Argentina de granero del mundo a sobrevivir con hambre: crecen el desempleo y la pobreza mientras el relato oficial mira para otro lado
Por Noelia Carrazana
La muerte de Angie Alvarado en Trelew no solo generó conmoción local, sino que volvió a poner en discusión una problemática más amplia: la persistencia de situaciones extremas de pobreza en Argentina en un contexto de ajuste económico.
El caso fue dado a conocer por medios regionales de la Patagonia y expuso una cadena de vulnerabilidades: desnutrición severa, enfermedad, falta de ingresos y ausencia de vivienda estable. Sin embargo, lejos de tratarse de un hecho aislado, distintos informes recientes advierten sobre un escenario social más complejo.
Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), la pobreza mostró una baja en los últimos meses, pero con fuertes matices. El informe más reciente indica que el nivel real podría ubicarse en torno al 36,2%, por encima de las estimaciones oficiales cercanas al 28%.
Además, los investigadores advierten que esta mejora podría estar “sobreestimada” debido a cambios metodológicos y a que las mediciones no reflejan completamente el impacto del aumento de tarifas y el costo de vida en los hogares.
El mismo estudio señala un dato clave: casi la mitad de la población vive con estrés económico, y los sectores más vulnerables enfrentan un “piso estructural de privaciones” que no logra revertirse incluso en contextos de crecimiento.
En paralelo, datos del INDEC muestran que la pobreza llegó al 31,6% en el primer semestre de 2025, con una indigencia cercana al 7%.
El gobierno sostiene que estos indicadores siguieron bajando hasta ubicarse en torno al 26,9%, destacando una mejora significativa.
Sin embargo, economistas y centros de estudio advierten sobre una fuerte brecha entre los datos y la realidad social. El sociólogo Agustín Salvia, del Observatorio de la UCA, sostiene que el crecimiento económico reciente no se tradujo en mejoras equivalentes en el empleo, y que la recuperación es “desigual y frágil”, con fuerte expansión del trabajo informal.
Este fenómeno también es señalado por analistas relevados en informes internacionales: sectores como la minería o el agro impulsan el crecimiento, pero generan poco empleo, mientras que la industria y el comercio, más intensivos en trabajo, permanecen rezagados.
En cuanto al mercado laboral, los datos muestran señales de deterioro. La desocupación se mantiene en niveles cercanos al 6%–7,5%, con advertencias sobre mayor precarización y crecimiento del empleo informal, que ya alcanza a cerca del 45% de los trabajadores.
Al mismo tiempo, el contexto inflacionario continúa afectando el poder adquisitivo. En febrero de 2026, la inflación interanual alcanzó el 33,1%, con subas destacadas en alimentos, vivienda y servicios básicos.
A esto se suma un fenómeno visible en las grandes ciudades: el aumento de personas en situación de calle. En Buenos Aires, informes recientes registran un crecimiento significativo en los últimos años, incluso con familias completas viviendo en la vía pública.
Dato mata relato
Distintos economistas y centros de estudio coinciden en que la situación social en Argentina no puede explicarse únicamente a partir de los indicadores macroeconómicos, y advierten sobre una recuperación con fuertes desequilibrios.
Desde el Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), su director, el sociólogo Agustín Salvia, señaló que la baja de la pobreza registrada en los últimos meses no implica una mejora estructural, sino que responde en parte a factores coyunturales. Según explicó, la recuperación económica es “desigual y frágil”, ya que no se traduce de manera directa en mejores condiciones de vida para todos los sectores.
Salvia también advirtió que existe un “piso de pobreza estructural” que se mantiene incluso en contextos de crecimiento, y que afecta principalmente a trabajadores informales y hogares con empleos precarios.
En la misma línea, analistas vinculados a organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han señalado que el crecimiento reciente de la economía argentina está impulsado por sectores como el agro y la energía, que tienen baja capacidad de generación de empleo, lo que limita su impacto social.
Además, informes recientes del INDEC y de la propia UCA advierten que una parte importante de los nuevos puestos de trabajo generados en el último período corresponde a empleo informal y de plataformas digitales (reparto, aplicaciones de transporte y trabajos por cuenta propia), caracterizados por ingresos inestables y falta de protección social.
En paralelo, el problema del empleo juvenil se profundiza. Estudios del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA) señalan que los jóvenes del conurbano bonaerense enfrentan mayores tasas de desempleo y precarización, con dificultades concretas para insertarse en el mercado laboral formal. Esta situación impacta especialmente en sectores populares, donde el trabajo informal o esporádico se vuelve la única alternativa.
Algunos especialistas también remarcan que la medición de la pobreza podría estar subestimando la situación real, al no reflejar completamente el impacto de tarifas, alquileres y alimentos en los ingresos de los hogares.
En este contexto, la mayoría de los análisis coincide en un diagnóstico: Argentina atraviesa una etapa de estabilización macroeconómica, pero con fuertes tensiones sociales, donde amplios sectores aún no logran recuperar niveles mínimos de bienestar.








