cómo funcionaba la sociedad; leíamos la biblia a partir de una aproximación contextual, no tomando el texto de por si, sino leyéndolo a partir del contexto (histórico, geográfico, cultural) en el que se dio el episodio.
Un ejemplo: Lucas 10, 4: Jesús les dijo a los apóstoles cuando los enviaba a los pueblos: «No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias; y a nadie saluden por el camino.”
Anteriormente el sacerdote comentaba en el sermón este episodio a partir de un aproximación moralista, elogiando el espíritu de pobreza y humildad de los apóstoles y por ende del auditorio creyente, como una virtud por excelencia. Pero cuál era el contexto en el que se daba el episodio? El país estaba ocupado por el dominio romano, había movimientos de liberación y de resistencia, entre ellos incluso grupos armados, como los Zelotes. Jesús era considerado como líder de un movimiento, por cierto de resistencia más espiritual, pero no menos sospechoso ante las autoridades. Por eso la advertencia de Jesús: cuidado! No lleven cosas demás para que puedan huir en caso de peligro y hospédense solamente en casas de gente conocida y de confianza.
Aparte del estudio reestructurábamos nuestro actuar pastoral, introduciendo la formación de grupos de base, desplazando el foco desde el centro, la casa parroquial y el templo hacia los pueblos, aldeas y caseríos. Nos juntábamos en reuniones en las casas de los mismos participantes.
Las conversaciones durante las reuniones solían partir de la Biblia, de la Palabra de Dios. Lo mismo ocurría con los temas sociales.Por ejemplo se leía el texto del profeta Amós (8:4-6,9-12):
“A ustedes me dirijo, explotadores del pobre, que quisieran hacer desaparecer a los humildes. Ahí están sus palabras: ‘¿Cuándo pasará la fiesta de la luna nueva, para que podamos vender nuestro trigo? Que pase el sábado, para que abramos nuestras bodegas, pues nos irá tan bien que venderemos hasta el desecho. Vamos a reducir la medida, aumentar los precios y falsear las balanzas. Ustedes juegan con la vida del pobre y del miserable tan sólo por algún dinero o por un par de sandalias.”
Los presentes en nuestros grupos se vieron retratados en la Biblia. Ellos también fueron engañados por los dueños de las plantaciones de algodón y caña de azúcar.
Poco a poco se intensificaban las tensiones entre las parroquias y los dueños de las fincas. En un momento determinado desde la finca Pantaleón de los Herrera se me llegó la invitación de celebrar la misa en la capilla de la finca para festejar el fin de la zafra. Me negué porque no quise bendecir las ganancias de los dueños a costa de los sacrificios, el sudor y el empobrecimiento de los cortadores de caña. Los dueños trajeron al nuncio apostólico desde la ciudad capital en helicóptero para hacer la misa.
Mientras tanto, me había unido al Comité Pro Justicia y Paz de Guatemala y a un pequeño grupo editorial “Cristo Compañero,” que se reunía en la capital y publicaba un pequeño boletín en el que se comparaban episodios bíblicos con los situaciones sufridas por los campesinos.
En aquellos años un pequeño grupo de jesuitas había simultáneamente comenzado un proceso de concientización en el departamento del Quiché. Crecían los contactos intensivos entre cortadores de caña de azúcar de la Costa y del Quiché. En 1977 trabajadores de la Costa Sur, (en especial trabajadores de las fincas azucareras) apoyaron la huelga de los mineros de Ixtahuacán en 1977
En abril de 1978 fundaron el CUC.
Ya para fines del año 1978, luego de haber terminado un período de diez años de una pastoral basada en la teología de la liberación, sentimos que la iniciativa como tal se había agotado. La gente estaba ciento por ciento concientizada, pero se planteó la pregunta: qué hacer en la práctica? Algunos se retiraron por miedo a la situación que se volvía cada vez mas incierta y peligrosa. Otros se involucraron en el partido de la Democracia Cristiana por ser el partido más apropiado para sus esperanzas. Otros más se involucraron en la resistencia armada. Y muchos se integraron en el CUC.
