La historia de Santa María Xalapán, un legado de dignidad y resistencia
@tdntodonoticias
En las faldas de la montaña de Xalapan, hacia el oriente de Guatemala, se extiende un territorio ancestral que resuena con la historia de más de 400 años: Santa María Xalapán. Aquí, la Comunidad Indígena Xinca, con su cultura e idioma vibrante, ha mantenido una organización ancestral, guiada por principios de valores y una inquebrantable autonomía territorial.
No se consideran dueños de la tierra, sino «condueños y condueñas», administradores y cuidadores de los bienes naturales de su Uta´ Naru, su Madre Tierra.
Originalmente, la extensión de Xalapán abarcaba 973 caballerías, pero hoy solo poseen 397.
¿Cómo se redujo tanto su territorio?
La respuesta se encuentra en una historia de astucia y despojo.
Los primeros habitantes de Xalapán residían en lo que ahora se conoce como Jalapa, la parte baja de la montaña.
Durante las épocas de lluvia, ascendían a la montaña, su hogar ancestral.
En uno de esos regresos, encontraron casas pequeñas de campamento ocupadas por ladinos, quienes, argumentando no tener dónde vivir, recibieron refugio de los generosos habitantes de Xalapán. Sin embargo, la benevolencia se convirtió en una puerta de entrada para la usurpación. Con el tiempo, más ladinos, algunos con intenciones problemáticas, llegaron y se adueñaron de las tierras, arrinconando a la gente indígena hacia la montaña.
Estas tierras, hoy en manos de terratenientes y narcotraficantes, forman parte del departamento y municipio de Jalapa.
La Lucha por la Tierra: Un Título Real Forjado en la Resistencia
La ocupación trajo consigo la expropiación de territorio a través de títulos ilegales, confeccionados por terratenientes, finqueros, narcotraficantes y autoridades corruptas. Pero el pueblo Xinca, cuya asamblea general es la máxima autoridad, nunca validó estas acciones.
La resistencia es una constante en su historia.
De hecho, 576 caballerías de su territorio ancestral, incluyendo fincas como Santa Gertrudis, el Campo de Aviación y la finca 3330, siguen en un proceso de recuperación.
La historia de cómo una parte de Xalapán fue «comprada» al Rey Carlos V de España, y por qué surgió esta negociación, es un testimonio de la increíble tenacidad del pueblo Xinca.
Durante la invasión española, el hermoso valle de Xalapán, con sus bosques, árboles frutales y fuentes de agua, fue arrebatado.
Se impuso la religión católica y se engañó a la gente para despojarlos de sus riquezas, que terminaban en las arcas del Rey.
Grandes haciendas de caña, molinos y plantas de tintes se asentaron en el valle, y los habitantes de Xalapán fueron forzados a trabajar para pagar tributos a la Corona.
Pero el espíritu Xinca no se quebró. Se manifestaron en resistencia, negándose a que los hacendados colonizadores tomaran el control total de su territorio.
A pesar de ser sometidos a extenuantes jornadas de trabajo, cortando caña, tejiendo y procesando tintes –un trabajo que conllevó enfermedades infecciosas y la muerte de muchos–, lograron seguir cultivando sus tierras con la condición de pagar tributos.
La desesperación crecía al ver a sus hijos y nietos morir, y el linaje de los descendientes desaparecer.
Cansados de tanta atrocidad, los abuelos y abuelas de Xalapán volvieron a organizarse según su forma de gobierno ancestral.
Doce de ellos emprendieron un épico viaje a España para hablar directamente con el Rey Carlos. Frente al monarca, expresaron su descontento por la muerte de sus parientes y exigieron la devolución de sus tierras. El Rey los escuchó, y en una serie de viajes de ida y vuelta, los abuelos, con la sabiduría de su consenso comunitario, negociaron estratégicamente.
Lograron obtener una parte de su tierra, pagada con tostones mexicanos (monedas de plata) por caballería, y recuperar otra parte.
La negociación final fue un golpe maestro.
