No hay justicia climática sin justicia alimentaria
Finca Palahuerta. Fuente: Slow Food.
En el Día Mundial de la Alimentación, un llamamiento para que las políticas climáticas den prioridad a la alimentación.
La crisis climática ha reconfigurado nuestro mundo y, a menos que nos replanteemos urgentemente cómo se cultivan, procesan, comercializan y consumen los alimentos, nunca podremos responder con eficacia.
“La alimentación es el eslabón perdido de la política climática. Es a la vez motor y víctima de la crisis climática, pero también tiene el poder de convertirse en nuestra solución más eficaz si se basa en los valores de lo bueno, lo limpio y lo justo”.

Así lo destaca Edward Mukiibi, presidente de Slow Food, quién recordó “que el derecho a la alimentación es universal, pero miles de millones de personas siguen luchando por acceder a alimentos seguros, nutritivos y asequibles”.
“En la actualidad, 2.600 millones de personas no pueden permitirse una dieta sana. Pedimos a los y las líderes mundiales que sitúen la alimentación en el centro de la acción climática” sostuvo Mukiibi.
Entre las principales exigencias de Slow Food están las siguientes:
La COP30 debe ir más allá de los acuerdos simbólicos y ofrecer acciones tangibles e incentivos que ayuden a los países en su transición hacia la agroecología y a construir sistemas alimentarios justos y equitativos.
Las contribuciones determinadas a nivel nacional actualizadas (NDC, por sus siglas en inglés) deben incluir objetivos claros, mensurables y vinculantes, respaldados por una financiación adecuada y plazos realistas.
Estos planes deben abordar todas las fases de la cadena alimentaria ―desde la producción hasta el consumo, la pérdida de alimentos, la salud del suelo y la biodiversidad― aprovechando el impulso de la Declaración sobre los Sistemas Alimentarios de los Emiratos de la COP28.
“La verdadera resiliencia climática empieza por capacitar a las comunidades para que reclamen su derecho a definir cómo se producen, distribuyen y consumen sus alimentos”, concluye Mukiibi.
La COP30 debe abordar el déficit de financiación climática canalizando recursos sustanciales hacia las prácticas agroecológicas, especialmente en el Sur Global.
La hoja de ruta Bakú-Belém debería servir como vehículo para acelerar el progreso hacia la movilización de 1,3 billones de dólares anuales para 2035, garantizando que los flujos financieros apoyen a los agricultores y a los ecosistemas, no que los socaven.

Slow Food se ha unido a más de 100 organizaciones en la firma de una carta conjunta que reitera estas demandas.
La coalición subraya que la reducción de la producción ganadera industrial a gran escala, la adaptación del consumo a la Dieta de Salud Planetaria y la transición hacia una alimentación más basada en vegetales son esenciales para alcanzar tanto los objetivos climáticos mundiales como los de biodiversidad.
Al adoptar estas medidas, los gobiernos deben garantizar el derecho a una alimentación sana y nutritiva, especialmente para las comunidades y regiones vulnerables.
Slow Food llama a los líderes mundiales para que la COP30 sea el punto de inflexión, el momento en que la comida, la cultura y el clima confluyan en todas las mesas y en todas las políticas.
Comunicación intercultural para un mundo más humano y diverso.
Calle Los Cipreses 350 – San Juan de Miraflores – Lima – Perú.
Servindi.org es un sitio web especializado en promover el diálogo intercultural sobre temas de interés indígena y ambiental.
Las ediciones son de responsabilidad propia y no compromete la opinión de ninguna organización indígena local, nacional o internacional.
Los contenidos de este sitio se encuentran bajo licencia : Reconocimiento al autor, Sin fin de lucro, Compartir igual Sindique las noticias (RSS).
Fuente: www.servindi.org


![Fuentes: Climática [Imagen: Desprendimiento de hielo del glaciar Russel, Kangerlussuaq, Groenlandia, julio de 2022 Foto: Sepp Kipfstuhl, Alfred Wegener Institute]](https://abyayalasoberana.org/wp-content/uploads/2026/02/19-comprimido.jpg)




