Carnvales en el ANDE. Encuentro, fertilidad, gratitud. QUIQUIJANA
En el mundo andino, el carnaval trasciende la idea de una simple fiesta de disfraces para constituirse en un ritual sociocósmico de renovación y gratitud. Desde una perspectiva socioantropológica, esta festividad coincide con la culminación de la época de lluvias (Jallupacha), representando un diálogo profundo entre la comunidad y la naturaleza.
El sentido festivo no es solo ocio, sino una explosión de energía vital donde se celebra la fertilidad de la tierra y del ganado. A través de la música de los anatas y las danzas colectivas, los pueblos andinos agradecen a la Pachamama por los primeros frutos, reafirmando que la abundancia no es un logro individual, sino un don sagrado que se gestiona de manera recíproca. Este tiempo de carnaval funciona también como un potente mecanismo de cohesión comunitaria y encuentro social. Es el espacio donde se suspenden las jerarquías cotidianas para dar paso a la unidad a través del ayllu o la comunidad extendida. Las redes de parentesco se fortalecen mediante el intercambio de comida y la participación en rituales como el «ch’alla», donde el brindis ritual sella el compromiso de cuidado mutuo entre los seres humanos, sus ancestros y las deidades tutelares. En última instancia, el carnaval andino es una reafirmación de la identidad y la resistencia cultural, donde la alegría colectiva se convierte en el lenguaje político y espiritual que garantiza la continuidad de la vida en el territorio.