La revolución liderada por Túpac Amaru II y Micaela Bastidas, junto a valientes como Tomasa Tito Condemayta, que se inició hace 245 años (en noviembre de 1780), fue un trascendental estallido político-filosófico en el Surandino.

Su contenido se cimentó en una profunda aspiración anticolonial y decolonial, buscando la ruptura con la opresión y los abusos del sistema virreinal, como las mitas, los repartos y la excesiva carga tributaria. El movimiento no solo fue una protesta por las condiciones materiales, sino una propuesta que aspiraba a la restauración de un gobierno basado en la legitimidad incaica, encarnada en Túpac Amaru II, quien fue proclamado Inca. Esta visión buscó la unidad de indígenas, mestizos y criollos pobres en una causa común contra el poder español, promoviendo el «Buen Gobierno» (Sumaq Kawsay) en oposición al mal gobierno colonial, y poniendo en el centro la justicia y la dignidad del pueblo andino. La figura de Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta resulta crucial para entender la amplitud política y social de la revolución. Micaela Bastidas fue la estratega y jefa interina de la rebelión en ausencia de Túpac Amaru, mostrando un liderazgo militar y logístico indispensable. Ella encarnó el poder y la participación de la mujer andina en la gesta libertadora. Por su parte, Tomasa Tito Condemayta, cacica de Acos, fue una líder militar que logró victorias significativas, demostrando la capacidad de autogobierno y resistencia de las estructuras de poder indígena. La acción de estas mujeres revela que la propuesta política iba más allá de un liderazgo masculino, impulsando un modelo de gestión y combate inclusivo, donde las figuras de poder indígena y femenina asumían roles centrales en la construcción de la alternativa decolonial. Su martirio reafirmó el carácter radical y la seriedad de su proyecto de emancipación. La resignificación de este pensamiento político decolonial hecha acción combativa es de urgencia y vital importancia para el Perú y el continente de Abya Yala en la actualidad. En un contexto donde persisten estructuras del colonialismo interno, la desigualdad/racismo, exclusión social y extractivismo, la memoria de la revolución tupamarista es un llamado a descolonizar el pensamiento y las estructuras de poder. La reivindicación de la soberanía, la justicia social y el autogobierno, propuestos hace 245 años, sigue siendo una agenda pendiente. Como parte de este esfuerzo de memoria y vigencia, se convoca al VI Festival de Túpac Amaru y Micaela Bastidas, que se llevará a cabo en Cusco, Tinta y Urcos, del 4 al 11 de noviembre próximo, articulando arte, historia y debate para mantener viva la llama de la liberación y la construcción de un futuro con identidad y justicia.

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