Miedo al indigenismo: la geocultura del americanismo según Rodolfo Kusch
Por Daniela Fariña
En un medio alternativo y comunitario como Mink’a Comunicación, la obra de Kusch se relee desde los pueblos del Abya Yala: un pensamiento propio, surgido del suelo que habitamos, que desafía la hegemonía occidental y propone al arte y la cultura como herramientas de transformación social y reconstrucción de la experiencia colectiva.
Rodolfo Kusch nos recuerda que el problema del conocimiento es incómodo y, muchas veces, solitario. Frente a la realidad, nos descubrimos desamparados, “sentados”, incapaces de definirnos más allá de los roles exteriores que asumimos para ser alguien ante los demás. Vivimos un itinerario exterior, donde se es alguien mediante objetos y logros ajenos, visibles para los otros, pero que no nos permiten conocernos a nosotros mismos. Este desajuste funda la dificultad de crear un pensamiento propio en América, siempre eclipsado por la tradición occidental.Su propuesta filosófica parte de la búsqueda de un pensamiento genuinamente americano, una “extraña sabiduría de América”, que no debe a Occidente y que, incluso, puede enseñarle algo. La filosofía y la cultura, en este marco, no son ejercicios académicos abstractos: son herramientas para recuperar sentido, identidad y autenticidad, y para interpelar la vida colectiva. La cultura se construye entre autor, obra y pueblo. No es un conjunto estático de objetos o símbolos, sino un proceso dinámico donde los bienes, valores y símbolos funcionan como mediadores de la existencia. El pensamiento urbano privilegia lo técnico y el “cómo”, mientras que el popular se centra en lo semántico y el “qué”: la urgencia, los límites y el sentimiento de caída generan un pensamiento cargado de mito, emoción y experiencia. El arte, entonces, se convierte en puente que traduce la experiencia en símbolos, moviliza la “geografía emocional” y restablece la relación entre ser y estar.
Kusch distingue entre ser y estar como dos modos de existencia profundamente culturales. El “ser” refleja una identidad observada desde fuera, típica de la sociedad imperialista europea, mientras que el “estar” define la presencia concreta en un lugar y un tiempo determinados, como en las culturas precolombinas. El vacío intercultural surge en el espacio entre estas concepciones: la tensión entre pensamiento culto y popular, entre lo técnico y lo mítico, entre la racionalidad occidental y la sabiduría viva del suelo americano. Asumir este vacío es clave para generar un pensamiento auténticamente americano y emancipador.

El mito y la conciencia mítica son esenciales en este proceso. Mientras el pensamiento racional tiende a excluir y jerarquizar, la conciencia mítica incluye, agrupa y cataliza experiencias, creando áreas de subjetivación que permiten que la razón se despliegue sin paralizar la creatividad ni alienar lo humano. Ejemplos como la “mano santa” o los relatos de Sebastiana muestran cómo los símbolos se producen en situaciones concretas, vinculando pobreza, sociedad y espiritualidad, y ofreciendo vías de interpretación y acción sobre el mundo.
El arte, en este contexto, no solo traduce lo vivido, sino que libera: interrumpe la hegemonía de la técnica, activa la participación colectiva y reconstruye discursos populares frente a los dispositivos mediáticos que suelen invisibilizar la interculturalidad. La palabra, según Kusch, funciona como un puente hacia nuevas posibilidades, compensando la caída y habilitando nuevas formas de sentir y actuar.
Medios alternativos como Mink’a Comunicación, inspirados en el sentido andino de mink’a, permiten releer estas ideas desde la práctica comunitaria: visibilizan saberes indígenas, campesinos y socio-urbanos, fortalecen identidades culturales y tejen la acción con la palabra, promoviendo una comunicación crítica, descolonial y transformadora. En este espacio, la cultura se subjetiva, el arte se integra a la vida comunitaria y la geocultura del hombre americano encuentra un lugar para desplegarse, conectando pensamiento, emoción y acción en una red que potencia la autonomía y la justicia social.
Recuperar la “magia” de América, como Kusch lo propone, no es un ejercicio nostálgico, sino un desafío contemporáneo: comprender la riqueza de lo mítico y lo simbólico, interpelar la vida colectiva y restituir la autenticidad cultural desde el “estar” que funda la identidad americana. Así, el arte y la cultura dejan de ser un simple reflejo de lo aprendido y se convierten en herramientas de emancipación y reconstrucción social, capaces de sostener el Buen Vivir que medios como Mink’a Comunicación buscan potenciar.
Fuente: minkacomunicacion.com







![Fuentes: Rebelión [Foto: La prueba nuclear francesa «Gerboise bleue» en el Sáhara argelino (Imagen tomada del Comisariado para la Energía Atómica y las Energías Renovables)]](https://abyayalasoberana.org/wp-content/uploads/2026/03/11-comprimido-6.jpg)
Gracias por la reflexión. Es un «quien», el que se plantea el «que» de la urgencia y el limite