245 años. REVOLUCIÓN ANDINA vigente. Tomasa Tito, Micaela Bastidas y Túpac Amaru II
Hace 245 años, en noviembre de 1780, el Virreinato del Perú fue estremecido por la mayor y más organizada insurrección anticolonial del continente americano, liderada por José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, su esposa, Micaela Bastidas Puyucahua, y la cacica Tomasa Tito Condemayta.
Esta rebelión no fue un levantamiento aislado, sino un movimiento de masas que logró movilizar militarmente a comunidades y pueblos completos de lo que hoy es el Perú y Bolivia. Su objetivo no era solo una reforma fiscal, sino la ruptura total con el yugo español, buscando la **expulsión de los peninsulares**, la abolición de la esclavitud, la mita (trabajo forzado) y el reparto (sistema de venta forzosa de mercancías), y el establecimiento de un nuevo orden basado en la **unidad de criollos, mestizos e indígenas**. El impacto de esta revuelta fue tan profundo que obligó a España a replantear por completo su estructura administrativa y militar en la región. El liderazgo de esta revolución fue notable por su carácter inclusivo y estratégico. Mientras Túpac Amaru II lideraba las batallas en el campo, Micaela Bastidas se erigió como la verdadera estratega militar y política desde Tinta, organizando la logística, las comunicaciones, la recaudación de fondos y el reclutamiento de tropas. Su rol fue fundamental para sostener el avance de la insurrección. A su lado, la cacica de Acos, Tomasa Tito Condemayta, demostró un coraje excepcional, liderando personalmente un batallón de mujeres en el asedio de Cusco y financiando la causa con sus propios recursos. Ambas mujeres son símbolos de la *participación crucial de las mujeres indígenas* y mestizas en la resistencia anticolonial, desafiando no solo al poder español, sino también las estructuras patriarcales de la época . Aunque la rebelión fue brutalmente sofocada en 1781 por las fuerzas coloniales—con el martirio y la desmembración de sus líderes como castigo ejemplarizante—, su legado es innegable e imperecedero. La magnitud del levantamiento infundió un miedo profundo en la Corona Española y sirvió como un precedente radical para las futuras guerras de independencia hispanoamericanas. El sacrificio de Túpac Amaru II, Micaela Bastidas y Tomasa Tito Condemayta sembró la semilla de la emancipación. Hoy, a 245 años, su lucha es reivindicada no solo como un hito histórico, sino como un recordatorio permanente de la resistencia de los pueblos originarios y la vigencia de la descolonización y la justicia social en Abya Yala.