Amenazas contra mi persona y mi incidencia pastoral en el departamento de Escuintla? Estando en Santa Lucía Cotz. un día ahí por los años 1973 me llamó el alcalde por aquel entonces a la oficina. Él fue un progresista, y había una relación de entendimiento. Me dijo que me advertía con tiempo que el entonces gobernador departamental , como todos un militar, le había encargado a él de controlar mis andares. Pero no llego a más.
Estando ya en la cabecera de Escuintla un día llegué al Parcelamiento Obero rodeado por fincas de propietarios medianos de ganado. Después de la misa los integrantes del grupo de base me advirtieron que habían oído de los propietarios que yo estaba predicando cosas que no debían. Y uno de ellos contestó: tenemos remedios para ello. Luego para las elecciones del 1978 hubo un teléfonazo en la casa parroquial de un tipo que me amenazó por haber hecho propaganda a favor del partido de la Democracia Cristiana. Prueba de que había orejas en los grupos de base.
Y finalmente después de una reunión en la capital del grupo editorial “Cristo compañero” estuve con una de las integrantes almorzando en un restaurante. De repente ella me avisó que había un tipo que estaba mirándonos desde afuera a través de la ventana. Enojado me salí para ver qué quería y lo vi corriendo hacia la calle lateral.
No me había sentido ni en lo más mínimo amenazado por ser sacerdote católico y además extranjero. Pero después de aquellos incidentes y el problema con la incertidumbre del rumbo que tomaba la pastoral de la teología de liberación decidí abandonar como muchos otros el país Eso fue en el mes de marzo 1979.
A partir de los años ’80 comenzó la gran represión y genocidio. Tres miembros de nuestra congregación, trabajando en la Costa sur de Escuintla, fueron asinados.
De regreso a Bélgica me instalé en la capital de Bruselas. Ahí me encontré con refugiados políticos latinoamericanos, la mayoría de ellos/as chilenos, argentinos y uruguayos. La arquidiócesis de Malinas/Bruselas estaba buscando un capellán para aquellas comunidades latinoamericanas, la mayoría socialistas y comunistas. Entre ellos/as había un 15 por ciento de cristianos socialistas y comunistas con los cuales celebrábamos reuniones y eucaristías inspiradas por la teología de la liberación; y por lo demás iba yo gritar con ellos ante las embajadas de las dictaduras latinoamericanas en Bruselas.
Entre tanto fundamos varios comités de solidaridad con Guatemala. Uno se llama Guatebelga, el grupo de familias que logró una condena contra cinco criminales guatemaltecos de los más altos rangos en la sociedad de aquel entonces, en un tribunal de Lovaina, Bélgica por ser los primeros y últimos responsables de los crímenes contra sus hijos y familiares.
Un grupo – que yo coordino – se llama “Grupo belga Solidario con Guatemala” que sigue de manera permanente y de muy cerca los acontecimientos que ocurren en Guatemala hoy en día.
Nuestro grupo se integró en EU-LAT Network, una cúpula de 40 ONG de 11 países europeos. El objetivo de la cúpula es trabajo de incidencia política en torno a América Latina ante la Unión europea. Estamos incorporados en el “Grupo de Trabajo por Guatemala” de la cúpula.
Asimismo el “Grupo belga Solidario con Guatemala” es organización-miembro de la Red europea de Comtés Oscar Romero.
Conclusión
Nací con una mochila que se llenaba de a poco con un montón de ideas, figuras, símbolos, teorías y conceptos cristianos. Durante el camino a través de las circunstancias de mi vida la mochila de a poco perdía mucho de su carga. Finalmente a mi edad avanzada se me quedó solamente el fondo, la esencia, el meollo del contenido, siendo eso elementos profundamente cristianos y al mismo tiempo humanos, es decir la paz entre los individuos, pueblos y naciones. Sin embargo sin justicia no puede haber paz. Justicia significa cierto nivel de igualdad entre los seres humanos. Justicia presupone una democracia real, es decir sin una democracia financiera, en la que ya no puedan manejar multimillonarios el mundo, dejando una cantidad innombrable de gente en la pobreza, no puede haber una democracia real. Esto es lo que me queda en la mochila. Y espero poder defender estos valores hasta el último día de mi vida.