En su tercera visita, los abuelos pidieron que se les diera hasta donde sus ojos pudieran alcanzar desde un punto alto de la montaña. Además, insistieron en que las tierras devueltas no quedaran a nombre de un «hombre humano o carnal», para evitar la avaricia y la ambición que podrían llevar a venderlas y dejar sin tierra a las futuras generaciones.
Así, las tierras quedaron a nombre de dos guardianes espirituales ancestrales, Teyo Saha’iry y Müchisuraya, representados por las imágenes del Señor Crucificado (Cristo Negro) y la Virgen María de la Expectación.
El Rey, impresionado, aceptó la propuesta. “Es muy bueno lo que piensan”, dijo, “y en compensación de lo que han trabajado para la Corona les voy a dar la mitad de la vista como lo piden y la otra parte se las vendo a tostón por Caballería”. De esta negociación surgió el Título Real y la Cédula Real, un documento escrito en piel de venado, celosamente resguardado por la junta indígena. Este documento es la prueba tangible de la lucha organizada y ancestral de aquellos que un día se levantaron por la dignidad de su pueblo.
La vida en Santa María Xalapán está marcada por la fe y la tradición.
El gobierno indígena de Santa María Xalapán, conocido como la Mesa o Junta Mayor, continúa siendo la autoridad en la montaña, aunque su forma de organización ha evolucionado de una lucha por la autonomía territorial a una asociación civil, lo que en ocasiones los ha llevado a ser influenciados por terratenientes y políticos. A pesar de esto, la junta sigue representando la autoridad desde hace mucho tiempo.
Es por ello que las imágenes del Cristo Negro y la Virgen María de la Expectación son consideradas las verdaderas dueñas de la tierra, y los habitantes, los «condueños y condueñas».
La Mesa o Junta Mayor está conformada por un Mayordomo, un Principal Mayor, un tesorero, tres Escribientes, dos vocales y un gabinete de orden menor compuesto por 300 miembros y auxiliares, quienes representan a cada caserío en cada comunidad de la montaña.
La vida en Santa María Xalapán está marcada por la fe y la tradición.
La fiesta patronal del Cristo Crucificado se celebra con devoción el 14 y 15 de septiembre, mientras que la Patrona es honrada el 18 de diciembre. Para los preparativos, los «patrones viajeros» recorren las comunidades, casa por casa, recaudando fondos antes de reunirse en la sede comunal con los «patrones» celosamente guardados en la cofradía, tras una solemne misa en la Catedral del Pueblo.
La música resuena en los festejos con conjuntos de cuerdas: guitarra, violines, tenores, marimba, violón, acordeón o concertina. Pero, lo más ancestral y profundo son los tambores que, día a día, resuenan junto a las imágenes, conectando el presente con el pasado.
El vestuario tradicional de las mujeres Xincas era una explosión de colores vivos como el rojo, amarillo, verde y anaranjado, con vestidos de tres vuelos y estilos únicos. El delantal era una pieza indispensable, usada en cualquier ocasión, desde fiestas hasta velorios. Aunque las personas mayores aún conservan estas tradiciones, muchas jóvenes han adoptado pantalones, lo que ha generado una preocupación sobre la pérdida de identidad.
¿Será acaso que se avergüenzan del lugar donde viven?
¿O que no agradecen el legado que un día forjaron sus abuelos?
Esta es la historia de Santa María Xalapán, un relato de resistencia, dignidad y la profunda conexión de un pueblo con su tierra, una historia que sigue viva gracias a la memoria de sus abuelos.
Esperamos que esta historia haya sido de tu agrado y te haya permitido conocer más a fondo la riqueza de Santa María Xalapán.
Esta redacción esta echa gracias a los corresponsales de @tdntodonoticias y alos abuelos que aun guardan en su memoria esta historia de lucha y valentía.





![Fuentes: Periodismo internacional alternativo (PIA) [Imagen generada con IA]](https://abyayalasoberana.org/wp-content/uploads/2026/04/61-comprimido.jpg)


