El profesor Ramón Grosfoguel, en el marco del proceso de formación sociopolítica virtual de Abya Yala Soberana, aborda la relación intrínseca entre descolonialidad y genocidio, argumentando que la modernidad occidental se ha construido sobre una base genocida y epistemicida.

 

Para Grosfoguel, la modernidad no representa una vía de emancipación para la mayor parte de la humanidad, sino un «proceso destructivo» y una «civilización de muerte», que ha implicado la aniquilación de civilizaciones, el genocidio y la super-explotación del 90% de los pueblos del mundo. Este sistema de dominación no solo se organiza bajo una lógica racista que estructura el capitalismo, sino que también es feminicida, operando con las lógicas del patriarcado y la cristiandad. El pensador puertorriqueño identifica múltiples genocidios-epistemicidios que son constitutivos de la modernidad. Entre ellos menciona la conquista de Al-Ándalus (genocidio y epistemicidio contra musulmanes y judíos), la conquista y exterminio de los pueblos originarios de Abya Yala, el genocidio africano (a través del secuestro y tortura, no el «comercio de esclavos»), y el genocidio contra las mujeres en Europa, quemadas vivas como «brujas» por sus conocimientos ancestrales. Estos procesos convergentes entre los siglos XV y XVII forjaron la estructura moderna, mediada por el «yo conquisto» y el «yo extermino, luego existo» antes de llegar al «yo pienso» cartesiano. La descolonialidad, según Grosfoguel, requiere entonces una acción radical que vaya más allá de la «izquierda eurocéntrica» para identificar y desmantelar las estructuras de poder colonial-racistas que persisten. Esto implica descolonizarse de la división internacional del trabajo que permite la superexplotación del Sur global por el Norte, donde la riqueza se acumula mediante el robo de recursos y trabajo. Para el profesor, toda práctica descolonial debe ser, fundamentalmente, antiimperialista para confrontar las nuevas formas de genocidio, como la limpieza étnica y el colonialismo de población, ejemplificando con la situación actual en Palestina como un «laboratorio» de los futuros genocidios.

 

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